Estoy sola porque me hicieron bullying en la primaria. Mucho, muy feo. Nunca he sido una persona de muchos amigos (claro, por eso). Entonces siempre tuve pocos. Fui feliz a los 16 años porque finalmente me sentí aceptada en la escuela en la que estaba. No sé yo creí que los amigos que hice entonces eran para siempre y que había dejado atrás esa época de bullying.
Luego me fui a España. En España hice amigos, pero pocos, y prácticamente no los mantengo. En realidad me llevo bien con mucha gente. De verdad, mucha gente. Conozco gente de todas partes, de Polonia, de Checoslovaquia, de Australia, conozco muchísima gente que con seguridad guarda un buen recuerdo de mí, como yo de ellos, en la medida en que nos conocimos. No son mis amigos, a eso me refiero. No son mis amigos. Conocidos tengo un montón. Cuando regresé de España me di cuenta que en realidad se había abierto una brecha con los amigos de antes.
Después muchos de esos amigos se fueron de México.
En la universidad no hice muchos amigos. Hice algunos, realmente pocos. Creo que hice más en España y eso que era extranjera y yo misma. Es impresionante, lo estaba pensando en la cocina (he comido quesadillas todo el día, tres veces) la diferencia enorme que encontré en la UNAM. La diferencia de clases. Yo soy de Polanco, pero no encajo con la gente de Polanco, pero tampoco encajo con la gente de la UNAM, porque soy de Polanco. Yo estoy segura de que ésa fue una de las razones por las que me violaron (por ser de Polanco, y lesbiana) (en realidad no soy lesbiana, creo). Creo que es imposible entender la diferencia de clases en México si no has vivido algo similar. En España y Argentina es diferente. En España compartía el departamento con una chica de Palencia, que es un pueblito chiquitito. La chica, que estudiaba matemáticas, no había vivido con lujos, ni había tenido compañeros que tenían yates y que se iban de fin de semana a apostar a Las Vegas, tampoco le había faltado nada. Su situación económica era tirándole a modesta sin llegar a la pobreza. Y se manejaba en Salamanca como cualquier otro. Supongo que había muchos como ella, y habrá habido otros con el dinero suficiente para irse el fin de semana a París. En Argentina descubrí que una de mis amigas había comido sólo espaguetti en su infancia por falta de dinero. Bueno, no sólo espaguietti, pero muchísimas veces (casi siempre). Jamás lo hubiera pensado, era exactamente como cualquier otra persona, no había nada en ella que marcara una diferencia. Claro que en España están los gitanos, y gente que sin ser gitana se le ve la pobreza, y en Argentina están los indígenas y gente que sin ser indígena en fin. Pero no es lo mismo que en México. Yo me identifico con mi compañera de piso de Palencia y con mi amiga argentina que comía espaguetti. Pero yo en mi país soy minoría. Ahora, no es que yo tenga ninguna intención de hacer prevalecer las condiciones de opresión económicas, pero en mi experiencia, no sólo como burguesa, sino como mujer, la brecha es insalvable. Ha sido insalvable.
Esto me deja de frente con el resto de la minoría a la que pertenezco. Gente insoportable. Para encajar en Polanco y Las Lomas uno tiene que aceptar ser parte de esas condiciones de explotación. Vamos, ni siquiera puedes quejarte de la situación del país porque te contestan "¿Qué? ¿Cuál es el problema?", como si el problema fueras vos.
Luego me fui a Argentina. Lo que pasa conmigo es que dadas estas circunstancias yo lo que más he tenido son novios y novias, no amigos. Y eso lo he hecho mal: le he puesto casi toda mi atención a mis novias en vez de a mis amigos (que casi no tengo). Cosa que tengo favorecida zodiacalmente. Me pregunto si soy así porque soy Libra o si me comporto como una Libra porque toda la vida me dijeron que los Libra somos así. El punto es que me fui a Argentina con mi novia.
En Argentina otra vez no hice muchos amigos. Porque ps soy yo. Pero hice muchos más que en España y que en la UNAM, y sobre todo muy bonitos. Son hermosos los argentinos. Son muy mentirosos también. Incluso los que no eran mis amigos fueron gente hermosa. Me da mucho gusto haber vivido en Argentina porque me hizo ver que existen lugares del planeta donde todavía se vive normalmente. México es una puta esquizofrenia y de no haberme ido a vivir a Argentina hubiera pensado, como todos, que así es el mundo. Argentina fue como regresar a mi infancia. Como regresar 15 años en la historia.
A veces cuando estoy muy triste en lugar de pensar lo que pensarían de mí la gente de México, pienso en lo que pensarían de mí mis amigos en Argentina y me tranquilizo. Porque me doy cuenta que lo me pasa es sólo una depresión, como le puede pasar a cualquiera en estas circunstancias. Porque caigo otra vez en el sentido común, que en este país es extranjero. Por muchas cosas, por ejemplo porque (allá en Argentina) uno puede opinar que lo que sucede en este país (México) es terrorismo de Estado y la gente tiene una conversación respetuosa y racional al respecto, no como aquí que se quedan callados y yo no sé si están pensando en denunciarme, que estoy loca o que no saben de qué hablo.
Y luego, claro, cuando regresé de Argentina la brecha que había empezado yéndome a España la vi, ahora, gigantesca. Brechas, brechas por todas partes. Es más, ni brecha había porque ya ni amistades había.
A eso haya que sumarle la situación social. Todo mundo está corriendo todo el día por el estrés y el trabajo, sin tiempo, por los horarios, y la carga laboral, y el tráfico. Nadie tiene tiempo, todo mundo tiene que trabajar. Y además de eso está la otra cosa, que la situación es tan crítica y estresante, por la violencia, la cantidad de muertos, las mentiras, el estrés político en el que estamos metidos, que influye en todo, hasta en las felicidades de las personas y los spots de prevención de accidentes automovilísticos, esta situación hace que todo mundo esté hasta el tope y que nadie quiera inmiscuirse en problemas ajenos ni saber nada de los dolores de otros.
Sin entrar en detalles como que en la primaria me decían que era fea y tonta, o como que el mejor amigo que he tenido me dijo que ya había perdido los cabales, ésa es básicamente la historia.
En realidad yo lo que he hecho toda la vida es tener un chingo de cosas que hacer en mi casa. Sola.
Por eso me revienta tanto que me digan que tengo que aprender a estar sola.
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