Anteriormente había escrito ya (acá) algo así como los grandes rasgos de un proyecto de edición.
Ahora me he tomado la libertad de hablar ampliamente al respecto del blog, de “esto” que nos pasa, políticamente, en México. Necesitaba explicar mis razones, a detalle, para entrar sin demasiadas astillas en aquello que debemos explicar. De lo que debemos hablar. Tuve que hacerlo de esta manera, contando mi experiencia.
Además de hacer mi tesis infinitamente, vivir de mis padres y trabajar ocasionalmente de muchas cosas, como de mesera, de albañil o de pintora, me dedico a «mirar a México» a través de la compu. Redes sociales, internet. Y además de ser muy buena para pasar mucho tiempo stalkeando temas y gente, de un tiempo para acá me da por guardar en los marcadores de mi compu las cosas que veo en internet respecto específicamente a la violencia en México. Y por republicarlas después en un blog. La actividad de navegar y guardar cosas es una cosa más general que el tema específico de la violencia en México; son dos cosas distintas pero van juntas. Hay que explicar esta fragmentación para entender cómo se está implementando esta violencia mexicana.
Las de violencia política las guardo en http://contraregistro.blogspot.ar/
Yo leía Twitter por diversión, una obligación que los filósofos tenemos como salir al parque y mirar la tv. Leía a la gente que yo quería leer, cuándo comían, cuándo se dormían, cuándo despertaban, si se sacaban los mocos, las cosas terribles que les parecían como el amor y las columnas y los textos que retuiteaban. Pero empecé a seguir más cuentas de noticias, de retuits, de reporteros, de agencias, de organizaciones. Human Right Watch, Amnistía Internacional, Tlachinollan. Cuentas de activistas, las cuentas personales de los editores, cuentas de políticos de América Latina y Europa. Y empecé a seguir a un montón de gente normal, ciudadanos normales. A veces no me caen bien pero los sigo por diversas razones que tienen que ver todas con querer saber mejor lo que ocurre. Hasta cuentas de palestinos sigo ahora. Mucha gente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Amigos de amigos, stalkeo total.
Sin querer meterme mucho tampoco, pero por lo menos para saber mejor qué es lo que ocurre, cómo se sienten otros, qué piensan. Hashtags como #FollowVer o #FollowTamaulipas no los he seguido de cerca. Pero más o menos sigo al Piñero de la Cuenca, por ejemplo.
Empecé a guardar las páginas con las que me encontraba navegando por internet fundamentalmente para enseñárselos después a la gente que me importa, que quiero, que respeto, que admiro. Como para demostrar que está pasando algo. Gente que o se pregunta qué está pasando porque no lo sabe y no sabe cómo saberlo o me pregunta qué está pasando como diciendo que no está pasando nada. Para enseñárselas, ¿no que no pasa nada? O para enseñárselas y preguntarles a ellos qué está pasando. Un día se me ocurrió que neta debería empezar a guardarlas y ahí mismo empecé a buscar en Google las que recordaba, y a revisar las que había guardado por instinto. Es como abrir un álbum de fotos y volver a ver algo que ya has visto. Empecé a pensar en una manera de ordenarme a mí misma con esos reportajes guardados y abrí un blog. Lo tenía todo clarísimo, ya estaba pensando en las etiquetas, las imágenes, el futuro… Me veía perfectamente.
Ahora tengo un montón de cosas guardadas en mi compu. De las cuales he subido bastantes al blog. Suficientes para no estar ya muy segura de qué he subido y qué no. Llevo más de un año, va para dos, en octubre o noviembre.
Empecé porque era, es mucha la gente que no sabe lo que está pasando. No tienen ni idea de la cantidad, de las dimensiones.
Armas, bombas, Siria, Yemen, Irak, Palestina, Ucrania, las protestas de Hong Kong, Ferguson, Egipto, comandos armados, allanamientos, Operación Pandora, Gaza Youth Breaks Out, volcanes, mosquitos, calentamiento global, transgénicos, fumigaciones, fracking. Avionazos, sismos, accidentes. Detenidos, manifestaciones, represiones.
De México se podrían hacer listas de “cosas que ocurren” tan extensas como las mundiales.
Es mucho. Se me olvida. Los casos se me desbordan, se me cruzan fechas, características. Quise ordenarlo todo un poco. No es todo. Y entre todo lo que pasa, pasan mentiras. También eso necesito enseñarles que pasa y cómo pasa.
Pienso que va a servir de algo, pero en última instancia no importa: a mí me sirve. Entiendo mejor las cosas si las ordeno a mi manera. Tengo más control de lo que sucede o siento que tengo más control si lo llevo así.
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