3 may 2008

FEMACO, let's perform everything

Because...

The world is yours

FEMACO, Feria México Arte Contemporáneo
Siempre he pensado que la gente que se detiene con cada una de las obras de una exposición de arte, es la misma que jamás entenderá qué demonios tiene de maravilloso «cortarle la pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera y despachar la carta en el correo de la esquina».


A la FEMACO me colé gracias a los conectes de una amiga. Una vez adentro, y debido a ciertas maniobras de escape por las cuales tuve que sacrificar momentáneamente a mis amigos, terminé dando vueltas sola y aleatoriamente por el lugar. Ya iba de malas. Iba de malas porque a algún buen lector de mi blog le había dado por opinar, vía messenger, que mi feminismo se debía a mera ardidez de romances pasados, y que, en todo caso, ya era hora de que «madurara». Así que iba muy de malas.


Ser recibida por publicidad de Cuervo, Perrier y Volaris tampoco mejoró mi estado de ánimo. Sí lo sé: es una desgracia que mi sensibilidad artística no de para tanto. Además conforme iba avanzando "algo" no podía pasar inadvertido: el ambiente pesado, protagonistas del arte rodeados de cazadores de conectes, cincuentonas de peinados estrafalarios poniendo cara de entendidas, conocidos de la prepa, incapaces de descifrar un par de versos de Sor Juana, admirando focos y una sombrilla. Es difícil que me imponga principios morales, pero uno de ellos está casi comprobado: si al lugar a donde voy me encuentro más conocidos de la época de mi prepa que de la época de mi carrera, lo más probable es que esté en el reven equivocado —hay grandes excepciones.


Así que todo esto enturbiaba un poco mi domingo, pero a penas un poco; lo que me tenía de un pasillo a otro como si llevara pulgas en los zapatos era más bien mi intolerancia. Esa maldita manía de juzgar lo que está bien y lo que está mal, y correr a mi casa a postearlo. Que mi feminismo sea producto de mi ardidez no me altera, ésa es idiotez consumada; lo que me altera es que más de uno me haya dicho que llevo la contraria na' más por llevarla. Y a pesar de que creo que la disidencia tiene siempre una pizca de crítica saludable, a mí también me molesta andar por la vida molestándome de todo. Que si los spots de la cámara de diputados, que si la publicidad, que si el progreso, que si FEMACO... sí, yo también andaba por los pasillos diciéndome «ya párale».



Pero no todo estaba perdido, al parecer a algún artista le sucedía lo mismo que a mí: a la derecha, "Circuito de legitimación", de Iván Trueta. Grafito y papel sobre panel recortado; 70 x 90 cm. $1,800 USD. Si hacen clic sobre la imagen, pueden ampliarla.


Lo que acabó de recuperarme el ánimo, finalmente, fue llegar al final de la exposición y ver que un restaurante improvisado ocupaba el mismo stand que el resto de las galerías. (¡!) Eso es arte. Déjenme explicarme: por dos segundos uno podía ver a la gente comer con la misma actitud con la que se mira una instalación. Maravillosos dos segundos que le daban sentido a todo lo que había estado viendo. Que sacaban a toda esa parafernalia de la esfera en la que andaba flotando, y la plantaban ahí, entre muros ficticios de una bodega y una procesión acatando su atadura a un orden escalonado. Aquello se parecía más a un K-Mart que al museo del Prado, y no por casualidad.





La mayoría de la gente va a esos lugares pensando una de dos cosas: 1. O bien pensando que sabe qué es arte, 2. O bien pensando que no entiende qué es arte. Cualquiera de las dos se basan, normalmente, en un concepto único de arte. La pregunta que le da sentido a todo lo que se ve es ¿qué es EL arte?


Dando vueltas por ahí pensé que era terrible que tuviera 25 años y no 7. Uno podía pensar un millón de cosas con ese material, y si hubiera tenido 7 años me hubiera viajado aún más. Era eso: material para pensar. Puntos de inicio de recorridos imprevisibles. Porque, ¿desde cuándo es prudentemente previsible la imaginación?


