20 ago 2015

Sobre la humildad

Entre todas las cosas que me cagan, me caga que ponderen la humildad. En estos tiempos de superstars resulta genial ser humilde, cosa que es muy irónica. Será porque no estoy bautizada. (No estoy bautizada). Me gusta la idea de los griegos. Los griegos tienen los dioses más borrachos, defectuosos, lujuriosos y mitómanos de la mitología universal. Quizá haya otras mitologías así que no conozco. De todas formas el hecho es conocido. El hecho de que los dioses griegos hayan sido tan bajos da cuenta de lo grandes que se creían los griegos, pues está claro que aquí quienes cuentan son los griegos, no sus dioses. Los griegos se comparaban a sí mismos con los dioses, por eso sus dioses eran tan humanos. La soberbia no era un defecto en el ágora. La gente se creía que era alguien para escribir tragedias, sátiras y teorías sobre los dioses y el origen del mundo. La cancha de juego eran otras soberbias y que uno le contestara a otro que eso era una tontería no era considerado de mala educación, sino parte del procedimiento. Me gusta esa idea.

Todo lo contrario es la idea cristiana de sometimiento a autoridades que trascienden la naturaleza humana. Bajo esta óptica se respeta a otro no porque ese otro haya desarrollado sus capacidades humanas mejor de lo que nosotros hemos desarrollado las nuestras, sino porque ese otro está investido de una autoridad que le sobrepasa. El hecho también es bien conocido: los reyes, los feudos, el desprecio al cuerpo, la sustitución de la historia humana por una mitología católica, la generalizada omisión de los defectos y el culto por las grandes obras.

Hemos pasado del Medievo a la sociedad industrial y como Dios ha muerto, pero no hemos podido asimilarlo, ahora la investidura de Dios es desechable. Cantidad de dioses pasan por la televisión y los grandes medios, adoptando cada uno las características de lo grandioso. Pueden cambiar porque Dios no existe, pero siempre alguien tiene que representarlo porque no acabamos de entenderlo. Reproducimos en cada escala del conocimiento las mismas estructuras del gran libro.

Y consecuentes con esta ideología medio medieval, aprovechamos cualquier excusa para recordarle a los siervos su posición en la pirámide social y el pecado de la soberbia.

Que nadie se crea mucho.

Porque el “mucho” sigue reservado para lo que trasciende la naturaleza humana. Los griegos sabían que la cosa terminaba en ellos y por eso eran los más altos. Dado que no hay más altos que nosotros, nosotros somos los más altos. En cambio la idea de que hay que ser de abajo, siempre, lo que hace es sugerir que más allá de nosotros siempre habrá algo más alto, la verdad por ejemplo, aunque nadie deba nunca asumir tal representación.

Hay una estupidez de por medio: la idea de que si alguien se cree a sí mismo alto, entonces necesariamente considerará a otros por debajo de él. Pero esto sólo se entiende así desde la postura cristiana, donde hay algo más alto eternamente trascendente. Al contrario, si pensáramos que no existe tal cosa, el hecho de creernos humildes sólo puede hacernos pensar que lo somos ante otros. Y no se entiende bien por qué otros estarían justificados para sentirse más seguros de sí mismos y experimentar sus cosas que yo o nosotros.

El que se compara a sí mismo a los dioses también puede, incluso es consecuente que lo haga, considerar a otros comparables a los dioses. El que cree que no somos comparables a los dioses es porque sigue creyendo en ellos y lo único que le molesta, toda su rebeldía antimonárquica se limita a ello, es que alguien ha hecho una figurita de Dios.

Me caga que ponderen la humildad y que les aplaudan por humildes.

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