19 ene 2008

101 modos de hacerse publicidad que no aparecen en este post

Pensaba dedicar esta semana a Carmen Aristegui, por lo que me gustaría estar escribiendo sobre lo que implica la censura. Casualmente hay relación, o más bien uno trae el chicle y todo se pega a la lengua, el caso es que no pude realmente dejar de pensar en los modos de hacerse publicidad.


MODOS DE HACERSE PUBLICIDAD A UNO MISMO



Cada quién tiene su manera de hablarse a sí mismo. Lo demás es publicidad o rarísima excepción. Incluso las rarísimas excepciones siempre tienen influencia de un hablarse a sí mismo como otro mientras se aprovecha y de paso nos hacemos publicidad los dos. Pero exageraría, también. Nuestra publicidad es la imagen o el punch que creemos que nos resume. El último párrafo de hablarnos a nosotros mismos. Va siendo necesario decir en qué demonios estoy pensando, y cursimente necesitaré citar eso de que hay que pensar por uno mismo. Kant, la humanidad está en continuo proceso de ilustración. Derrida, la crítica permanente que nos salva de una verdad aplastante. Qué va, socratísimo hasta volverlo asfixiante, frase inmóvil, pasarlo de largo y ésa es precisamente la pared, el ladrillo al que llego y que no encuentro como tragármelo.


Hay que pensar por uno mismo. Pero no tienes que pensar para llegar por ti mismo al mismo resultado que yo, para reafirmar mis verdades geométricas "piensa por ti mismo lo que yo estoy pensando", paralelo al "velo por ti mismo"; no es un darme la razón, sino dudar realmente, desesperadamente de tus propias verdades. Pero no dudar, escarmentar el temblor y empezar a creerse que los cimientos son suficientemente sólidos para construir el edificio, no dudar cuando se escoge una carrera, o decides casarte, o darle click al ¿está seguro que desea reinstalar Windows? Se perderán todos sus datos eh?, sino dudar constantemente, críticamente, para siempre. Tomarse a uno mismo en serio. Que la vida sea una crítica, es decir crisis, es decir llevarse a la cama los conceptos con los que inevitablemente amanecemos y con los que inevitablemente nos bajamos de la cama sin dudar del pavimento. ¿Para qué? Para no pasar por alto al presidente ―perdón, al Señor Presidente― diciendo en la radio, tan ufano, que hay que limpiar a la sociedad; para darse cuenta que la renuncia de Aristegui sirve que no veas a los discursos del peje manuel, y para darse cuenta que otros también se dieron cuenta de la coyuntura, y pretenden hablarnos como si lo hubiéramos pasado por alto, y pretenden meterlos a los dos en la misma canasta. Sirve, finalmente, para no olvidarse de mirar los ojos del Mouriño ése cuando se le olvidó con quién había hecho alianzas para la reforma energética. Para eso sirve hablarse a uno mismo: para no permitir que nos hablen de limpiezas. O para permitirlo. Precisamente, para darnos cuenta, para que pase por aquí, por nosotros, para no ser una bola.


Pensar por uno mismo es tener ideas propias, no refritos, no fusiles. En el extremo pensar por uno mismo es eso. Pero, ¿qué cosa no es un fusil? Anécdota conveniente, inserte:




DISEÑADOR DE COCHES: La mayoría de la gente cree que el auto que tiene es suyo, es decir, que le pertenece. No se dan cuenta que lo que tienen es el diseño de alguien más, la idea de alguien más que anda rodando por el mundo. Un diseñador, en cambio, cuando ve un coche, puede realmente decir: ése es mío.


Yo: Y bueno, si nos ponemos así, la mayoría de la gente cree que sus ideas son suyas.


DISEÑADOR DE COCHES, algo molesto: Claro que no, es como si dijeras que yo no pienso mis ideas (¡!)


YO: Eso es precisamente lo que estoy diciendo, sí.


DISEÑADOR DE COCHES: No puede ser. Mira, yo nunca he leído a Hegel y a esos, si pienso lo que pienso es porque yo lo pienso.


YO: Bueno, yo tampoco sé quién diseñó mi coche, pero yo lo manejo.




No diré que la persona con quien mantuve esta conversación fue mi propio hermano, porque es una excelente persona, completamente diplomático, inteligente y amable nada más de mirarlo. Lo es realmente, y este fragmento no le favorece así que no se lo adjuricaré. Maxime que la idea no le gustó mucho, más bien como que lo ofendió, cosa que no era el propósito. En cambio asumiré el principio para mis propias ideas: no son mías. Tan creo esto que decidí dedicar mi vida a encontrarles su bibliografía. Y luego, por supuesto, uno cree en ellas. Las hace propias, las maneja, las pasa por la verificación, choca con ellas y asume las responsabilidades jurídicas pertinentes porque son nuestras —las ideas.


Pero en el fondo, y me ahorraré las digresiones, lo que las hace nuestras es que las creemos. No sé quién diseñó mi coche, pero yo decido manejarlo. Es decir, hacerlas nuestras es hacernos responsables de ellas. No responsables de ellas como un extra que viene cuando son nuestras, sino que es precisamente eso y nada más que eso lo que las hace nuestras. Creerlas.


Y el proceso de creerlas pasa por aquello de pensar por uno mismo lo que uno no pensó, o se acerca. Lo demás es hacerse publicidad, es decir dar por sentado que las cosas son de tal manera, que uno es o cree tal cosa. Que uno se conduce por la vida así, no vayamos a chocar. Paso 5 minutos frente al espejo perfeccionando precisamente eso: la publicidad de mí misma. Ésa es mi publicidad, mi pancarta o mi advertencia: "nunca aprendí a maquillarme, háblame bajo tu propio riesgo". Otros días diré "no creo que necesite maquillarme, háblame bajo tu propio riesgo". O bien otras de las que no quiero acordarme, publicidades de mí misma que ni siquiera quiero saber que existen.


La publicidad no está mal. Puede ser mala publicidad, pero no está mal que exista. No estoy diciendo que sea propia de gente que no tenga algo interesante qué decir. No, en absoluto. Dudaremos del pavimento, pero al salir de clase tendremos que caminar hasta el coche. Quiero decir, la publicidad es necesaria, pero es por nacimiento una mentira: nace de la certeza de algo, pretende encapsular una verdad, es un ladrillo cuyo propósito es dejarse caer como una sentencia, dejar claro algo. Entre más claro lo deje, mejor. Lo otro, los pajarillos, hablarse a sí mismo, pensar por uno mismo, filtrarse a uno mismo es deshacer esa sentencia. Sentencia necesaria porque uno siempre se responsabiliza, se comunica. pero que sólo es tal si uno cree en ella, es decir, si se responsabiliza. Santa Claus. Plop Santa Claus. ¿Habrá cápsulas de la crítica?

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