3 nov 2010

Reflexiones reiteradas sobre mí, parte 1, nuevamente

Me fui a vivir sola a los 19 años. No conforme con salirme de mi casa, me fui a España. Soñaba con viajar como anónima sin rumbo desde los 7. Era un sueño cliché, pero yo era especialmente insistente con eso. A los 19 ya se me había hecho tarde. 9 años después tengo demasiadas cosas en la cabeza y un sentimiento de absoluta derrota. Hace 9 años aprendí a pagar el teléfono con un sistema extranjero. Una mujer detrás del escritorio me explicaba con un acento que no entendía las diferencias entre los planes telefónicos. Lo recuerdo perfectamente, hacía sol en una plaza afuera de la ventana. ¿Qué ha pasado desde entonces? A la fecha no sé cuál es la diferencia entre los planes telefónicos. 28 años y ¿quién soy? Soy una niña consentida de la naturaleza. Me aterra pensar que he fracasado. Todos tenían muy buena idea de mí, ¿saben? Creían que iba a llegar lejos. Bien pronto descubrí qué tan corta tenía toda esa gente la mirada. Mis amigos, mi familia. La gente a la que aprecio de manera conflictiva.

He hecho muchas cosas de mi vida. Cuando usted va, yo ya fui y regresé cuando era niña. Tengo 28 años. Me he dado cuenta de que quizás no me alcance la vida, ni la cabeza, para alcanzar lo que quiero. Yo no soy como la gente normal. Yo no esperé a los 18 para empezar a vivir. Mi primer coche lo choqué a los 13. Un viernes a las once de la noche, de regreso de un bar con una amiga y dos desconocidos que tampoco tenían mayoría de edad. No esperé a graduarme de la licenciatura para trabajar, rentar un departamento, mudarme de casa de mis padres o aventarle un cubo de pintura a la pared. En mi vida no han existido esas recompensas que vienen establecidas cronológicamente y que ordenan la vida de todos los demás. No, en mi vida los horarios y las recompensas las ponía yo. Mi padre a veces, por ejemplo, no firmaba mis boletas de calificaciones. No porque se las escondiera, tenía buenas calificaciones, sino porque se me olvidaba. Cuando era niña nunca me decían a qué hora hacer la tarea. Igual siempre la hacía.

Nunca fui una niña bonita e inteligente. Mi inteligencia era cuestionada con frecuencia y los otros niños se burlaban de mi boca y de mi cara. Se burlaban de mí en varios aspectos, de hecho. Mi supuesto terreno natural, es decir el patio del recreo, fue insoportable hasta los 13 años, edad en la que por fin me cambié de escuela. Estudié los 3 años en 4 secundarias diferentes. Fumé en los baños de todas. De la última me expulsaron, entre faltas no menores, por “mal comportamiento sexual”. Me había acostado con un novio esas vacaciones en Cancún. La prepa fue diferente. Estudié un año, luego dejé la escuela otro año. Me mudé a Cuernavaca, trabajé en un café, me dediqué mucho tiempo a mí. Luego volví, terminé, hice dos exámenes finales, uno de mi prepa y otro que me pedía la universidad. Todo excelente, desde entonces me enorgullecía conflictivamente mi educación. Estudié dos años en Salamanca. Me sé todas sus calles. A Madrid lo conozco como un sueño que recuerdo lo suficientemente bien para verlo desvanecerse. Lo que guardo de esos años nunca lo he escrito. No obstante, conservo muchos escritos de la época. Lo que empezó a desvanecerse desde entonces está relacionado con este escalonamiento: la facultad de guardar textos de una época pero nunca haber escrito sobre ella. Gestalts, como decía mi madre.

No hay cierres en mi vida. Nunca me he preguntado seriamente qué pasó en España. Luego regresé a México. Mi vida desde entonces es mi vida más propia. Como entendí inmediatamente que iba a hacer pocos amigos en la facultad, porque para empezar eran tres o cuatro años más chicos que yo, y como ya para entonces me había fabricado para mí misma la idea de un futuro glorioso en la filosofía, cosa que también dificultó siempre mi capacidad para hacer amigos, me dediqué a mí misma a las ideas. Berkeley fue como la pared de la alberca en donde te apoyas para empezar a nadar. En ese entonces estaba desesperada porque no había encontrado nada. La repetición de buscar y no encontrar hace que algunos estudiantes se conformen con muy poco o se creen la ilusión de haber encontrado, finalmente. Por supuesto están los brillantes que encuentran que es mejor no encontrar jamás. Yo me tardé en encontrar algo que me hiciera sentido con lo que estudiaba y mi vida. Me tardé en entender. A pesar de tener dañadísima mi educación después de mi viaje a España, que consistió básicamente en dejarme con la sensación indelimitada de todo lo que se nos (me y nos) puede ir de las manos, siempre hay que recordar que toda mi suerte ha consistido en entender muy claramente lo que estudio. De modo que me empeñé en entender. No me ha ido mal, pero si hacemos cuentas después de todo lo que he contado, ya fue bastante tiempo para no poder decir algo a cambio. Algo equivalente. Ya soy tan vieja que ni siquiera sé qué es lo que me corresponde retribuir. Y además yo nunca he comerciado justamente.

Yo sé que tengo algo, pero no sé qué es. ALGO entre manos filosóficas, digo. Yo sé que tengo una idea. La veo, y no sólo la veo, decirlo lo veo necesario cuando escucho opinar a la gente. Incluso veo de qué manera no es injusto, sino justo, decir que se equivocan cuando piensan, hacen, suponen o reafirman espacios ingobernables. El absolutismo en México se mueve donde no hay reglas. El inconsciente también tiene límites. Todo está delimitado. Los espacios indeterminados están rodeados de vida, de texto, de acercamientos. Pero podemos hacer como que no, aunque no nos sea posible nunca evadir un sistema reglamentario, podemos no dejar constancia de él. Podemos usar uno y tener otro, diferente, escrito. Podemos nunca confrontarnos con la realidad. Aunque hay una idea, me pierdo en mí misma. De por sí es una línea borrosa, la idea. Yo no me dejo en paz a mí. Me hablo todo el tiempo. Me interpelo todo el tiempo. Me arrepiento todo el tiempo. Nunca entiendo. Mi ego es insufrible. Y la realidad es absurda.

4 comentarios:

ix dijo...

el absolutismo en méxico nunca es absoluto.

From the Life and Songs of the Olympian Cowboy dijo...

Me gusta mucho esta entrada. Pero preferiría que cambiaras todos los puntos y a parte por puntos y seguido. Sé que no se trata de manifestar mis sentimientos hacia la redacción de tu bitácora. Pero me desagrada mucho que las personas que saben escribir prefieran el estilo periodístico. En fin, cada quien con sus patologías, te dejo en paz. Bonito día lluvioso y fresco con luz azul.

ix dijo...

No los cambié todos. Agradezco esos consejos.

Cuando escribo en el blog escribo con muchos puntos y aparte. No estaba segura de si debía o no. Tengo problemas con los cierres en mi vida. Pero por eso mismo me gusta que me lo digan.

El día fue efectivamente azul y precioso.

Esquina Tijuana dijo...

arrepentirse todo el tiempo debe ser más insufrible que el ego... supongo