Ese momento en que lo que ha sucedido, y la ignorancia de lo que sucederá, más los olores que recuerdas y los miedos, son como cuando el oleaje de la playa te moja de sorpresa justo entre las piernas y sabes que de hecho te moja que te mojen así de accidentalmente.
Me tardé años corrigiendo el artículo que mandaron la semana pasada. Lo mandé hace unas horas, en la mañana. Y conocí a alguien el fin de semana. Pero no sé qué pensar --ni cómo, sobre todo ahora que sospecho clarísimo que todo este tiempo he sido yo la estúpida.
A propósito, nada puede ilustrar todo esto más que sensibilidades acuosas dignas de esta temporada. De inconfesiones que salen torcidas y abruptas, y maneras inencontrables, pero una siempre cree, sobre todo al final siempre creo que no hice mal, de atinarle a la confesión.
Me urge encontrar una manera de ser honesta conmigo.
Mis insomnios son como el amigo imaginario mudo que por no poder serme sincero, me asfixia.
Me urge encontrar una manera de ser honesta conmigo.
Mis insomnios son como el amigo imaginario mudo que por no poder serme sincero, me asfixia.
3 comentarios:
Pues yo creo que el mejor lado donde me hallan los fracasos amorosos es el de haber sido yo el estúpido. Haber sido el hijo de la chingada o el ciego o el conflictuado dejan secuelas y vacían el alma; además, a la larga es mejor no dejar deudas y sí añoranzas en el otro, de haber tenido en sus manos a alguien bueno y haberlo desperdiciado, créeme.
Quizás no se puede ser honesto, pero uno sabe cuándo inconfesó y por dónde andan las cosas. Como si a la mente le gustara el juego de las dos puertas con sendos guardianes, en el que uno siempre miente y el otro siempre dice la verdad, pero no sabes cuál es cuál.
Tu frase del insomnio está increíble, pero eso ya lo sabías.
Yo encontré una forma de ser sincera conmigo...
La soledad (forzada y enmedio de la selva... pero al fin soledad).
No hay nadie con quien quedar bien, nadie a quién defraudar... sólo estoy yo... y así no hay por qué mentir...
Ishtar, tú no lo sabes, pero leí tu comentario el otro día, un momento antes de salir, y me alegró. Me dio mucha confianza y salí feliz pensando en ti.
Luego lo releí y pensé que las expectativas más arraigadas las tenemos de nosotros mismos, o somos notros de ellas.
Tal vez siempre la pregunta es cómo nos mentimos, no si nos mentimos o no.
----------
Darío,
No sé. Fui la ciega, la hija de la chingada, la conflictuada porque fui una estúpida.
Pero ahorita no sé bien cómo ni por qué. (Hablando de que uno siempre sabe qué pedo. Aunque sí estoy de acuerdo, uno lo sabe de maneras que aún está por definir si son decibles o indecibles).
Publicar un comentario