Recién tuve una crisis.
Mi hermano, que está en México desde hace un mes y que no ha podido quedarse en mi casa porque mi casa rompe todos los niveles conocidos del desorden,
Ahora, yo misma le dije desde el principio que podía quedarse el cuarto del estudio... El cuarto del estudio es el mejor porque es donde hay menos ruido y es el más privado. Es el único privado, todos los demás tienen ventanas en toda una pared que dan directo al Periférico.
Me dijo hoy que quería ese cuarto. Yo le dije que sí. Yo, *levanta las manos*, yo admito racionalmente que mi hermano tiene todo el derecho de tener un cuarto en esta casa. Lo que pasaba antes era que el otro cuarto, en el que originalmente él se iba a quedar, aunque primero me dijo que sí es insoportable porque tiene toda una ventana de piso a techo que da a unos metros de una de las vías del segundo piso del Periférico, en otra pared tiene un espejo, también de piso a techo, que refleja los coches del periférico, las persianas no sirven, la goma de la ventana doble está desgastada y entra mucho ruido, en otra de las paredes hay un clóset que no deja de estar a medio hacer y finalmente la última pared está chueca. En diagonal. El caso es que sensatamente decidió que prefería quedarse en el otro cuarto, en el que yo estaba usando de estudio.
Esta misma tarde movimos los muebles.
Pues por hacerlo práctico él empezó a mover los libreros con todo y muebles, se rayó el piso y a mí me empezó a dar una crisis de cara a la ventana de mi nuevo estudio con la pared chueca y el espejo gigante. Entendí que no iba a poder usar ese lugar de estudio. El estudio es mi único espacio donde aún existe una semillita de deseo.
Me di cuenta de muchas cosas. Primero empecé a temblar y me arrinconé en la única esquina de la casa donde me siento segura. Luego me di cuenta de muchas cosas.
Me sentía de frente y orillada a una ventana gigante en mi nuevo estudio. Sentía unas ganas terribles de aventarme por la ventana, precisamente a razón de no encontrar lugar. Me dio vértigo y se me doblaron las piernas como cuando me pasa cuando siento que estoy por tirarme de la ventana. Aún tenía que seguir sacando cosas de mi antiguo estudio. Que era el único lugar que había logrado ordenar.
Me doy cuenta que éste es el único lugar donde me siento a salvo en la casa. Que me la paso aquí sentada en internet, en twitter o jugando, porque es el único lugar donde me siento bien. Y eso desde hace dos semanas.
Me senté aquí, temblando, y tenía intensas ganas de aventarme por la ventana. Ganas irracionales. Y al mismo tiempo algo que llevo meses pensándolo. Como si todos los movimientos del tablero se dieran entonces en un lugar atrás de la mente. Mis ganas de aventarme no era algo que estuviera pensando pero algo que tenía ya decidido. Al mismo tiempo mi decisión de sentarme en el sofá fue también del todo irracional, mi decisión de no aventarme ocurrió más allá de lo que comprendo.
En una situación en la que estoy completamente desesperada, al borde, como temblando y en posición fetal en una esquina, por lo menos emocionalmente, encontré un momento de refugio, con unas pastillas, y un rincón de la casa, y por eso me la he pasado jugando a matar zombies. Aunque he empezado a arreglar la casa. Pero no a la velocidad que mi hermano quiere/necesita.
Tenía también ganas de romperlo todo pero no podía romperlo todo porque mi hermano estaba en la casa entonces tenía ganas de aventarme por la ventana.
Es un sofá que está en una esquina donde las persianas están cerradas pero no está oscuro.
De todo lo demás no sé cómo ordenarlo. Tampoco sé qué es lo que deseo. Lo que quiero es un lugar en paz, silencio y sin estar a la vista de todos.
Estoy arrinconada en mi propia cabeza sin tener un metro cuadrado para moverme y no dejo de escuchar tráfico todo el tiempo y a donde sea que voltee hay ventanas que dan a un estacionamiento perpetuo.
Quiero un trabajo y quiero un espacio para mí, cosa que es completamente justo y moderado, no sé cómo puedo tenerlo, y entonces quiero matarme. Mientras tanto mi manera de sobrevivir es con unos antidepresivos matando zombies en una esquina de mi casa.
