Supongo que mientras exista un otro (y si escribo, existe un otro); existe el deseo; porque que exista otro significa que te preguntes qué quiere el otro. Así que en esos términos no está muerto mi deseo. Está en condiciones mínimas.
Además --además yo creo que me pasa que somatizo mi tesis-- el sentido nunca se pierde. Pero lo tengo perdido. Entonces está como rebotando en un tablero de pinball en mi cabeza enciendo aquí un deseo del otro y luego allá y oscilando estúpidamente entre un fantasma y otro.
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