Con el orden en los libreros he tenido, desde hace muchos años, serios conflictos intelectuales que redundan en conflictos emocionales dada la estupidez del asunto: no sé cómo ordenar libros.
La primera opción, evidente, es ordenarlos alfabéticamente. Dejando a un lado el problema de dónde poner los vedas, El lazarillo de Tormes y la Historia general de México, 2000, del Colmex, por poner ejemplos ya que los tengo a mano, sale pronto a relucir un problema mucho mayor: ¿se ponen todos los libros en orden alfabético?, ¿los de la infancia, los de matemáticas, los de literatura y los de filosofía en un mismo librero?, ¿sólo porque un tal Wilbraham escribió un libro de texto de química tendría que ponerlo a un lado de Wittgenstein, Wilde y Winch? Porque estoy hablando desde los acumulados en aquella época de los Silver Burdett & Ginn, la prehistoria de los de literatura de Prentice Hall que leíamos en una materia míticamente llamada, año tras año, escuela tras escuela, "Reading Comprehension".
Y miren que no es sólo un problema de buen gusto, es un problema práctico: necesitaría un sólo librero, pero enorme, a riesgo de andar por la casa como por la biblioteca preguntándome en qué estante continuará el alfabeto (porque, por alguna lógica bibliotecaria que yo desconozco, no continua en el siguiente estante... uno anda buscando abstracciones metafísicas y se topa dos pasos adelante con el burdísimo título de, pongamos por caso, Los conflictos de la cartografía de la altiplanicie central en la segunda mitad del siglo XIX), ejem.
Bien, aceptemos que de ordenar todos los libros alfabéticamente, los problemas de dónde ubicar a los anónimos (¿en la A de anónimo o antes de que comience el alfabeto?), dónde ubicar la Historia general de México (¿en la C de Colmex o junto a los anónimos?) y dónde ubicar un librero infinito, en realidad son problemas ínfimos, estúpidos, casi diría que yo solita me los busco na' más por tirarme al drama de tener que ordenar tantos libros. El verdadero problema es cómo encontrar libros cuyos autores me han importado tres pepinos, como el tal Finley.
M. I. Finley escribió una vez un libro traducido como Los griegos de la antigüedad, mismo que yo alguna vez encontré a buen precio en algún lugar y lo compré por mera necesidad de referencias cronológicas y datos duros como "dorios" y "micénicos". Desde entonces el así llamado "libro amarillo de los griegos" ha sido de enormísima utilidad.
M. I. Finley. ¿Alguna vez encontraré ese libro de ordenarlo en una catástrofe alfabética? No, adiós libro amarillo de los griegos.
Y es que me dirán que no todos se ordenan por autores, es obvio, Alejandra de mis amores, que primero se separan los libros por temas (p.e. filosofía, historia, literatura, etc.) y después se ordenan por autores.
Sí, pero el problema de empezar a dividir por temas redunda en una larga meditación filosófica que me mantendrá de rodillas al pie de una pila desordenada de libros por largas horas y cigarros: ¿es Vernant un filósofo, un sociólogo o un historiador?, si bien Piedra de sol es claramente literatura, ¿debería de poner junto a él el Laberinto de la soledad, por mera fidelidad a Paz, o debería ceñirme a mis propias reglas y meditar entonces si es más filosofía que sociología? Porque entonces hago carpetazo y junto a todos los sociólogos, antropólogos y filósofos en el mismo saco, pero queridos, ¿qué no es un abuso meter ahí mismo El espejo enterrado? Lo es, ciertamente.
Ahora que por una abrupta remodelación del departamento me he visto forzada a sacudir todos los libreros, encontrándome de paso antigüedades inconseguibles, sólo he logrado ordenar con éxito lo referido a filosofía y literatura. Apartados posibles para los montones restantes son "política" y "ciencias", dejando en un estante aparte, claro está, las obras completas de Freud que en un extremo pondría como apéndice de Sófocles. (Pero no).
- OPCIÓN 1. "Política" y "ciencias".
- OPCIÓN 2. "Sociología", "historia", "política", y "ciencias".
