A ver si tú estás llorando en la cama, por las mismas razones que yo, gritando y revolcándote, sin saber dónde meter las piernas ni qué hacer con ellas, y yo soy capaz de hablarte con esa maldad.
Imagínatelo. Porque no lo haría jamás.
Pero decirme que ojalá me recupere de mi salud mental porque me guardas cariño. Qué hijo de puta de verdá.
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