Cuando nos paramos frente a un video suponemos una serie de cosas de antemano. Suponemos que nos van a contar algo, por ejemplo. Y ese algo ya viene cargado o definido de cierta manera: lo que es algo tiene alguna finalidad o definición, se le puede englobar, modular o compactar en, digamos, un video. O un libro. O un anuncio. No cualquier cosa es algo.


AGGTELEK. Tapizan una pared con cartones que alguna vez fueron cajas. Luego tapizan el suelo. Lo pintan todo de azul. Despegan algunos cartones y hacen dos bolas. Luego hacen un robot. Luego apilan otras cajas y hacen cuatro o cinco columnas. Hacen y deshacen, pintan, pegan, despegan, construyen, tiran… Lo normal es quedarse mirando, esperando, pensando a dónde va llegar todo eso. Y no llega a ninguna parte. No hacen “nada”. Lo que hacen lo destruyen, y de eso construyen otra cosa que por supuesto vuelven a destruir. Si arte es eso que hacen, ciertamente no es el arte que conocemos, porque el arte que conocemos lo guardamos en museos y lo valuamos estratosféricamente. No lo aplastamos. No hacemos eso. Eso es otra cosa: un juego, precisamente. El punto ahí era poner al aparato conceptual a correr y a gritar como en la hora del recreo.


El video reflejaba lo que había estado pensando. Lo normal en una exposición de arte es quedarse mirando, pensando, esperando a ver a dónde va a llegar todo eso. Y no llega a ningún sitio. Es necesario darnos cuenta de eso. No llega a un “concepto” de arte, definido, englobado. Por eso el lugar parece un K-Mart: pasillos modulares, intercambiables, en una bodega. ¿En dónde plantaríamos los ladrillos? Carlos III sí que sabía dónde poner los ladrillos. Pero en esas épocas los reyes sabían esas cosas porque eran enviados de los dioses; luego los dioses se murieron y nos dejaron aquí con nuestro desastre.


Toda esa indeterminación incómoda puede dar pie a situaciones contradictorias en el plano moral, práctico. De un lado posibilita un diálogo político que tome en cuenta que hay cosas que no se pueden tomar en cuenta de antemano, los imprevistos de un otro. Por otro lado puede hacer explotar el capitalismo más salvaje: ya no hay reyes que ordenen con seguridad de columna neoclásica inquebrantable, lo que hay es una apertura de mercado donde no hay reglamento que medie un poco el asunto.


No es de asombrar, entonces, que a la vez nos reciban con propaganda de Volaris y Perrier.





Link a la página de la galería en donde expone AGGTELEK

11 comentarios:

Wunderkammer dijo...

Qué pedo con el que comento eso sobre tu feminismo, pinchis reduccionistas.
Btw, eso de los anuncios de volaris y no se qué más en el mismo espacio donde estan las piezas de arte, ps es indicio de que el arte esta dentro de una lógica especulativa, la pieza es signo-mercancía (como los Air Jordan de Steinbach) que se apoya en otros signos-mercancía como volaris (y la publicidad que seduce).
El otro día, una amiga me mostró fotos de su viaje a Cuba. Lo más sorprendente, es que los letreros de "baño" o "taller" son pequeñisimos: el diseño es inexistente, solo se escribe con un lapiz la palabra sobre la pared. Ya luego me quedé pensando que el puto diseño se vale de la creación de un ambiente estético para ser consumido, como en este caso, la publicidad de volaris y demás en la femaco.
P.D. A mi tambien me dan escozor esos eventos.
Saludooss

ix dijo...

Ah, los signos.

Ni me hables de signos, sueño con significantes que aplastan sin éxito a los significados cual Homero ahorcando a Bart Simpson.

Y debido a que de momento no puedo decir absolutamente nada coherente acerca de eso, te sacaré la vuelta cobardemente.

Lo que intentaba decir, más bien, es lo siguiente: el arte es una cosa muy importante. Es arte es algo. Digamos un ALGO entre los algos. Ese algo (tal vez precisamente un signo, o un significado) se ve súbitamente ninguneado (je, me encanta la palabra "¡no me ningunees!" me decían los policías de mi secundaria), decía que se ve súbitamente ninguneado por un video que no cumple los requisitos para ser algo. Que destroza eso que llaman arte. Que no le da la importancia que el arte merece. Que, más allá de empezar revolucionariamente por el final, o de sacarle la vuelta a los clichés empezando por la mitad; simplemente se deshace de principios, medios y finales.

