Esta noche tú me has dicho que no tengo derecho a decir eso.
Y yo te hablé con la voz de quien está diciendo que está perdiendo tiempo de vida y capacidad mental, y que por lo tanto tengo derecho a decírtelo.
Y tú, de pronto, me has dicho que de qué derecho hablo, que nadie me dijo que no tenía derecho, que tú cuándo lo dijiste.
Te lo digo. Para que tú misma sepas después qué fue lo que ocurrió.
Por más que sea una pendejada. Es inaceptable que me cambies la historia que yo estoy viviendo.
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