Yo no odio a Cristina (Fernández de Kirchner). Para nada. Si por alguna razón me sintiera cerca de la Casa Rosada, no sentiría agobio. Como, en cambio, me sucede con la presidencia mexicana, que con tan solo tenerla como sugerencia de follow en twitter me pone nerviosa. De hecho me gusta cómo habla Cristina, me gustó durante mucho tiempo. Luego, conociendo mejor las cosas, no me gusta. No me gustan las cosas de las que no habla, sobre todo. No me gusta que no hable de algunos temas y yo preferiría un gobierno que pusiera mucha más atención a la difusión de información, además de, obviamente, un gobierno franco con los derechos humanos. Como dice que es.
Cristina y Néstor tienen una lista importante de cosas que han hecho. También hicieron otras, como pagar la deuda al FMI sin tener realmente un debate sobre ese pago y esa deuda, que no convencen si apenas echamos un vistazo al entendimiento (cultural casi) de que esa deuda es un robo. Y que no sólo es un país sino que son muchos y que pues dejas en banda a otros. Aunque, por el otro lado, está el Mercosur y en general una política que por ella misma no es un problema, no es un gobierno represivo por sí misma; el problema es que le abre la cancha a políticas de derecha que sí son represivas y ladronas.
Lo de los Qom y en general las comunidades indígenas es imperdonable. Los matan los mismos policías y merece un comentario más amable que responder indirectamente que ustedes vienen de los barcos.
Además de que a ustedes mismos no les hace bien creer que vienen de los barcos. Aunque efectivamente algunos vengan de los barcos y hayan llegado a tierras en donde por lo menos en todo Buenos Aires habían matado a los indígenas.
Y uno se tiene que hacer responsable de eso, de un fantasma si ya no queda nadie de ellos. Pero además Buenos Aires no lo es todo y apenas un poco más allá quedan otros indígenas. En México todos venimos de indígenas y hacernos cargo de nuestra historia quiere decir hacernos cargo de nosotros mismos. Pero nosotros además no lidiamos con un fantasma, sino que la vida indígena está viva en todas partes. Pobre y esclavizada, en su mayor parte, pero viva y a veces muy saludable. Para tener la posibilidad de hacer algo que funcione, tenemos que cuidar y darle nuestro mejor impulso a la vida indígena.
En Argentina también, pero por ejemplo específicamente en Buenos Aires hubo una matanza terrible al grado de que esa pequeña pancita se vació de indígenas y queda sobre todo, además de los inmigrantes de origen indígena que regresaron a la ciudad a trabajar en las fábricas, el fantasma, no la cultura con la que hay que mediar. La tienen muy difícil los porteños. El fantasma se extiende hacia el sur, según me han dicho y más o menos conozco. Excepto en las montañas. Pero hacia el norte cambia, dicen. Yo no he ido. Están los Qom, por ejemplo, que son de Formosa. Y otros grupos indígenas, completamente indígenas. Bueno, o sea, es posible que alguien se haya mezclado alguna vez con alguien que traía genes europeos, por supuesto. Pero son indígenas absolutamente. Son viejos. Tienen las marcas de la conquista, que uno reconoce, pero son otros, y son muy pobres, de verdad, yo creo que más pobres que los indígenas mexicanos. Aunque claro, no de todos los indígenas mexicanos, sino en general. Un zapoteco, un nahua, un maya, aunque efectivamente sean pobres (porque hay muchos que no lo son, aunque evidentemente no hay muchos indígenas ricos, eso si existen siquiera), no son tan pobres como estos Qom que conocí en Av. 9 de Julio y Av. de Mayo. Ésa fue mi impresión. Sí. Muy pobres.
Lo que contrasta, según mi experiencia, siempre según mi experiencia, con el nivel de vida que veo en Argentina. En México hay muchos pobres, es un país pobre y en las ciudades son mayoría los pobres que los ricos. Una pobreza generalizada, una clase media pobre y sólo una minoría de clase media cómoda que, por ejemplo, pueda pagar cómodamente una renta y estar seguro con su médico, su dentista y la ginecóloga. Y luego otra minoría rica. En México existe una pobreza generalizada que empieza muy pronto en la clase media, haciendo que falten constantemente cosas y seguridades, y que se extiende largamente hasta fines invisibles e inimaginables pero, de eso sí estamos seguros, horribles. Hay gente de clase media que, por ejemplo, vive permanentemente con hongos en los pies porque ir al médico es complicado e implica sacrificios familiares, económicos. Pero son de clase media seguro, tienen títulos universitarios y viven en colonias del centro como La Narvarte y la Del Valle. La pobreza tiene límites horribles y está generalizada en todas partes, en los electricistas, en los plomeros, en los albañiles, en los semáforos, en cada cosa que implementa el gobierno y en lo que implementan casi todos. En contraste Argentina no es para nada tan pobre, hay una gran cantidad de gente que vive bien. Aunque eso no significa que no exista la pobreza: está en las villas. Y en los pueblos indígenas. De hecho, ése es mi punto: en los pueblos indigenas hay una pobreza que yo, viniendo de un país pobre, creo que nunca había visto.
Nunca me he metido tampoco en la Sierra Tarahumara y quizás si vinieran a la capital a acampar vería en los rarámuri esa pobreza que vi en los Qom.
En general en México es insoportable la pobreza en la que viven los indígenas y no hay que ir hasta la Sierra Tarahumara para verlo. Pero fue por eso que me sorprendieron los Qom.
Cristina no habla de los Qom ni de ningún indígena. Ni habló sobre lo que ocurre en México. Ni habla de lo que razonablemente nos preocupa a muchos cuando habla del pago de la deuda o de asesinatos políticos. Ni habla nunca con una conversación que al final no te haya dejado un poco mareado, lo cual sería amable. Pero en fin, a mí me encantan los trenes y creo que no es ninguna poca cosa este estado de cosas en el que se encuentra la sociedad argentina, mucho más libre que México y España, tanto en el plano económico como en el plano cultural o a nivel personal. No es un gobierno al que le tengas miedo, tampoco. Lo que pasa es que por ejemplo están los transgénicos, las fumigaciones, los envenenamientos, el fracking, los despojos y están otras violencias no menos graves como los feminicidios y desapariciones cometidas por el Estado. Y de fondo la idea de que sí, hay pobreza, pero hay que reconocer que hay menos pobreza quizá en algún sentido, y reconocer después de eso que a pesar de que se hayan hecho cosas, se pudieron haber hecho más, que aún así esta pobreza no es justificable sino que es producto de hacer las cosas mal, de la corrupción y de tolerar en general que exista la pobreza, de no hacer realmente todo por sacar de esa pobreza a las personas que lo viven. Sino que es un esfuerzo a medias, más o menos bien hecho. Gracias. Pero queda la sensación se que tampoco está bien. Y tampoco quedó claro por qué, porque hay muchos tramullos en la manera de hablar y atrás mismo de quién está hablando.
fin provisorio de mi comentario.
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