Como los niños que todo lo destrozan y que sólo hacen niñerías sin importancia. El arte, entonces, deja de tener todas esas determinaciones características de los algos.

Propicia entonces el ánimo suficiente para descolgarse de alguna que otra cosa que uno ve por ahí, a pensar. A pensar sin el estrés de tener que pensar algo "importante", sino algo honesto. Sin tener que encontrarle ese sentido oculto a la Mona Lisa, sino algo que sea personal, auténtico, honesto... qué sé, algo que te haga mojarte, que te comprometa contigo misma. Ya me puse cursi.

Y que en fin, esa indeterminación posibilita también el tipo de mercado que tenemos. Y al diseño, por supuesto. Pero sin determinar de antemano algún sistema de valores... o sea, es un modo que, como toda circunstancia, tiene sus respectivas sendas del Señor.

O sea, a mí me gusta el diseño, y? y?

Pero sí estoy de acuerdo contigo, todo esto se vale de su ambiente. No sé si estético.


Y bueno... saludos! ;) sigue comentando, me encanta encontrar un otra. je.

ya, ciao

GoLDs dijo...

Cuando empecé a leer tu comentario, por un instante pensé en el Homero griego ahorcando a Barthes, luego sacudí la cabeza sintiéndome igual de caricaturesca, riéndome de mí misma.

Leí justo esta semana "the artworld" de Danto. (Ya me disculparán por escribir los títulos y las referencias en inglés, pero eso de buscar una interpretación satisfactoria por lo general me desvía del punto al que quería llegar.) El artículo pues, fue escrito en 1964, y se basa en "Brillo Boxes" de Andy Warhol.

Brillo Boxes, Andy Warhol, 1964

Danto llega a la conclusión de que la esencia del arte debe ser conceptual, puesto que esa pirámide de cajas podría ser confundida por cualquier caradura (¡caso de interpretación satisfactoria!) con cualquier pirámide de cajas de fibras enjabonadas que apilan en el supermercado. El argumento, muy por encimita, dice algo así: no hay nada en el aspecto material de la obra que revele que es una obra de arte, como se revela, por ejemplo, un Rembrandt, así que lo que convierte a la obra en una obra de arte debe ser un estrato conceptual adicional que no se puede percibir con los sentidos.

Podríamos decir que eso es un algo, pero yo no estoy de acuerdo. No cualquier algo convierte cualquier cosa en una obra de arte, y menos uno que puede pertenecer a cualquier otro campo. Yo soy más esteticista en ese sentido, y no estoy hablando de lo que se considera estético en cada época, ni de lo que se considera revolucionario, ni de la prostitución de la belleza, sino de esa cualidad particular del arte que despierta lo sublime y que le otorga autonomía, esa autonomía de la que goza la experiencia estética de cualquier otro interés (tú leíste a Kant), pero también soberanía creativa sin fines morales, roles educativos en la sociedad, o afiliaciones políticas. Que esos los tenga además, vale, ya Brecht puso a Wilde en su lugar, pero no son substituto de lo que puede generar esa experiencia sublime.

También esta semana, me topé con una noticia graciosa, de unos barrenderos que destruyeron una escultura porque pensaron que era basura. Los mandaron a la escuela de arte.

La noticia, también en inglés

Yo dudo que exista alguien lo bastante caradura como para confundir "La Piedad" de Miguel Ángel con un pedazo de basura. Y si la teoría de arte tiene que pecar de intolerante, mientras que es deporte castrar protestas, pues que peque. Tal vez el arte así se reproduzca.

En fin, estoy leyendo "13.99 euros", de Frédéric Beigbeder, y hablando de Volaris y Perrier dice, "Me gustaría resolver este misterio: averiguar de qué modo, en el punto más álgido de una época cínica, la publicidad fue coronada Emperatriz."

ix dijo...

Bonita manera tiene usted de decir buenas tardes ya tengo un blog y no lo puedes ver, eh?

