“Raymond Smullyan, brillante lógico de nuestro tiempo aficionado al orientalismo, ironizó sobre este tema en su bello libro El silencio del Tao. En él describe un momento en que un imaginario y enojado colega, que sigue con desgana los malabarismos conceptuales del autor para conjugar Oriente y Occidente, termina por espetarle: «Defínete de una vez, condenado Smullyan, ¿crees o no crees en el Tao?» «Eso dependería ―le responde con flema típicamente Zen el interpelado― de mi talante al despertar el día en que te contestase. Si fuese un día en que yo amaneciera con humor occidental, quizá te dijera que tal vez sí. Pero si mi humor matutino fuese oriental, en lugar de contestarte, me limitaría a sonreír con displicencia y ofrecerte una taza de té.»" [Manuel Garrido, traductor del Tao Te Ching de Tecnos 2001.]

O bien, tortilla de papas para el alma. Lo que me recuerda a mi tío (el filósofo) (porque tengo miles de tíos… (¿?) Bueno, en realidad sólo tengo tres: el filósofo, el torero y el gay, si a ellos le sumamos a mi padre, que es físico matemático, bonita la armamos. En realidad es una familia encantadora e interesantísima, supongo que luego me dará por postear acerca de ellos).
Inevitable.
De mi tío el filósofo puedo decir dos cosas. Por razones evidentes resulta ser mi tío favorito (o lo más parecido a ello). Alguna vez, cuando él andaba por acá, caminando no sé por dónde, platicando no sé de qué, de repente volteó a decirme ―con esa voz alarmante que tiene― que él no tenía alma. Así me lo dijo, me dio un golpe en el brazo, como diciendo "hey tú", me sonrío y me dijo ―Cabrona... (pausa dramática) …yo no tengo alma.
Yo, por supuesto, me quedé impactada. Pero no porque no tuviera alma, ¡sino porque yo tampoco la tenía! ¿De qué chingados me estaba hablando?, ¿qué no era evidente que nadie tenía alma?
Creo que se río y me dijo que leyera a no sé quién. He de haber tenido como 17 años y bastante bien me la pasaba con Cortázar y Borges... que por supuesto no hablaban de almas.
Pero lo digo por aquello que él mismo decía, que necesitaba caldo de pollo para el alma antes de que un cabrón le robara el título y lo convirtiera en un best seller.
Pues yo necesito tortilla de papas para el alma, y eso... Bah. Tiempo después, al leer a Descartes, recordé mucho la frase aquella de mi tío, y la pensé y la pensé pero igual seguía impactada. No sólo eso, leí a Nietzsche y seguía sin entender de qué carajos me estaba hablando. Pero este verano que estoy leyendo a Hegel, uno de esos con los que mi tío se atormenta y se clava dos horas en el teléfono, me parece haber entendido un poco. Tal vez lo suficiente para expresar algo cercano a: creo que perdí algo.
¡Pero si nada de esto se acerca a la realidad ni tantito! (Y que conste que justo me acaban de convencer de que la realidad sí existe, aunque no me sorprendería que en el siguiente capítulo me convenza de que siempre no y vean na' más cómo caen...) El caso es que estoy en una crisis.
Severa.
Supongo que todo esto empezó hace mucho. No puedo imaginarme exactamente cuándo. Me agobia entrar en biografías, así que haré corto el cuento ―en la medida de mis habilidades sintéticas, que son pocas. Se sabe.
Yo ando con todo ese rollo de Deleuze y el incognoscible inexistente, el significado, el significante, la escritura... ¿y por qué no?, ¿por qué demonios no? Un blog. Ah. Con todo lo que significa un blog y sus lectores invisibles. Esos misteriosos que llegan with no refering link.
(Los blogs son lugares donde estúpidos como yo
se equivocan
para provecho de vouyeristas voluntarios).
(Pero seamos congruentes y equivoquémonos).
se equivocan
para provecho de vouyeristas voluntarios).
