Es horrible esto de estar perpetuamente enamorada de quien no me pela. Es platónico, perverso y doloroso. Es horrible también mi tesis, mi tema de tesis y la escritura completa. También son horribles las palabras que uso. Ya entrados, yo estoy horrible y está horrible mi trabajo en mi trabajo y mi lugar para escribir en la casa. Hablando de la casa, está horrible que nunca tenga luz.
Es imposible empezar por ningún lado, por eso no he usado el blog, ni he leído blogs y, para ser franca, ni siquiera leo mi twitter, sólo escribo tuits.
Como siempre, me divido entre no censurar mis contradicciones y mis estupideces, y arrepentirme eternamente después.
Creo que es importante bajar la altura de las reglas y al mismo tiempo hago a un lado las ideas acerca de la posibilidad de que esté mega apuntalando una represión en mi bajeza reglamentaria.
Así la cago siempre. Pero pensaré hasta el día que me muera (y siempre creo que será justo en este momento) que hago bien en dejarme apantallar por mi inconsciente y mi flojera.
A veces no me pongo brassiere, por ejemplo. Y me gusta dormir sin calzones.
& so it is.
La tesis va bien. Tengo que terminarla antes de diciembre. Me lo impuse yo misma, no que tenga una obligación de la escuela. De hecho no la he entregado a la escuela, ni avances ni presentación ni nada.
Se llama "Las implicaciones estructuralistas en la interpretación de espacios públicos" y no ha cambiado mucho de tema.
El otro día me comí un ácido. ¿Saben lo que creo que hacen los ácidos? Creo que le ponen aceite a la memoria.
Hasta cierto punto el problema ético, práctico, que intento plantear, lo he intentado plantear siempre y responde al mismo fenómeno que me ha hecho sentir mierda toda la vida.
Esto me incomoda bastante: imposible terminar de plantearlo. ¿Acabaré entonces haciendo una tesis de mierda?
De eso trata un poco, del deseo de lo imposible. De por qué deberíamos de ser concientes de algunas cosas. De cómo incluso tantas historias nos orillan a eso y de las teorías que se han hecho, a propósito de cómo deberíamos comportarnos en el mundo.
Una vez, a los 5 años, me caí. Una maestra me vio y corrió a decirle a mi maestra que me había caído de cabeza en las escaleras. Cuando regresó, yo ya no estaba. Cuando me encontró (lavándome en el baño la frente) me regañó porque me había ido y acabé sintiéndome muy mal de no saber qué responder. Al final me mandaron a mi casa con un esparadrapo.
Otra vez, en los mismos baños, yo estaba lavándome las manos y vi por el espejo a otra niña de otra clase salir de uno de los baños y machucarse un dedo. Yo me sobresalté, también; pero la niña me acusó inmediatamente diciendo que era mi culpa y haciendo un dramón de ésos que yo sólo he podido hacer en momentos sumamente existencialistas y/o amorosos. Tampoco supe qué responderle.
Y así millones de ejemplos.
En la primaria me decían Ocaño. Fue muy traumático.
Pero me voy, porque tengo una tarea muy simple: explicar el estadio del espejo de Lacan. (Nunca lo he hecho, no, en ninguno de mis trabajos). (Increíble).
5 comentarios:
vientos! "le pone aceite a la memoria".
ah! y dormir en pelotas es la onda ☺
Doña Bella, ¿cómo sigue? Aquí el sonzo reportándose. Ah, ha remodelado su blog. Muy bonito, y hasta democrático y todo el pedo. Cotra/Favor.
Ya se le estrañaba. Adivine qué? Ya dejé de hacer el ganso por las Españas. Ahora hago el ganso acá.
Salud, hermana!
Cuidese mucho.
Oiga y aquello de la revistucha tómeselo en serio -mandenos un adelanto de su tesis... primicia, alfombra roja, etc.
Don Anónimo, qué gusto saber de usted. Tiene letra de sal y pimienta.
Bienvenido. Ya sabe, pare las orejas, no me lo vayan a planchar en un paso peatonal imaginario.
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;)
Hermana mía,
no se preocupe que a mí hasta el último de los días que pasé allá me siguió sorprendiendo eso de los pasos de zebra que a usted tanto le preocupan.
Lo cierto es que no es del todo bueno confiar en que la ley ocurrirá: sabrá usted que los atropellamientos en España, aunque son menos comunes, son más cruentos -como todos los accidentes de tráfico, al usarse más la carretera-.
Lo malo, tanto de un lugar como de otro, es la propia regulación. Es que el peaton y el conductor jamás establezcan un diálogo posible y lo que siempre está hablando es otra cosa. Es la ley: la ley del paso de zebra o la ley de por aquí paso porque se me incharon las pelotas.
A mí no me gustaría que en México funcionaran los pasos de zebra -¿aspirar a que el Estado y sus leyes funcionen mejor?-. Aspiro a que la ley deje de funcionar y que de pronto, los hombres sean inteligentes. Nada más. Y que el tráfico, quién sabe, pueda aspirar a responder con inteligencia, como cuando a alguien se le caen los libros en la calle y uno se detiene a ayudar a levantarlo.
Que en eso de que los pasos de zebra funcionen acarreará sin duda la reglamentación cada vez más feroz del andar peatonal. Como eso de que en España te pongan una multa por cruzar por donde no se debe.
Claro que... es mucho pedir, porque ni peatones ni automóvilistas son, para el Estado, cosas inteligentes. Y en efecto, parece ser que de tanto que ponen el empeño en disimular el hecho de que unos y otros circulan por las calles, no como cosas inteligentes, sino como numeros, estadísitcas, empleados, estudiantes, etc. que van a cumplir su destino: un entorpecimiento en la realización de la tarea de cada uno -por ejemplo, que uno cruce por enmedio de la calle y que obligue a detenerse a una hilera de coches-, es un acto totalmente deleznable, un acto de subversión que tiene que ser regulado. Que los pasos de zebra funcionen es simplemente parchear la cosa para que siga siendo la misma.
Animo... te mando un beso
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