1. Estoy de acuerdo con que lo que es arte está más del lado del aparato conceptual que del lado del mundo.

2. ¿A qué te refieres con "podríamos decir que eso es un algo"? ¿Al concepto o a la obra?

Pa' empezar yo no digo que cualquier algo sea obra de arte. Yo digo que las obras de arte son algo. Una cosa es untarle la mantequilla al pan y otra muy distinta embarrarle pan a la mantequilla.

Al menos no fue lo que dije desde el principio.

Lo que dije fue que en toda discusión sobre, o en todo discurrir por una exposición de arte contemporáneo, lo que priva (lo que me parece que priva) es una idea de qué es el arte. Y lo que intenté decir a continuación fue que esa pregunta, que tiende la línea por donde empezamos a recibir impresiones, está equivocada.

Que para que esa "experiencia sublime" tenga lugar, es importante no preguntarse qué es el arte. EL arte, con toda la importancia que lo recubre. Importancia que descansa, valga la reduncia, en una unidad y determinación de lo bello, unidad categórica que es capaz de mandar a la escuela a treinta barrenderos por vías legales. Que no es poco: aquella unidad de lo bello, aquello que es bello, es tan poco discutible y tan determinado , cierto o verídico que tiene implicaciones jurídicas.

No digo que las implicaciones jurídicas, morales o políticas determinen o sustituyan la obra de arte. Digo que la idea que tenemos de arte descansa sobre aquello que posibilita a la vez lo jurídico, lo moral o lo político tal como se le entiende tradicionalmente. Cosas importantes, determinables y, en algún sentido, verídicas.

Por cierto... aquello sobre lo que descansan ambas cosas, el arte y la moral, no es en absoluto una experiencia estética de la vida, sino más bien una experiencia moral, logocéntrica, que aplica ineludiblemente diferencias al mundo, al grado de decir ARTE.


...

Sí, me parece que aún tengo más cosas qué decir.

3. Si la pregunta de qué es arte está equivocada,¿entonces arte es cualquier cosa?

Supongo que ésa es la pregunta de los 34 mil.

Yo, al respecto, pienso dos cosas.

a) En primer lugar por "arte" a mí se me viene más a la cabeza lo que ocurrió, en materia de "experiencias sublimes", entre el Renacimiento y 1920, 1950. Más o menos. Digamos más o menos de los alrededores de da Vinci a Picasso y los muralistas.

Lo importante es que afuera de esos límites lo que sucedió, me parece, lo siento, lo intuyo, me sale de los cojones, fue/es otra cosa. Una otra cosa irreductible a eso que entendemos por arte. Una cosa que no podemos meter en nuestra idea de arte, con todas sus implicaciones. O bien habría que destender, estirar bastante el susodicho concepto.

Esta idea se me ocurrió hoy en la mañana. Golpéame.

b) ...¿qué era lo otro?... Ya.

Me parece que la "experiencia sublime", la pregunta de qué es arte o de si cualquier cosa es arte, es paralela a la pregunta de qué es filosofía, qué es interpretación y de si, a partir de todo esto, cualquier hijo de vecino podría venir a decir su verdad.

Porque, si no hay verdad y las cosas son interpretación, entonces ¿qué demonios hacemos tomando clases misteriosísimas de filosofía?

Tumbar límites, uno tras otro incansablemente. Es la cosa ésta del deseo inacabable.

Una, efectivamente, "experiencia" personal que consiste en ponerse a sí mismo, que es lo único que se tiene, en tela de juicio constante. Un pasar por Hegel, Nietzsche, Heidegger, etc etc, para seguir pasando por.

La verdad, como el arte, serían experiencias personales; y éstas, la calidad de éstas, ya no dependería tanto de la verdad fáctica, del más o menos cerca de cómo son en verdad las cosas; sino que dependería más de la intensidad o la honestidad del sujeto que se pregunta, discurre u observa una obra de arte o un discurso. De los criterios con que un cualquiera escucha los criterios de otro cualquiera.

Se multiplica tanto como personas hay en este planeta. Pienso. O incluso como "momentos" hay en el planeta.

Si te fijas, en ese caso no es que "haya o no haya arte", la pregunta ni siquiera cabe. Porque también, si nos pusiéramos serias, sería un poco loco tratar de determinar qué es arte ya no digamos en el mundo, sino tan sólo de la franja de Gaza para acá. Lo que tenemos son "experiencias".