(Pero seamos congruentes y equivoquémonos).
El jueves pasado fue el cumpleaños de Caimán. No sé bien qué había pasado ese día en mi vida que dije órale, va, vamos por unas chelas. Y de esa frase pasamos a enfiestar en la vía pública de la Condesa (porque no había mesas en la mezca y de todas formas no nos dejan fumar adentro), Papa nos convenció de ir al centro, yo empecé a empedar en República de Cuba convenciendo a una incauta de que tenía que leer a Deleuze porque no había nada original en absolutamente nada, el Cagadero del diablo y demás... Acabamos en mi casa. O sea, la incauta, yo y todos los demás ―me cae que la filosofía sirve, pero no da para tanto.
Sobra decir que me puse hasta la madre.
...En mi casa se puede encontrar de todo. Incluso, a veces, psicólogas lacanianas. No recuerdo bien si la agarré de mi psicoanalista, punching bag o contrincante filosófico... Sé que al día siguiente se me olvidó casi todo lo que había dicho, señal inequívoca de que debí haber dicho cosas interesantísimas. Lo que recuerdo fue que la conversación giró en torno a «yo quiero un otro» y que pasé los siguientes dos días en un silencio mortal.
Aún no me he recuperado del todo.
Me parece que la cosa se puede resumir en: Escribir es el ejercicio de deshacerse del significado.
Básicamente, escribo porque hablo. Si escribir es infructuoso, tendría que callarme. Pero no callarme un par de días, sino volverme taoísta. Tendría que tomármelo en serio. Porque sí.
Dado que yo vivo del otro lado, y en este otro lado no hay lugar para taoístas, he decidido hacerme una tortilla de papas y hablar.
Todo en mi vida son hilos sueltos. Escribo para entenderme, hacer unidades, tener un piso. La gente habla. Dice cosas. Dice incluso «No me chingues, es imposible saber quién eres. Nadie sabe quién es». Lo aseveran parados en yo no sé dónde demonios. Me levanto como un resorte desde mi anestesia, de mi dolorosísima anestesia, a decirles, casi gritarles: sí, pero ahí estás diciéndomelo.
¿Y de dónde digo yo esas cosas?, me pregunto. Parada ¿en qué?
Porque estoy parada, de eso no hay duda. Y dado que estoy parada, camino. Luego entonces, hablo. Y escribo. Todo se viene como una cadena.
Cuando yo nací se les olvidó ponerme casi todo.
Yo fui un olvido... deseado.
A mi madre se le quiso olvidar que estaba embarazada y llegó 10 días tarde al alumbramiento.
Al doctor también se le olvidó, salió apresurado de su casa rumbo al hospital, un domingo, y chocó.
(Díganme, ¿qué estúpido choca en domingo?)
Diré aún más: todos saben que el 2 de octubre no se olvida, ¿cierto? ¡Ciertísimo! Uno está duro que dale todo el año pa' no olvidar el 2 de octubre. La izquierda de este país esta parada en aquel día de 1968. La izquierda del mundo está parada en esos años.
Aquel esfuerzo por no olvidar no decae nunca. ¡Nunca! Excepto, quizás, al día siguiente de las marchas, cuando aún nos quedan 364 días para volver a acordarnos, ese día de levantar muertos dando el pronóstico del tiempo…
(En primer lugar, ¿qué todo eso no es encontrar un fondo, como si los nombres tuvieran significado? Freud, me dijeron, significaba “voz clara”, o algo así. WTF?, ¿no que no?)
De ahí, acaso, mi descomunal mala memoria.En este mundo soy una incompetente, incapaz de seguir las reglas más básicas de moderación. Me veo normalmente en situaciones que resultan embarazosas para todos los demás y, segundos más tarde, también para mí.
Pero no es el caso de la cocina. Cocinar es una de las pocas cosas que hago espectacularmente bien. Sí, así: en verdad cocino de puta madre.
