Pfft, no. Obvio no le llamé. Me hundí en la miseria más absoluta. Es raro porque "la miseria más absoluta" viene después, de hecho, de la miseria más absoluta. Y ésta a su vez viene después de una genuina miseria absoluta. Pero a la genuina miseria absoluta la gente sólo le llama vivir. Porque hundirme en la miseria más absoluta, apagar las luces de la casa, cerrar con llave la puerta y no volver a abrirla, eso sólo vino después, al final. Antes de eso grité, aluciné, me revolví y pedí ayuda. Y antes de eso callé y viví hacia adelante como hace la gente. Ésa, creo, es la miseria más absoluta. Después vino la locura. ¿Cómo llega la locura? No sé, llega un día en que entras a tu propia casa con todas tus maletas llenas de tu ropa desordenada y tus papeles quién sabe dónde, las dejas en la sala, te recuestas en el sofá y después no te puedes levantar.
No es que estés demasiado triste para levantarte: es que no puedes levantarte.
Ése fue el descenso. Mirándolo en retrospectiva, era como si en alguna parte de mí supiera eso que vendría después que era imposible de saber. Imposible de saber de cabo a rabo, imposible hace entrar aquellos meses en el universo de lo decible. Y era como si yo lo supiera porque cerré los ojos y lo esperé. Tengo miedo de decir esto porque tengo miedo de que digan que yo lo provoqué. Creo que lo más acertado que puedo decir es que no se me hubiera pasado por la cabeza evitarlo.
¿Cómo decir que estoy en el infierno cuando fue aquél el infierno?
Me levanté hoy en la mañana y me reproché a mí misma. Me está bajando. "Me está bajando" es un eufemismo para decir que tengo la menstruación. Durante aquellos meses dejé de tener la menstruación. Ahora la tengo. Ahora que tengo voz y que escribo le llamo a esto infierno.
Lo es. Y esta negación es la medida también en que no tengo voz.
Cerrar la puerta, echarle llave, apagar las luces como un reconocimiento de aquella época sin voz. Ponerle voz a lo que no lo tiene. Decir "esto es el infierno" cuando no lo es, ahora tengo menstruación y varios kilos más, y hay días que no como, sólo días, y puedo gritar por ello y romper un plato de espaguetti. Rompí un plato de espaguetti. Es el infierno, también. El silencio que quiero recuperar rompiendo la computadora en vez de escribir en ella.
No te quieres morir, pero ¿vivir? ¿Hacia dónde? Vivir es el infierno. Poder sumergirse en la locura es la salida, es el respiro. La asfixia es el respiro.
Rompí un plato de espaguetti y me quedé parada en el balcón. No. Me quedé parada en el balcón y después rompí el plato de espaguetti, que había dejado ahí a media noche. Ya hecho. Porque no podía comérmelo.
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