Es decir, no es que arte sea cualquier cosa. Entre las múltiples cosas que ocurren en mi vida yo no considero que cualquiera de ellas me produzca esa "experiencia sublime", pero de ahí hay mucho trecho a afirmar que lo que yo efectivamente considero tal experiencia, sea la misma ya no en cualquier otra persona, sino en cualquier otro momento de mi vida.

Heme ahí.

Y habilita tu blog.

Besos

Rodrigo Hernández dijo...

En este momento yo quiero decir que sí, es de suma importancia preguntarse qué es arte y qué no, cuestionar los criterios para responderle, cuestionar los criterios para estos criterios y etc, etc. Pero de alguna manera en cada pieza única hay la oportunidad, además, de otra pregunta: ¿qué está siendo dicho aquí?
A veces estamos demasiado contentos de tener en dónde cagar nuestras propuestas, protestas, referencias, ganas de dialogar sin dejar al otro lado terminar su primera frase. Pero antes que otra cosa, quizás, al arte le vale madres nuestra aprobación y vive con ello conscientemente. Así planteada la cosa, es una voz al vacío, pero en el vacío está un espectador, que puede o no ponerse a interrumpir una voz que sale de una caja y que, por su parte, no piensa interrumpirse. Sí claro, dirán, en un diálogo es necesaria una respuesta, ¿y si en vez de maquinar reacción mientras escuchamos, hacemos una pausa?
En el caso del arte, estamos listos a negarnos las direcciones que sugiere. Con el simple objetivo de no repetir la vida de la calle, la familia, la política, podríamos ir más lento y disfrutar escuchar una opinión egoista.

Y bueno, con el tema Perrier, Volaris, etc, mi propuesta para la próxima es: pasa rápido hasta llegar a la exposición.

ix dijo...

Yarmuk, pensaba en ti mientras le contestaba a Golds.

Luego vi que respondiste. Luego apagué la computadora, fui a cenar, me hice un café, intentaba leer algo de mi tarea y mejor me regresé a contestar.

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Dos consideraciones de principio:

Dices que sí hay que preguntarse qué es arte y qué no es arte; y que además hay que hacer una pausa para escuchar al artista. Yo pregunto, ¿qué tipo de pausa silenciosa es aquella que tiene ya una pregunta de fondo? ¿no determina esa pregunta inicial (qué es arte y qué no es arte) cualquier cosa que escuchemos?

Incluso al preguntar qué está siendo dicho aquí ya estamos pre-comprendiendo algo de lo que nos dirán. Ya estamos encajonando de antemano un discurso. Ya no le estamos dejando decir cualquier cosa.

Lo segundo: yo no diría que es un diálogo, sino una interpretación. Son dos cosas distintas. En el diálogo se tiene derecho de réplica, como aquí, y uno puede explicarse más hondamente. También: cuando yo abro un libro no dialogo con el autor, lo interpreto.



Pero estoy de acuerdo contigo en casi todo. Sobre todo en lo de contentarse por tener dónde cagar nuestras propuestas (qué detalle el tuyo...)

Hay ya una pre-comprensión en ese diálogo, y a pesar de ello uno intenta escuchar eso que es otro, que no es lo mismo que uno, que no es la mera pre-comprensión revolcada. Uno intenta moverle el tapete a esa pre-comprensión de las cosas, pero siempre parado desde donde se está, con todo un aparato simbólico detrás.

Qué tan intensamente dejas entrar a eso que alguien más te quiere decir, es directamente proporcional al nivel de honestidad que se maneja hacia uno mismo.

Este criterio es personal. Ahí sí, ¿cómo mides tu sensibilidad artística? ¿cómo le haces una prueba de calidad a una obra de arte? No se mide dependiendo de qué tan cerca o lejos estés de la "esencia" del arte, porque insisto en que no hay tal. Es una cuestión de honestidad y la honestidad es indemostrable y personal.