Yo nací para dos cosas: cocinar y manejar. Sepa Dios por qué estudié filosofía... a todo esto, ¿sabían que mi tío también trabajó muchos años en una cocina?
Como mi abuela, que bien pudo haber estudiado filosofía.
O teología comunista, con la historia que se cargaba.
Lo que sí es que no hallo en mi familia alguien que se haya dedicado con tanto entusiasmo a las instrucciones…
INSTRUCCIONES PARA HACER TORTILLA DE PAPAS

Para abordar el tema es menester salir un poco de la crisis, ¿sabe? Ya sé que no sabe quién es, que pasa tres horas al día mirando al infinito, que es capaz de pararse a hacer pipí y, sin haber hecho pipí, mirar fijamente una pared mientras piensa que aquello es una pared tratando de comprender que es una pared. La cosa está grave, pero un día, tal vez no ese mismo día, pero un día se levantará del sofá, se dará cuenta de que su casa está hecha un asco y que no queda más chocolate Abuelita en la alacena.
Abrirá el refri, y entre unos nopales echados a perder y la botella vacía de un Bacardí, verá dos cosas que, al contrario de usted, nunca le defraudarán: papas y huevos.
Si además tiene sal, ya la armó.
Lo primero que hay que hacer es sacar tres papas medianas del refri y lavarlas. En ese momento se dará cuenta que hay un cerro de platos sucios en el lavadero: no se presione más de lo que debe. Este mundo es difícil y hay que tomárselo con calma. Lave únicamente un sartén mediano y las tres papas.
En seguida ponga el sartén un poco al fuego, para que se seque (porque si lo seca con el trapo, con la colonia de hongos que ha de tener…).
Para encontrar el pela papas guarde primero la montaña de trastes limpios que su novia le ha acomodado en forma de escultura postmodernista (tal vez como un detalle inconscientemente irónico… o sádico). El pela papas probablemente esté en el fondo de todo ello.
Ahora pele las papas.
Es posible que usted esté un poco tenso y empiece poco a poco a agarrarla en contra del tubérculo: tranquilícese porque sus uñas están de por medio.
Ponga las cáscaras de papa en la basura orgánica, es una bolsa que se encuentra escondida en algún rincón de la cocina. Para encontrarla guíese por el olfato y las moscas de fruta.
Acuérdese de quitar el sartén del fuego antes de que algo más se queme este verano.
Ya ha hecho lo más difícil: empezar. Con las tres papas desnudas frente a usted aférrese a su deseo, no ceda ante la tentación de echarse a llorar. La anorexia no lo volverá taoísta, deje de andarle cambiando las cosas a los nombres y vaya a buscar el puto cuchillo.
Ahora, éste es el detalle: las papas hay que cortarlas casi hexagonalmente, desordenadamente. Jamás en cuadritos. ¿Usted cree que con esta crisis me voy a poner a hacer una comida que requiera cuadritos?
¿Sabe por qué a las papas hay que cortarlas en desorden? Yo no sabía por qué. A mí mi madre me había dicho que la abuela le había dicho que había que hacerlo así.
Con las tortillas de papa pasa mucho eso, están llenas de historias. Si no me cree, vea no más usté este post.
Y de gente que se hace la graciosa, por supuesto.
Un día tuve a bien decirle a Pepino, sentada en una de esas cocinas diminutas, escuchándole su propia historia de tortillas de papas, que las papas no se cortan en cuadritos.
Hasta que él me lo preguntó no supe que no sabía por qué, ¿ve usté la dialéctica gastronómica?, ¿la ve?
…déjeme preguntárselo otra vez: dios mío, ¿realmente la ve?
Aaaapufrrshshs.