La iniciativa personal. Se me pide iniciativa personal cuando tengo el deseo muerto, cuando no hablo con nadie (ahora con mi hermano está empezando a existir un diálogo, tenue sin embargo), cuando tengo el cuerpo atacado y cuando el ruido y las ventanas me tienen mentalmente acorralada entre la agorafobia, el insomnio y la anorexia.
Estoy en este rincón de la casa preguntándome a dónde ir. A un psiquiátrico.
1 comentario:
Te voy a contar algo de la manera más breve que pueda encontrar. Hace un mes presencié la crisis esquizofrénica de uno de mis mejores amigos. Yo sabía de su enfermedad, pero nunca lo había visto en una crisis. Aún no me repongo. Todo comenzó a las 5:50 de la mañana cuando me llamó. Toda persona a la que le suele el teléfono a esa hora entra en pánico y yo no iba a ser la excepción. Estaba muy nervioso, su voz no era la de siempre, se oía, además angustiado. Hablamos como media hora y el acuerdo fue que yo me bañaría, él se bañaría y yo volvería a llamarle. Lo hice, pero también le hablé a su familia. Después él me dio el teléfono de su psiquiatra y la autorización para llamarle. Lo primero que hice fue preguntarle a la doctora qué tenía yo que hacer y cómo tratarlo, porque nunca había estado en una situación como ésa. Ella no fue concreta. Atravesé la ciudad para llegar a la casa de mi amigo. No diré detalles porque me extendería, pero aunque conservaba un pie en la realidad, estaba alucinando en muchas cosas. Eso me dolía mucho. Parecía que su cabeza se comenzaba a fragmentar y cada parte saltaba como si un resorte muy potente la lanzara fuera de lugar. Yo había pensado en estar con él hasta que sus hermanos llegaran. Pero cuando lo hicieron, mi amigo se puso peor y me quedé. Después llegamos al consultorio a Polanco y pensé en volver a mi casa en cuanto llegara la psiquiatra. Cuando ella llegó finalmente, me solté a llorar porque para entonces habían pasado 3 horas y su crisis sólo iba en aumento. La "realidad" se le desaparecía por completo. Temí por su vida y la mía. Los hermanos no podían hacer nada y a la psiquiatra se le fue de las manos todo. Lo único que quería era sacarnos del consultorio para que no se asustara su siguiente paciente. Terminamos en una calle cuyo nombre nuca supe porque en el coche yo iba tratando de controlar hasta donde podía a mi amigo. Nos quedamos ahí, abandonados, esperando una ambulancia en la que llegaría un enfermero psiquiátrico para sedarlo y llevarlo al hospital. Aquí es donde quería llegar yo con lo que te estoy contando. A mí, que no soy profesional de la psiquiatría, me parecía que a mi amigo le urgía llegar al hospital, que el consultorio se había quedado corto. Pero su familia no quiso llevarlo al hospital psiquiátrico, por vergüenza. La ambulancia no llegó y nada se solucionó.
Fuimos a dar a otro hospital, de renombre, de ésos que la gente presume como marcas. Ahí llegamos cuando ya le había hecho efecto una pastilla que le dio la psiquiatra y yo iba en un estado tal de shock después de 6 horas de crisis, que cuando dije que íbamos por una urgencia psiquiátrica, el enfermero preguntó quién de mi amigo y yo era el paciente.
No he podido verlo a solas después de esa ocasión. Con esto quiero decirte que lo quiero aún mucho y lo admiro porque cuando está bien ha logrado muchas cosas y es muy generoso, pero la experiencia de verlo romperse y estar a punto de morir, fuera de control, ha sido una experiencia que aún no termino de asimilar.
En casos graves, según mi opinión, la familia, el enfermo y los médicos deben formar una suerte de cofradía por la vida. No sé qué más decirte sino que un psiquiátrico puede ser una opción viable para superar una crisis.
Si mi amigo se hubiera fracturado al caerse, esos mismos hermanos no habrían dudado en llevarlo a un hospital, al traumatólogo. Pero las enfermedades psiquiátricas tienen aún un fuerte estigma.
Mucha suerte, paciencia y que encuentres cariño o una voz que te diga algo.
Publicar un comentario