No quise decir que era tan tremendamente bonita que ni yo me toleraba. No. Quiero decir que no sé manejar mis medidas y que en un acto de desesperación me rapé la cabeza, para así ya no tener que vérmelas al menos con eso (ya no sabía qué maldito corte me iba a funcionar, para despuntar todo me iba a quedar muy chiquito, siempre tuve ganas de raparme) y de paso con otras cosas que no sé manejar que también traía colgadas al pelo.
Con respecto a los anónimos, es imposible odiarlos. Lo que odio, me gusta o admiro es siempre mi propia idea del otro. No siempre lo tengo presente. También se trata de eso.
Caso aparte, y dramático, es que lo único que admiro en el mundo es el verdadero espejo. Voy en el metrobús, por ejemplo, y no encuentro a nadie a quién admirar. Ni por su físico ni por su comportamiento. Es más una cuestión económica e histórica que otra cosa. Además sé que ellos, los que no admiro, tampoco se admiran entre ellos.
Soy supersticiosa, como todos los caminitos de significantes que me voy imaginando mientras camino. Como cualquiera. Veo una planta, por ejemplo, y me acuerdo de mis plantas. Y de todas las asociaciones que me vienen a la cabeza. Considero además que la filosofía consiste en tomar en serio todo tipo de posibilidades insólitas. Siempre hay puntos flojos en mis caminitos. Siempre hay lugares donde no sé dónde poner la diferencia o el lado verdadero. Lo considero una virtud.
Todo eso tiene que ver desde el principio con no poder hablar abiertamente, ni de la vanidad ni de nada.
Quiero la explicación como quiero una boca con cuerpo y ojos. Quiero a un otro de carne y hueso que admire, que me sorprenda, que me dé la vuelta, en la que pueda confiar. Quiero un tú por tú con todo lo que una es cuando cierra los ojos y se duerme.
Ah sí, y también quiero que sepan que estoy harta, finalmente, de echarle la culpa a mi madre. #cosasnuevasdelos30.
9 comentarios:
Ya me estoy poniendo al corriente con los posts, me da un montón de gusto que haya muchos nuevos!
Yo en el metrobús y en el metro siempre (siempre!) encuentro gente a la que admiro: la chica que se levantó a las 6am para a las 8 estar en el metro con el cabello perfectamente liso; las señoras que pueden andar en metro con tacones de punta y que no pierden el estilo en ningún momento; las chicas que son capaces de pintarse las uñas tranquilamente, a veces hasta combinando colores; las mujeres que usan blusas impecablemente planchadas; las que usan bolsas de mano limpias; las que combinan el color de los zapatos con el de la sombra de los ojos... Ya sé que para empezar toda son mujeres (y bueno, siempre me subo en el vagón de mujeres), y que luego todos mis ejemplos tienen que ver con algo físico. Pero es que me asombra, de verdad, esas uñas perfectamente pintadas son como una viñeta (o 10, más exactamente)de un universo que desconozco por completo. Y que me ayuda a inventarme historias todos los días en los 20 minutos del metro etiopía al metro universidad.
Señorita, usted no debería decir en qué línea de metro viaja. Aunque para todos los que no te vamos a perseguir ese dato es bonito.
Sí, veo que han desarrollado habilidades, pero sospecho que se trata de habilidades de resistencia.
Hoy vi a una indigente ya vieja cargar con un carrito varias bolsas. Traía muchas mantas amarradas al cuerpo.
Reconozco la habilidad. La entiendo como un chorro cultural de energía. Creo que existe esa habilidad mexicana y que está en parte tergiversada por tener que vérselas siempre al filo de la sobrevivencia y en parte porque no se hacen públicas esas habilidades, es decir porque aunque existen no se considera que deban decirse abiertamente.
Métodos mexicanos de hacer las cosas que no se correponden con la regla, importada en muchos casos, y que por eso no se escriben ni pueden recordarse como fueron.
Como los casos de abusos sexuales, que por no estar registrados no pueden ser prueba que ayude a una legislación, y manera de hacer cumplir la ley, más adecuada.
Y tampoco me gusta que no haya diseños de trajes oficinistas que hagan ver bien a alguien que mide menos de 1.70 m.
Ni me gusta que la gente tenga que levantarse a las 5 de la mañana. Ni que el camión venga empañado de aliento mañanero de boca sin lavar.
Con respecto al estilo para caminar, yo, a mí que me prende, no veo que sea algo común.
No digo que sea su culpa. Aunque en parte lo es. Digo que entre los horarios, los precios, los salarios, los servicios, la confianza, la televisión, los vecinos... Todo eso hace que todo sea feo y que, encima, intentemos verlo bonito porque es lo que vemos todos los días.
Me choca que lo ideal siempre sea ideal.
Yo, por lo pronto, admiro su caligrafía y la limpieza de sus apuntes. Me deja con el ojo cúbico y avergonzado de mis libretas.
Luego me pongo al corriente y vengo a estropearle la fiesta, que tengo que ir a eso que los mortales suelen llamar trabajo.
¡Salud a todos!
gracias. me sonrojo. o algo así.
Sí. Primero me sorprendió como me veía, pero le voy agarrando el gusto.
[3] ¿Cuál estimulación? ¿Te aburren mis post o qué?
[2] Inventarse historias no es admirar.
[1] Es una misantropía bendita. La gente debería de escucharme con más atención, les conviene.
i... los borraste.
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