14 ago 2014

Sobre la autodeterminación indígena - preámbulo

Eso de sobarle los pies a los campesinos quizá sea exagerado en la realidad. Aunque alguna vez no vendría mal. Estamos en contra del fascismo, venga de quien venga; pero ¿estamos a favor de la libertad? Sí, se supone.

Y bueno entonces ¿estamos o no de acuerdo con la autodeterminación indígena, humana? Pero indígena, sobre todo. Estamos en contra del racismo, pero estamos atravesados por una cultura racista de explotación sistemática. La cuestión indígena es verdaderamente primordial en la política, en la comunidad, en el mercado, en las ideas de justicia: la cuestión indígena en México y en América Latina y en Hawaii y en Alaska Y TAMBIÉN EN ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ es la cuestión primordial. LA PRIMORDIAL. No se trata de que nos volvamos todos indígenas. Se trata de asumir nuestra propia historia y eso lleva tiempo. El problema es que no estamos andando el camino correcto, al contrario estamos dejando que los maten, los intimiden, los roben y los mantenemos en perpetua pobreza (y acoso), (y ahora aún más), desde 1492. 1520 en México. 1560 en Santiago de Chile. Se trata de asumir la libertad. Y de interpretar nuestros actos haciéndonos responsables de sus consecuencias. Necesitamos, urgentemente, mirar hacia otro lado.

¿Estamos o no estamos de acuerdo en la autodeterminación indígena? Con sus tierras, claro, porque no hay libertad en el limbo, ni siquiera en otra tierra, se trata de hacer lo que esté en nuestras posibilidades para recuperar nuestra propia historia y para eso tenemos que dejarlos (suena extrañísimo que lo diga) en libertad, con sus órganos de gobierno, sin acoso, con sus tierras. Y para eso tendríamos que contar las tierras y hacer recuento de todas las disputas y no se imaginan el ORDEN y PROGRESO que se necesita para llevar a cabo semejante tarea administrativa que, digámoslo claramente si alguna vez queremos meter un gol auténtico, por nuestros deseos y no por el deseo del otro, NADIE debería tener semejante responsabilidad de administrar un país entero. Pero tampoco queremos que este Estado se desvanezca sin dar explicaciones y, sobre todo, sin devolver. Para eso también se necesitan hacer cuentas. Muchas las mismas y repetidas, no hay cabeza que aguante eso. Hay que repartir el trabajo. Pero es cierto: no todo es igual. Y aquí viene la repartición del trabajo.

En fin. Todo esto parte de una apreciación aparentemente simple que no tiene tanto que ver con Dios o no Dios sino con eso de que la substancia está en nuestra percepción, como dijo Berkeley en 1710.
Y como ha venido afinando el conocimiento humano desde entonces y antes también porque por ejemplo ya en Lao Tsé hay explicaciones así del universo. (Lo más importante de una puerta es el vacío, lo que no tiene). Y con aquello de que la verdadera realidad es pequeñísima. Y un poco también con eso de la ley, pero a mí me parece que el asunto de la ley se está, ejem, pervirtiendo. Y es una macana, como dicen correctamente en las finitudes del mundo, que le tenga que tocar a uno alguna vez defender la ley. Afortunadamente las palabras son palabras, con todo su poderío, y las macanas son macanas. Acuérdense de que tomar una macana conlleva una responsabilidad casi en muy pocos casos justificable y siempre una responsabilidad casi filosófica. Qué terror que fueran los filósofos los que tuvieran que tener las macanas, por cierto.

Queremos poner un taller cultural y un almacén que se llame RAMAS GENERALES. (Con panadería y quizás pizzas y café o una editorial subversiva en el sótano. Con un hostel en los pisos superiores con una sección de guías turísticas que figuren bajo el título de ficción, quizá. Móvil, todo, y cruzar América Latina hasta regresar a México. Ni hablar de con qué ganas queremos también hacer la revolución ahora y militar de pronto en un partido comunista y en una asociación anarquista, a la vez. (No)).


