No puedes leer libros, o whatever, pensando que tienes que acabarlos y después titularte y estudiar la maestría y luego el doctorado y conseguir un trabajo y ser reconocida por la gente reconocida. No puedes. O sea puedes, pero es inútil. No puedes leerlos con el deber encima. Ni siquiera con el verdadero deber. Ni siquiera debes leerlos con apertura. Ni es como que debas preguntarte si es correcto o no lo que lees. Ultimadamente ni siquiera debes de leer.
Debes saber leer. Debes tener la posibilidad de leer lo que se te antoje. Debes tener comida, techo y calefacción. Pero llegados al punto de leer, es decir, de pensar, debe ser posible suspender la manera como las cosas deben ser. En la ética llega un punto donde no hay un deber establecido, sino la pregunta de cómo se debe proceder. Se lee con ética. En la lectura te dejas llevar.
Divago.
No puedes leer teniendo encima cómo deben ser las cosas. Ni el que tenga la idea más acertada de cómo deben ser las cosas. Ni Derrida que decía que uno debía estar abierto a que el extranjero te matara en tu casa puede leer un libro con su extraño deber ser encima. Tiene que estar abierto a que alguien lo convenza de que no: a los extranjeros hay que ponerles límites.
En esto sí que creo que tengo razón. Él mismo decía que para creer había que descreer o que para descreer había que creer. Algo así.
Donde ya no estoy tan segura es si neta hay que arriesgarse a que el otro te haga mierda. O sea en algún punto te defiendes. Cuestión de vida o muerte. Si te matan se acaba el camino de la autoconciencia a través de las figuras imaginarias de y Derrida no podía ser ajeno a todo esto.
Justamente la idea es permitir que las ideas te arrollen, por eso no se puede leer bien, o sea se puede. Con el deber ser encima. Y de todas formas no sé, sería una garantía que los totalitaristas no pudieran leer. Pero es como decir que los totalitaristas pueden pensar, en el sentido profundo del término. Como si dijeras que pueden ser lo que no son porque no hay garantías.
Mucho más temible, y no es poco porque ya bastante temible es que los totalitaristas puedan ser libres y rizomáticos, es la idea contraria: que los libres sean totalitaristas. No porque cambien de bando, sino como posibilidad justamente dentro de su libertad. ¿Pero por qué temible? Algo hay que endurecer, en algún lado hay que poner el pie antes de que cierren la puerta. Que se arreglen otros. Hay reglas básicas: no matar, no torturar. Ya en serio, ¿es una garantía que Deleuze no sea nunca totalitarista?
No creo que los libros los lean ellos. Seguro ponen a alguien más a leerlos. Hay de todo además, no es como que el mundo se divida en libres y totalitaristas. Son maneras de hablar.
El pensamiento profundo, el que se pone al límite, no puede imponerse ningún deber ser. Uno se impone el deber en la vida cotidiana y hasta en el momento de publicar o decir lo que se piensa (que es justo lo que yo, bueno, me lleva a la ruina); pero en el momento de pensar no puedes imponerte cómo deben ser las cosas.
Es fácil creer que no piensan. ¿Cómo piensa el fascista al borde de su propio pensamiento? ¿No lo hace de verdad? Es terrorífico. ¿Cómo puedes saber que no estás siendo fascista? Abandonar la angustia por el mero hecho de que te lo preguntas es una manera algo totalitaria de despachar la cuestión.
Tampoco es como que se pueda vivir sin poner el pie en ningún lado.
Pero quiero decir: verdaderamente fascista. ¿Hay algún fascista pensando profundamente sin límites ni deber ser? ¿Cómo sabes que no eres tú? Pero prohibirse pensar profundamente sin límites sería contradictorio. Más que contradictorio: indeseable.
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