Por otro lado, es imposible acercarnos a las cosas sin una pre-comprensión de ellas. Ya venimos armados. Pero la pregunta con la que venimos puede ser "Qué es EL arte" o "Qué es LA filosofía", o puede más bien apelar a si a ti te convence eso que ves, o lees, o no. Y no es poca cosa, "tú" eres lo único que tienes. Por supuesto siempre será un cuestionamiento sobre la verdad (o arte) de lo que vemos, pero se puede cuestionar la verdad de lo que se lee desde la persona, el individuo, o desde la humanidad. De una manera parcial o de una manera totalitaria.

Me parece que la idea de arte viene cargada de un montón de candados y cadenas que, de entrar con esa pregunta a una exposición sería imposible interpretar honestamente, vivencialmente, nada.

Rodrigo Hernández dijo...

Pues tons estamos diciendo lo mismo. Sólo que para precisar, lo que estoy diciendo es que si nos quitamos la idea de que importa un carajo si tú o yo aprobamos una obra hay chance de una experiencia agradable por un momento breve.

ix dijo...

Es eso:

la idea de arte tiene metida una diferencia entre lo sublime y lo despreciable. Quítate esa idea y entonces se podrá empezar a interpretar tan honesta y hondamente como la lucidez lo permita.

GoLDs dijo...

Aunque ésta es más una opinión personal que una teoría estética o filosófica, y a pesar de que queda muy claro que cualquier argumento se encuentra dentro de un discurso que lo contiene, y que el arte se encuentra dentro de la práctica humana, que está exhaustivamente delimitada por un montón de cosas, que no discuto, decidí escribirla porque puedo (hablando de honestidad, je).

Lo que a mí me gusta del arte es la posibilidad intrínseca de mentir. Y lo decoradas, bellas o grotescas, que pueden ser esas mentiras. Yo no estoy de acuerdo en que para crear arte hace falta honestidad; a mi parecer hacen falta imaginación y técnica. El artista es capaz de hacerte concebir de las más irrisorias incongruencias o las contradicciones más brutales, como lo hace Escher, como lo hace Dalí o como lo hacen Borges, Canova, Wilde o Infected Mushroom.

Yo no digo que no haya que preguntarse qué es el arte para experimentarla, al contrario, creo que más que nunca en esta época post-modernista (ya sé Ale, de las palabras con guión, ya sé, y de todos modos la escribo) hacen falta definiciones. (punto antes del paréntesis, otra cosa que no quiero discutir en este momento). Pero no veo por qué adjudicarle directamente y demandar la reciprocidad que pedimos del resto de las prácticas humanas. No veo por qué la demanda de honestidad. No es periodismo. No veo porqué el arte tiene que partir de una base realista y rechazar directamente el solipsismo, no veo una razón para demandar que nos acerquemos al arte con las mismas herramientas con las que analizamos el resto de la ocupación y el pensamiento humanos, cuando es precisamente el arte la que tiene la capacidad de sobrevivir y florecer en su ausencia.

Pero reitero, es una opinión personal.

GoLDs dijo...

Ah, por cierto, ¿qué blog?

ix dijo...

Goldi de mis amores, me saliste -perdón- más moralista de lo que te creí capaz.

Yo no hablé de la honestidad como "representación verídica o transparente de la realidad". Es más, defendí que no existía tal cosa, y que por eso habría que dejar de preguntarse qué es el arte.

Por honestidad me refiero a una crítica constante de uno mismo, interpelarse a uno mismo constantemente. Quitarse las máscaras. Ya no sólo las que usamos para andar por el mundo, sino las que usamos para hablarnos a solas, o para mirarnos en el espejo.

Mirarnos hasta que duela. O mirarme, porque el "yo" es lo único que se tiene.

Tumbarse los límites hasta sentir que no puedes más contigo mismo, que te desbordas.

El resultado será siempre precario, y NUNCA se parecerá a las proposiciones bivalentes de la ciencia, o a la certificación de hechos de un periodista.

Será contradictorio, inverosímil y grotesco. A veces.


Lo del blog, pues porque tienes una cuenta de blogger. ¿O qué? ¿sacaste una cuenta de blogger nada más para que apareciera azulito tu nombre?

Aunque, ahora que lo pienso, tal vez sea tu cuenta de gmail la culpable de la confusión.

Haz un blog, de todas formas.