Las cosas vienen desde abajo. Depende de dónde se lo mire. Porque se trata al mismo tiempo de subirse a uno mismo. Y en esta proyección masiva que tenemos gracias a los medios de comunicación, donde un nombre acapara los medios y se crea alrededor de él una esfera de "mediaticidad", se teme que no estemos más que remando para el torbellino. La violencia es inevitable, pero hay muchos tipos de violencia. No es absurdo pensar en una sociedad que todo lo medie a través de la palabra. (Y del sexo). (Y del trabajo). Claro que siempre va a haber muertos, y asesinatos, está en la naturaleza humana, nadie sabe nunca las circunstancias que se podrían juntar para que nosotros mismos o cualquiera se viera en una disyuntiva así. Pero una cosa es que el asesinato será siempre una posibilidad humana abierta y otra cosa es hablar de que el Estado está organizado para matar a sus propios ciudadanos o a ciudadanos ajenos que atraviesan el país. Y no todo es igual, una cosa era el Estado de Argentina en 1976 y otra cosa es el Estado mexicano ahora, porque el del 76 se asumía a sí mismo como un golpe de Estado militar que buscaba "ordenar" las cosas. El mexicano dice públicamente desde hace muchos años, desde Calderón, desde antes también pero desde Calderón este argumento se hizo eterno en la justificación pública como el Ejército en el país, que está ordenando la situación. Pero es de hecho falso que todo el aparato de gobierno, cada uno de sus trabajadores, sea fascista y esté trabajando para matar a sus ciudadanos, como tampoco es cierto esto, del todo, en las dictaduras de Latinoamérica. No todo ha sido siempre lo mismo ni es lo mismo, hay que saber poner las diferencias de lo que cada cosa es y de las implicaciones de cada línea que marcamos en la cancha, y poder cambiar de perspectiva, además. Entonces al Estado mexicano no sé si podemos llamarlo fascista porque hay mucha gente ahí ahora hasta ahora aún, trabajando honestamente. Pero sí hay una sección fascista en el poder y sí se está aprovechando la organización estatal, federal, con legitimación internacional incluso, para matar mexicanos y migrantes. Sea el mexicano que sea pero además hacen pasar por narcotraficantes a gente que simplemente les estorba para ... enriquecerse. Lo hay. Matan a la oposición, matan por todas partes. Tienen ejércitos paralelos que hacen el trabajo sucio. No tienen cara para, también, hacer que los militares fusilen gente a la que luego hacen pasar por criminales. ¿Cuántos periodistas y "activistas", muchos de ellos medioambientales, indígenas, han muerto? Y los niños. ¿Cuántos niños han pasado por el abuso sexual hoy en día, también los crecidos? Y yo le digo que todo esto tiene que ver con la autodeterminación. Y sobre todo la indígena. Tiene que ver con dejarnos fluir a nosotros mismos. Es razonable, si entendemos que necesitamos echar mano de una historia rota, entender que hay que aprender de los indígenas. Que no por eso los indígenas son responsables de nosotros ni mucho menos nos deben algo o tienen alguna obligación de enseñarnos el camino. No. Nosotros tenemos la obligación de facilitarles el camino, de reconocerles sus tierras, de ocupar nuestros recursos en la contaduría (el relato, la multitud de relatos) que habría que hacer sobre esas tierras, y dejarlos en paz. Dejarlos que prosperen. Nosotros tenemos que ocuparnos no sólo de no estorbarles, sino además de preocuparnos de qué vamos a vivir. Nosotros también necesitamos tierras. Nosotros los urbanos del capitalismo. Necesitamos revisar un montón de cosas y en vez de eso crece la incomunicación y la desesperanza. Y no es tan condenable porque es verdad que el Estado mexicano utiliza recursos públicos para perseguir y atemorizar a gente chida, especialmente chida. Como son los únicos que se avientan, los agarran a ellos. Y no deberíamos de perder tanta gente así en tiempos así. Pero para eso es necesario hacernos un poco cargo. Incluso para protegernos a nosotros mismos.