Ainhoa, en cambio, semanas después, supo darnos la explicación. Sentados en cocina ajena, Pepino y yo la escuchábamos atentos mientras nos daba sus propias instrucciones. Entonces nos iluminó: es para quitarle el almidón. Para que se cuezan más porque, puff... eso cualquiera lo sabe: las papas de la tortilla tienen que estar más cocidas que fritas aunque para ello se les ponga en aceite hirviendo.
¿Ven por qué es bueno hacer tortillas de papas mientras se lee a Hegel? Las comidas que requieren historia familiar y contradicciones son las más indicadas para alimentar al yo que se sabe a sí mismo.
Por supuesto: la tortilla de papas no es usted. Eso téngalo clarísimo. Usted en esta etapa es apenas una consciencia que está a punto de afirmarse a sí misma devorando una diferencia que sólo es verdad en el momento en que la niegue. (Ps por eso es diferencia mi buen).
Es decir: cuando se la coma. (Devorar es un verbo muchísimo más apropiado, le recomiendo usarlo en sus exámenes porque es posible que a sus profesores no les interese la tortilla de papas… por mucho que les diga que viene junto con pegado y que se ha vuelto incapaz de distinguir una cosa de otra).
Ya ha cortado las papas y se ha acordado de gente a la que tal vez nunca en su vida vuelva a ver. No se ponga teatrera y saque el aceite. Sí, ya sé que allá costaba 4 euros cuando los euros a su vez costaban 10 pesos y eran apenas la novedad de la peseta; y aquí, en cambio, 80 baros. Cabrones. A menos de que usted esté decentemente empleado, lo más recomendable no es usar aceite de oliva. Tampoco hay que taparse las arterias: el Nutrioli servirá, aunque odie con toda su existencia al tipejo ése que osa hablar de filosofía en Televisa y aunque, de todas formas, salga carísimo.
No se asuste con el aceite ni con la sal. Eche las papas cortadas en el aceite hirviendo. Mucho, mucho aceite. Bueno, no tanto. Así, más o menos. Lo tirará después, preocúpese por otras cosas... como por entender realmente a Hegel si alguna vez quiere comprarse papas con su propio dinero y tener cara para quejarse del aceite, sea o no de oliva.
¿En serio tengo que hacer esas cosas para vivir?
De hecho el temor a la sal y al aceite suele ser el punto donde los cocineros amateurs acaban perdiéndose. Usté échele con ganas, el sentimiento le dirá cuándo detenerse.
Porque la sal es más o menos como bailar, cosa que yo nunca he podido hacer. Una de tantas cosas que me fueron negadas al momento de mi nacimiento. Yo quisiera bailar, juro con toda mi alma que mi mayor fantasía es poder hacerlo sin parecer una marioneta que está a punto de perder los hilos. O bien, si eso no es posible, yo quisiera cantar. Ser actriz.
De perdis, de perdis, me gustaría poder andar con un escote brutal y dejar este carácter infantiloide que, me temo…
En realidad soy una marioneta
a punto de enredarse
catastróficamente
con sus palabras,
pero eso es otra cosa.
a punto de enredarse
catastróficamente
con sus palabras,
pero eso es otra cosa.
Yo aprovecho esos momentos para echarle pimienta. No es, sin embargo, estrictamente necesaria. En el caso de que se decida por la pimienta, recuerde que es una de esas rarezas que han provocado conflictos internacionales (la Guerra de la pimienta, por ejemplo) y sea moderado.
En ese momento puede regresar a la sala a leer. Las papas tardan mucho en hacerse.
O bien, la desaparición resulta necesaria para que la autoconsciencia se ponga (por ejemplo).
Regrese antes de que empiece a oler a quemado. ¿Cómo saber cuándo es antes de que empiece a oler a quemado? Señor: esta vida le pedirá mucha más intuición de la que usted es capaz de imaginar, no nos esté jodiendo con una tortilla de papas y simplemente tenga en cuanta que si ha empezado a oler a quemado…
Pero apúrese, que el fuego no para.
