8 jul 2018

A veces no me quiero morir. Tampoco quiero vivir. Me paso el día revisando noticias en Twitter. Ni siquiera las leo porque a veces no puedo leer. No me concentro. En el peor de los casos me la paso matando zombies. Es obvio que no quiero morirme, me disgusta todo lo que implica. No me quiero hacer daño, no me sale hacerme daño. A veces quisiera arrancarme la cara, o el clítoris, porque no aguanto las sensaciones, porque no aguanto mi propio cuerpo, porque no hay ningún lugar en el que pueda estar, ni la cama ni el sofá ni una silla ni caminando. Sólo quisiera arrancarme el cuerpo. Pero no me lastimo. A veces le doy un golpe a la pared. Normalmente en esas circunstancias es cuando rompo cosas. Pero ya no hay mucho que romper y estoy desesperada. He roto todo. Pero podría destrozar el mundo y de todas formas todo seguiría igual. Rompo mis cosas y lloro. Prefiero romperme a mí. Pero ese asunto de hacerme daño, no me atrevo. Porque quiero vivir. Porque me parece un desperdicio ser la persona que soy y matarme.




Le decía el otro día a mi psicóloga lo que yo haría conmigo misma. Claro que esto lo sé porque lo he vivido y el que no lo ha vivido no puede entenderlo. Si yo tuviera una hija en mi situación, por ejemplo, con anorexia, amnesia y agorafobia, primero no la dejaría sola dos años abandonada en una casa. No le diría que la violaron por su culpa. No le diría que "así son los hombres, como los perros que se cogen a las perras sin permiso". Eso mismo me dijo mi papá. No. Si yo tuviera una hija en mi situación, hablaría con ella. Pero no un día media hora y ya, ya hablé contigo, no sé por qué no te compones. No, hablaría con ella siempre. Sabría de qué va su tesis. Sabría qué fue lo que pasó en Argentina y me hubiera puesto de su lado en vez de ponerme en su contra e intentar llamar a una ambulancia para que se la lleven al psiquiátrico cuando lo único que está haciendo es llorar y gritar que quiere ser escuchada. Hablaría con ella y sabría cómo fue recordando poco a poco la violación, en vez de decirle que tiene contradicciones y que ya no es posible entenderla. Sabría qué medicamentos toma. Le haría la comida. Me acostaría con ella en la cama a hablar. Compartiría su sentido, comprendería por qué hace así las cosas, le ayudaría a arreglar sus cajas de juguetes de la infancia y sus cajas de recuerdos y hablaría con ella de lo que le da vergüenza de esas cajas de recuerdos y sabría quiénes son sus amigos y no confundiría a la gente que le ha hecho daño con sus amigos.

Y entendería cuando llora o cuando grita o cuando se enoja porque las personas tienen derecho a gritar y a enojarse, incluso a desvariar, y eso no justifica que las abandonemos con la excusa de que ellos no quieren vernos.

No. Definitivamente no me daría la cara para decir que mi hija tiene anorexia y agorafobia y amnesia y yo no la he visto porque está insoportable.

Me ha dicho que es mi culpa. Y están enojados porque no soy "una persona productiva". Dos de mis tías viven de la renta de departamentos, e incluso edificios completos, en Polanco. Viven de eso, es decir, una de mis tías es la dueña y otra de mis tías trabaja para ella cobrando la renta de los inquilinos. Tienen mucho dinero. Bueno, fue una de ellas la que me acusó de no ser una persona productiva. Me callé la boca porque tengo esa educación de no molestar a mis tías, educación estúpida. Pero yo de hecho he producido muchas más cosas que ella, lo que no he producido es dinero. Vendía pan. Porque yo no quería "hacer dinero".

Estoy confundida porque no hablo con nadie. Tengo el imaginario congelado. Siento de hecho cómo si algo se me congelara desde el fondo del pecho, siento frío. Se me olvidan las cosas porque no tengo interacción con otras personas y la interacción que tengo es muy agresiva y muy frívola y está esta tendencia de la gente a creer QUE NO ME PASA NADA. Que tengo hueva. Que no le echo ganas. Que no tengo voluntad. Y parece que el castigo a todo eso es el abandono.

Y si me mato, no porque quiera matarme sino porque la vida y mi inteligencia y el cuerpo se me están yendo por el desagüe, entonces dirán que es porque así era yo y porque no sé.

A veces creo que ya estoy demasiado echada a perder para seguir viviendo. No a veces, siempre. Pero sigo aquí porque no me atrevo. Y se sigue yendo mi vida al carajo. Y sigo pidiendo ayuda. Me tratan como un objeto.

La ayuda que recibo es la ayuda de un objeto. Si necesito ir a votar, me llevan como si fuera un jarrito. No me preguntan nada, no hablan conmigo, no les interesa lo que siento, niegan lo que digo como si dijera cosas que no sé o que son falsas. Me dan el avión.

1 comentario:

Unknown dijo...

Tengo dos oídos y un corazón para compartir.
La vida es bella, cuando los ojos del alma miran hacia la esperanza.