Partiendo del hecho de que la sustancia no existe y que todo lo que existe es pequeñísimo porque corresponde a una existencia y NO ESTÁ BIEN no es justificable asumir un traje enorme de importancia fingiendo que se está en las capacidades de responder a esa elaboración mental que nos hacen tragar como sopa todos los días. Para nadie está bien. Entonces hay que hacer las cosas desde lo chiquitos que somos, porque sólo partiendo de la realidad vamos a llegar a cosas verdaderas. Porque que la sustancia esté en realidad en la percepción o en la existencia del sujeto, si es que se trata de estar en algún lado de la línea, no significa que se anula la ley. Incluso la duplicación de las reglas no anula la ley. Y las reglas, lejos de ser realmente una tortuga en el fin del mundo, se mueven constantemente, cambian, modifican sus bordes, se vuelven permeables aquí o allá, se doblan, se recorren en reversa, se les recorta y se les mete en una bolsa y se desayuna confeti, lo que sea, pero la ley no desaparece.

La ley que nos obliga a actuar de una manera y no de otra permanece aunque cambien la Constitución. Y leyes hay para muchas cosas. Que es decir, no porque todo esto esté realmente valiendo verga, TODO es falso y desechable.

Sólo partiendo de la realidad vamos a llegar a cosas verdaderas. Sin decir por ello que existe una realidad como sustancia ahí debajo de nuestros pies, aunque sí existe una realidad que es así, pero no existe LA realidad. (La Realidad sí existe, es un pueblo en Chiapas, nunca he estado ahí pero dicen que ya existe). Pero existen realidades, aún existen cosas que son verdaderas y existirán siempre, cosas que son así y no fueron de otro modo. Le podemos encontrar muchos giros, como Jorge Semprún contó de otra manera lo que había que contar de Buchenwald, pero que sean verdaderos, que no se trate de renunciar porque todo es falso, que tengan esa intención de veracidad. Ni siquiera se trata de construir siempre, a veces hay que destruir. Hay cosas que son verdaderas tanto como que la ley permanece y es una obligación nuestra e incluso necesidad nuestra platicar de ello con nuestra gente cercana con la que platicamos cosas o con la que no platicamos cosas, tanto como que hay que saber poner las distinciones entre una cosa y otra y para eso es natural entender que necesitamos escucharnos. Y para esto es necesario que entremos todos un poco en cordura, porque nos hemos puesto muy locos, y actuemos como mejor nos parezca. Primeramente a todos nos parece que hay que alimentarse bien y gozar la vida. Luego creo que todos creemos que es bueno estar informados y que todos creemos que es bueno poder hablar las cosas claramente. E informados de que nos informan perversamente. E informarnos de cómo nuestros propios informes pueden callarnos y hacernos sentir que no debimos haber hecho algo. Y conscientes de nuestra pequeñez. Y del deseo de permanecer pequeños, aunque más grandes. En fin, ¿cómo nos deseamos?

Quizá basados en todo ello me parezca necesario preguntarles, haciendo a un lado los miles de millones de mundos que existen en este mundo, ¿ustedes están o no con la libertad? Ya sé que todos aquí partiremos a hacer nuestros caminos y que lo que una persona dice, con la atención que ponemos en nuestros días a lo que se dice, se suma a la marea de decires que hay en los caminos de todos. Por eso, ¿estamos o no con la libertad? ¿Con la libertad acertada? ¿Libres o jugando para el enemigo? ¿Libertad incondicionada? Por eso realmente creo que debemos discutir abiertamente si estamos o no de acuerdo con la autodeterminación indígena.