- OPCIÓN 3. "Humanidades (no filosóficas ni literarias)" y "matemáticas", "física", "química" y "biología" con apéndice de "medicina", "anatomía", "historia de la medicina", "recetarios" y un breve pero muy útil tratado acerca de las propiedades de la papaya.
- OPCIÓN 4. "Revolución mexicana", "indigenismo", "griegos", "política actual", "marxistas", "matemáticas", "programación", "ciencias otras" y "otros".
Será fácil darse cuenta de las dificultades: si junto todo lo de humanidades, tendré a Segio Aguayo al lado de una Historia de África y ésta al lado de un Análisis general competitivo; a Peter Winch, Comprender una sociedad primitiva, al lado de Luis G. de Valdeavellano, Orígenes de la burguesía en la España medieval. A Bourdieu al lado de Rosario Castellanos, a Krauze hablando de caudillos al lado de Küng hablando de judaísmo, etc. Por no mencionar títulos interesantísimos como "La ganadería capitalista en México" o "La universidad que Guerrero necesita".
Nada de esto coincide con mis costumbres, que son históricas.
Como la mitad de los libros de mi casa no son míos, sino herencia de mi padre, mi tío el filósofo, su ex esposa, mi abuela y mi madre, a lo largo de mi vida los he juntado por mis propios temas, tal como los haya ido entendiendo. Por ejemplo, los libros del exilio están al principio del tercer estante del librero de la sala, seguidos por los de la revolución mexicana. En el estante de abajo está lo referido a la Rumania comunista, tema del que mi padre era un apasionado. En el clóset los recetarios de cocina, libros especializados en nutrición, yoga y uno enigmático titulado "Sexología sacerdotal".
Pero bien, si ya he decidido poner los libros por temas, tendré que desbaratar los libreros de filosofía y literatura, porque Sófocles, Platón y Aristóteles van, qué duda cabe, con Finley; y Marx con "La ganadería capitalista en México".
Ordenar libros es como ordenarse las ideas, y contrariamente al lineamiento oficial que sugiere un orden alfabético, en el fondo el verdadero orden de los libreros es histórico: la Biblia va siempre en el último lugar del primer estante de filosofía, y eso porque no tiene autor pero tampoco es anónimo, por ejemplo. Cada libro tiene su lugar, su propio camino por lugares del librero (la Biblia antes iba con el tratado de papaya), tanto como su propio camino por el entendimiento. Son historias que no se pueden mover, todos los lugares futuros estarán determinados por el pasado, cada idea, en la medida en que se piensa una vez a la vez, determina las siguientes...
ETC.
4 comentarios:
a mi me dan tambien estos ataques de orden de vez en cuando, sobre todo los sábados que me he pasado toda la puñetera semana limpiando y me digo ¿qué falta? y sin más que hacer digo... ah! los libros...
no tengo demasiado espacio así que no me puedo dar el lujo de reservar estantes por materias, ni, de igual manera, jamás intentaría ordenarlos alfabeticamente... siempre lo ordeno a medias... y a veces hasta me propongo -oh, bello colmo del aburrimiento- hacer hasta fichas bibliográficas lo cual es una estupidez porque no tengo tantos libros... ya no.
lo que pasa es que no importa cuanto me empeñe en ordenarlo... siempre se van apiñando uno tras otro en estanterías, mesas, buroes y hasta en el piso... debo suponer que soy yo el que los muevo, pero no estoy del todo convencido... han de tener un cabecilla que los guía a tan anárquica rebelión... pero no estoy seguro... puede ser El Principito -sería una fachada estupenda- o acaso esa iliada que va de acá para allá, persiguiendome...
salud!
p.d. seria
(que quede claro que la taxonomía guiada por el aburrimiento -y aún más por la higiene- sigue siendo tan peligrosa y detestable como los genocidios y la eugenesia... sería como si los nazis hubiesen quemado judíos porque ya habían barrido debajo de la mesa)
jajaja
flaka me gustó, me rei pero esa imagen de los maras se ve buena veremos que nos preparas...
te amo
¡¡¿te reíste??!
Chikis, compremos un bocho y vayámonos hasta la Patagonia.
(transmitiendo desde atrás de las montañas revolucionarias)
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