Porque la otra, que te fuercen a comer, es una opción completamente inválida. Nadie puede forzarte a comer. Porque eso es pasar por arriba de ti, de tu voz, de tu voluntad. Y eso es precisamente lo que te tiene sin comer.
Hay muchas formas de forzarse. Por eso yo insisto en que no hay que escatimar ni en dinero ni en calidad ni en gustos: búscate lo más rico. Y lo más amable. Aunque sea plátanos con crema o arroz con leche. Compra la marca que te gusta, aunque sea un lujo. Yo compro huevos orgánicos, leche Santa Clara. Mis compras no están a la altura de mis ingresos, pero eso como y sin culpa.
Conforme vas comiendo, al cuerpo le va dando hambre. No el hambre de la anoréxica, sino el hambre normal. El hambre que te levanta a mitad del sillón a meterte algo a la boca antes de seguir. El hambre normal. El hambre que te hace prever casi sin pensarlo algo en la alacena para comer en la semana. El hambre de hacerte un plato de avena con leche y descansar tranquila con el estómago lleno. Comida simple.
No sé qué es la anorexia. Lo digo yo que tengo anorexia. Supongo que mi anorexia es distinta a otras.
Es como si tu cuerpo agarrara otro carril. Como si unas vías de tren se dividieran frente a ti y el cuerpo jalara hacia "otra" vía. En realidad el cuerpo obedece, repite y sigue lo que el mundo le está imponiendo: tú no tienes voz, tu cuerpo puede ser ultrajado y sí qué lástima que te haya pasado pero no hay nada que hacer y tienes que seguir adelante. Esa aceptación de no tener voz, de sentirse siempre relegada por ser mujer, vulnerada, capaz de penetrarla, pero no de escucharla; nunca tuve dinero por mi profesión, no importó que no acabara la carrera, pero siempre ese comentario alrededor del sexo: tú, yo. Y mi cara y mi cuerpo y sigues bonita, y todavía tienes buenas nalgas, eso me dijo mi ex novia. Y que ya lo olvidara.
El cuerpo obedece, pues. Y se calla. Y no sé qué luz adentro de nosotras grita entonces de desesperación, que aunque todos estemos de acuerdo ya casi sin saberlo en que yo no tengo voz, esa voz está desesperada. Que es eso de que primero no te matas por alguien pero entonces descubres que igual te podías matar porque ese alguien pues está inmerso en todo este mundo y no tiene tiempo para ti ni te entiende y luego no te quieres matar por tu gato y al final descubres que no te quieres matar. Que no entiendes por qué pero que estás segura, cada que te paras en esa cornisa, de que no quieres. De que una vocesita respetable dentro de ti NO LE PARECE BUENA IDEA. ADmí telo carajo.
Es raro porque esa voz que quiere vivir surge en la superficie de la piel como anorexia. El grito se traduce en agorafobia, insomnio, anorexia, amnesia, paranoia y "sensaciones corporales" que hemos descartado que sean alucinaciones. Pero se parecen. Como en la cúspide de las crisis.
Sin caca, sin menstruación, sin luz, sin voz y sin memoria, así sola en 4 ventanas. Hasta cierto punto agradezco que nadie me haya obligado a comer, porque lo hubieran hecho peor. Aunque eso signifique, se traduzca en que me dejaron sola.
Lo que digo es que si estás esperando tener hambre para volver a comer, olvidate. El cuerpo está encarrilado en eso de no comer y la tragedia humana viene cuando parece inevitablemente a algo dentro de ti no le parece que dejes de comer.
O sea pues la gente no se explica por qué no comes si quieres comer.
Aaaaah es un querer comer extraño. Es más bien una desesperación. Es el discernimiento de que eso no está bien. Es el miedo a que se te caigan los dientes. Son las ganas desesperadas, hasta las lágrimas, de recuperar ese deseo de comer. Es un hambre distinta.
Pero es hambre. Es un hambre que duele, que te quiebra, que te deshace de dolor hasta que no te duele más. Y la recuperación es entonces también la recuperación de los dolores.
Es vivir constantemente quebrada del estómago. No tener energía para moverme. Pero es casi como si no pudiera distinguir este dolor y esta molestia constantes, como si apenas me estuviera dando cuenta. Que me duele. Que me duelen los dientes, que me duele la panza, la cabeza. Las articulaciones. Hasta la cara me duele, creo. Como si apenas tuviera voz para decirlo y decir sabes qué?, es que desde hace meses que me duele el estómago, que no hago bien la digestión, que siempre tengo diarrea.
Hay una disociación entre el cuerpo, que agarra otro carril, y un algo indefinido.
Me gusta llamarle un algo indefinido porque no es que mi yo esté claro. Yo misma estoy envuelta en una nube de simbolismos e imaginarios que van por el carril de no existir.
Es sin duda una disociación que comprende la disociación del cuerpo y la mente.
Así que hay algo, en la mente, que te dice que tienes que comer. Y tienes que forzarte a ti misma a comer. Sólo yo puedo forzarme a mí, en una decisión un poco contra mí misma, pero insistiendo constantemente en hacerlo amablemente conmigo, y sin embargo forzándome contra mí misma a comer. Y sufrir, cómo no, este arrepentimiento de estar viviendo a pesar de no saber para dónde ni con qué dignidad. Pero comer.
¿Por qué comer? Pues porque es peor morir de anorexia. Es mejor matarse ya. Pero, volvemos a las mismas, ¿ya te diste cuenta que quieres vivir, que quieres sentirte bien, que quieres otra vida? QUE NO TODO EN TI ANDA POR EL CAMINO DE NO EXISTIR Y DE NO HABLAR.
Poco a poco, forzándote amablemente, sin culpas, durmiendo y comiendo algo rico o sabroso, al cuerpo le vuelve a dar hambre y retoma las vías anteriores.
Sigues sin estar bien, pero llega un momento en que el cuerpo te pide que comas y tú le obedeces. Aunque aún no comas bien al 100%, aunque no tengas una alimentación balanceada, aunque apenas sea un mérito andar comiendo dos veces al día, y aunque aún arrastres malnutriciones y apenas ahora se te empiecen a caer los dientes. Sigues sin estar bien pero llega un momento en que dices: parece que ya no tengo anorexia.
Yo pasaba el día esforzándome por comer. Al levantarme, sabía que tenía que hacerlo en algún momento del día. No sabía ni qué, tan sólo pensar qué comer era objeto de desesperación.
Pasaba todo el día en el sofá planeando que iba a comer.
Y usualmente no lo lograba hasta la noche. Y a veces no lo lograba. Pero no era la norma: sabía que TENÍA QUE HACERLO y me sentía mal conmigo misma si no lo cumplía.
Comer tres quesadillas después de batallar conmigo 12 horas y después irme a dormir triunfal sin preocuparme de que fueran solo tres quesadillas y con la boca con llagas en las encías por haber masticado.
Hacer caca cada día se convirtió en una tarea. HOMEWORK. Todavía después de hacer caca cada día me siento satisfecha, como si hubiera acabado de lavar los platos. WORK DONE.
Each night I try.
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