Creo que muchas cuestiones que nos aquejan tienen que ver con la represión constante de una cultura que fluye, de todas formas, por nuestras acciones y nuestra existencia. Que si dejáramos a "la gente" ser y hacer en libertad estaríamos más cerca de encontrar un equilibrio económico. Si supiéramos lo que sucede con el plástico que consumimos, si supiéramos lo que hace el gobierno con nuestro dinero, si entendiéramos cómo se mueve la producción y la riqueza, si pudiéramos ponernos de acuerdo en qué hacer con, por ejemplo, los perros de la calle o los perros extraviados, POR EJEMPLO, o la comida que se tira, ...si supiéramos. Si nosotros, la gente, supiéramos lo que sucede y pudiéramos plantearnos otro modo de existir y se nos permitiera estar comunicados y ordenar lo que hay que decir, si "nos dejaran" ser y hacer en libertad. Si nos dijeran, primero, todo lo que en buena onda habría que decirnos, como cuántos conflictos armados hay en el mundo y por qué, cuáles son las causas, quizá no las causas verdaderamente reales, quién las sabe, pero por lo menos hay organizaciones de gente, como la ONU, que tiene importantes archivos sobre todo eso; cuántos conflictos armados hay en el mundo, cuántos, en dónde y por qué; cuántos accidentes viales hay en cada lugar del mundo, por países, por ciudades, por densidad de población, por gobiernos, por hemisferios, con continente, por PIB. Necesitamos un Papalote de información verídica. Eso no significa que necesitamos que el gobierno nos haga o nos de libertad, necesitamos toda la información necesaria y coordinación del gobierno para actuar en nuestro beneficio, para utilizar nosotros esa información y tomar nosotros las decisiones pertinentes.

O sea, ¿estamos o no estamos de acuerdo con la autodeterminación indígena? Yo sé que nosotros, la clase media ilustrada de mi país, no la estamos pidiendo, pero de algún modo favorecer o entorpecer la autodeterminación que unos, indígenas, ellos saben quiénes son, nosotros no sabemos quiénes son exactamente ellos, están exigiendo. Así que, ¿estamos en contra o a favor? Ello implica un poquito de autodeterminación de nuestra parte. O de ¿qué? ¿Qué sucede si no hacemos nada, si no nos pronunciamos ni a favor ni en contra, si no analizamos lo que significa esto? Porque, desde mi punto de vista, y no sé si desde el de usted, se trata de una cuestión de libertad, sobre todo.

¿Estamos entonces a favor de la libertad o no?

O, si vamos a subordinarnos al crecimiento económico, y vamos a poner la libertad debajo del progreso masivo, y desinformado, entonces argumentemos así claramente.

¿Qué perdemos? ¿Qué ganamos? Con la autodeterminación indígena. ¿De qué se trata? ¿Qué implica? ¿Qué arriesgamos? Hablarlo por lo menos. Por supuesto teniendo en mente que las cosas son como nosotros las vemos y que las vemos con una historia que no podemos simplemente desaparecer y que somos pequeños y que no sabemos LA VERDAD y que eso no significa que no podamos discutir, escribir, hablar en voz alta lo que pensamos. Nuestra ignorancia, que todos tenemos, también es una denuncia. Tenemos los medios para saber más pero en realidad son controlados por razones como hacer más dinero de siempre los mismos o algunas veces cambian. Podríamos saber más. Nuestra ignorancia también es una cosa más que hay que poner sobre la mesa y decir ¿y ésta? En vez de culparnos a nosotros mismos por nuestra ignorancia. Porque, bueno, si uno hace un buen esfuerzo y aún así ignora incluso la manera que se necesita para decir qué es lo que le hace falta saber para decir lo que tiene necesidad de decir, ¿eso significa que deberíamos de callarnos?

¿Quién SABE lo que sucede con la política, con las patadas a la riqueza, con la producción real aunque masiva de 100 millones de mexicanos?

Si hay que saber tanto, nos vamos a quedar callados todos. Y todos sabemos que no se trata de eso.

Entonces, ¿estamos a favor de la libertad?, ¿estamos a favor de la autodeterminación indígena?, si estamos a favor de la libertad, ¿tenemos que plantearnos estas preguntas?, ¿si no, no estamos a favor de la libertad? Sí, o sea, si uno está a favor de algo, lo está a pesar de que su trabajo haya sido utilizado para fines inconvenientes incluso. Si uno está a favor de algo, lo está. Tiene que ser claro con usted mismo.

Pero también tenemos una obligación con la sociedad, la sociedad enorme y anónima que existe en el planeta y en América Latina y en México y en la ciudad de México y en la clase media mexicana y en mis amigos y mi familia y mi propio pequeño planeta de mi cuarto y... pero tenemos una obligación. ¿En qué consiste esa obligación? Bueno, por lo menos en hablar libremente sobre lo que está pasando.

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