No he comido nada hoy. Rompería todos los muebles de mi casa. Tiraría el sofá por el balcón.
Anoche pensé que hoy iría al super. Siempre lo pienso. Pienso: mañana saldré, caminaré por la banqueta, iré al super, compraré una milanesa y aguacates y andaré por los pasillos y veré qué se me antoja, y compraré fruta y haré agua de fruta. Las cosas han mejorado, antes no tenía idea de qué compraría en el super, si fuera capaz de ir. Pero igual me lo decía: "mañana iré". Lo digo no como una promesa, una obligación o como el que atrasa para el día siguiente lo que tiene que hacer porque le da flojera hacerlo hoy; lo digo como una esperanza, "mañana tendré la energía suficiente para ir al super". Pero no sucede así. Mañana tendré la fuerza para ir al super. Mañana se hará realidad que yo sea aquella persona que quiero ser e iré caminando por la banqueta al super.
Esta cosa de tener hambre y no poder tragar. No poder pasar nada por la garganta: tragar. Meterse algo a la boca, masticarlo y hacer ese movimiento de pasarlo por la garganta. Tener hambre y sentir que es imposible llevarse algo a la boca. Tener hambre y repulsión de llevarse algo a la boca. Quisiera romperlo todo. Saber que estás adelgazando, que te duele la cabeza, que quisieras comer, que no te conviene nada no comer, que está todo yéndose a la mierda mientras no comas, y no poder llevarse nada a la boca. Ser incapaz. Comer como traicionarse a una misma, como ceder ante algo indignante.
Hablar como algo indignante. Ir al psicoanalista y hablar aunque no se quiera. Vivir como algo indignante. Vivir aunque ya no se quiera vivir.
Por lo menos estoy escribiendo. Estoy rompiendo algo en el esfuerzo de escribir. Por lo menos no he roto nada. Esos días en que cuesta trabajo hacer la magia de tomar café sin romper la taza.
Vivo en aislamiento total. En libertad pero en aislamiento total.
Voy al psicoanalista 3 veces por semana.
Me persiguen los fantasmas. Fantasmas de mi padre y de otros. De amigos. De amigos. Pasados y futuros. Las cosas que dirían, las cosas que han dicho. Me devaneo el cerebro imaginando respuestas.
Ocupo toda mi energía tratando de enfocarme en lo importante: la libertad y la inteligencia. Toda mi energía tratando de escapar a esos postulados que se han vuelto monstruos que lo acaparan todo, clichés. Antes eran sólo clichés y ahora reinan en el pensamiento. Hay muchos momentos de la tarde en que parece que todo lo que a la gente le importa, entiéndase, todo lo que importa de verdad, todo lo que es reconocido por los otros, es el estatus que tienes. Estatus. Otra palabra vacía. La libertad, la inteligencia, el conocimiento verdadero nunca han importado mucho, pero ahora menos que nunca. Ahora es como si estas cosas hubieran desaparecido de la faz de la Tierra. En México. Me alegra mucho haber vivido 4 años en Argentina porque si no ya me hubiera reventado la cabeza. Están todos enceguecidos, hasta las personas que antes rechazaban la mierda van detrás de títulos falsos como si fueran zanahorias y lo que queda debajo de esa esfera de estrellas infladas es el silencio, el puto silencio, el silencio que le corresponde a una matanza de pobres. Porque es lo que sucede en este país, matan a los pobres. Los pobres que se corresponden con la población indígena. Es un genocidio, sí, porque es un daño directo, a través del asesinato, de una cultura. Mientras que allá arriba en el estrellato inflado niegan que sea un genocidio, desde abajo se duda de que esto tenga recuperación.
Demasiado maquillaje.
Cierto que no hay un rostro verdadero detrás de la máscara, que detrás de la máscara hay otra máscara, pero de alguna manera hay que hablar: demasiado poco mirar la realidad. De ahí, claro, esta matanza. Todo mundo mirando arriba.
Creo en la escritura simple, cotidiana, fragmentada. Claro que los textos cuidados están muy bien, pero no podemos pretender que toda nuestra vida sea un texto cuidado. Creo en la valía de mostrar la vida humana, el temperamento humano, "sin maquillaje". No se salva uno nunca de ponerle maquillaje, pero podemos hacerle como a la democracia y perseguirla eternamente. En un mundo en el que hay que cuidar la imagen propia para tener un trabajo, creo en destrozar esa imagen paradigmática. Creo en mostrar la vulnerabilidad. Es mostrar al ser humano como es y decir: quiero romperlo todo. En un mundo en donde hacia donde voltees hay enfoques cuidados, , creo que es importante arruinarles el paisaje. Tener los huevos para decir "yo soy esto" en un mundo en el que nadie puede ser quien es y en donde todos tenemos que encajar en preconcepciones tortuosas. En un mundo así, claro, en el que la verdad desaparece de la faz de esta tierra.
Porque, pienso, ¿qué pasaría si cuando volteamos a mirar este mundo en vez de ver payasitos maquillados miráramos lo que le sucede a otros humanos? Yo, por ejemplo, no me sentiría tan mal de querer romperlo todo. ¿Qué pasaría no tuviéramos como norma moral callar la anorexia? ¿Si pudieras decir lo que te pasa y aún así tener la posibilidad de conseguir un trabajo? ¿Qué mundo tendríamos si nos viéramos a todos más humanos, más normales? Man, eso no es encontrar el chiclocentro. Se puede seguir sintiendo angustia aunque seamos todos más normales, tranqui, es decir, aunque tengamos todos más libertad para ser lo raros que somos.
Mira, correr hacia el maquillaje cuando te enteras de que no hay chiclocentro no es ser crítico. Te pasa como a mí que siempre se me olvida que hay que ser rigurosos y poner límites para darse cuenta de que el mundo se desborda. Si no es una incomodidad abstracta, cómoda.
Saber que no hay rostro verdadero no significa que puedas ponerte una máscara tranquilamente. Significa acercarnos más al rostro a pesar de nunca alcanzarlo.
Creo en decir lo que me pasa. Y lamento haberle hecho caso a gente que no sabía lo que me decía.
Creo en hablar así, a fragmentos y con fecha de caducidad. Por supuesto que también creo que algo de represión es importante. Y me persiguen los fantasmas. Me persiguen, justamente, en esta ausencia de rostros verdaderos. (Oh qué la mierda ya sé que no hay rostros verdaderos).
Porque sería muy bonito abrir un blog y leer lo que le ocurre a otros.
Es tan insoportable lo que le ocurre a otros.
Es tan bonito levantarse y hablar así. En fragmentos. Recordar un mundo en donde puedes hablar libremente y nadie te va a aislar por eso. Donde se es humano y ya. Donde no tienes que hacer un paper para cada pinche idea.
A mí me gustaría ser jardinera, o trabajar en una carpintería, o hacer pan o ser cartera.
Yo me cago en todos los que creen que para trabajar de esas cosas hay que resignarse a ser pobre.
Cuántos idiotas hay en este planeta. Mira que es imposible cambiar las cosas así.
Morning, pues.



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