Y ya que está metido redactándose otra vez palabras mientras hace la comida, no se haga pendejo con Hegel, que de todas formas no lo está leyendo, y aproveche que a las papas hay que moverles de vez en cuando para plantarse en la cocina y lavar el cerro de platos sucios.
Lavar los platos es sencillo: empiece por los vasos y un pensamiento aleatorio, digamos que recuerda que ha quedado de llamar a su madre.
(Ja, ¿tu madre?, ¿aleatorio? Nadie te compra ésa, mi buen)
Su madre que tiene una obsesión con lavar platos y que tuvo la pésima puntería de estudiar psicología. De una cosa pasará a otra y acabará recordando aquella plática que tuvo recientemente… hey, la misma que le dijo que los blogs eran propios de exhibicionistas (¿será necesario subrayar lo de exhibicionismo o así estará bien?) Y ahora que lo piensa, sí, digamos que las diferencias entre aries y leo son de ésas resbaladizas pero determinantes.
Un leo desea atención. Desea TODA tu atención. Un aries, en cambio… ¿qué podría desear si ya lo tiene todo?
Desgracia mía hallarme entre fuegos, por usar la terminología.
No, neto, ¿qué demonios podría desear un aries? Ahora bien, si yo soy el objeto de deseo y ella es toda ella y no necesita nada… voilà.
Menos mal que yo soy ese inexistente para que a mí no me vayan los significados.
Bah.
Para tirar el aceite sírvase de un plato aplanado. Tire prácticamente todo el aceite que pueda tirar sin echar la vida al fregadero. Lo que queda es justamente, ni más ni menos que lo que necesita para seguir haciendo la tortilla.
Como se le han olvidado los huevos, saque 3 rápidamente del refrigerador y con un tenedor revuélvalos en un plato hondo, mucho, mucho, todos, revuélvalos bien y con energía, como si su novio estuviera a punto de venirse. Ahora échele los huevos revueltos a las papas, empiece por las orillas, vertiendo lentamente, dejando caer un chorrito, dando vueltas hasta llegar al centro y ahí deje caer.
Es curioso cómo hacer una tortilla de papas requiere conocimientos bisexuales...
En fin.
De nuevo tiene un momento de paz. Puede aprovecharlo para lavar el plato hondo y el tenedor con el que ha revisado que las papas efectivamente estuvieran cocidas. Ah, ¿no lo había dicho? Pues entonces ya se jodió, eso le pasa por no leer antes las instrucciones.
Y ya que está en ésas, sígase con la tapa del microondas, la parrilla, los nopales echados a perder en el refri... ponga un poco de orden en su vida, por dios.
La tortilla de papas tarda un poco. El método para saber que se ha cocido por dentro, es el olfato. Desde el lavabo huele a que todavía no está, si quiere corroborarlo agite un poco el sartén, el olor saldrá hasta usted y mire, ya se quemó, ¿vio?
Para voltear la tortilla agarre otro plato extendido porque el que usó lo acaba de lavar.
Esto suele ser el paso más complicado para un principiante, de hecho venden artefactos diseñados especialmente para la ocurrencia, así que intentaré ser lo más clara posible en mis instrucciones, sin dar vueltas ni echar rollo, las digresiones suelen confundir y acabar siendo uno de esos puntos...
Dele la maldita vuelta, si no lo hace con convicción se le cae la tortilla.
Aquí está el truco: la tortilla de papas no necesita más que unos brevísimos momentos volteada. Apenas nada.
Y ahora, por favor, sáquela, cómasela y cállese ya.
Como se le han olvidado los huevos, saque 3 rápidamente del refrigerador y con un tenedor revuélvalos en un plato hondo, mucho, mucho, todos, revuélvalos bien y con energía, como si su novio estuviera a punto de venirse. Ahora échele los huevos revueltos a las papas, empiece por las orillas, vertiendo lentamente, dejando caer un chorrito, dando vueltas hasta llegar al centro y ahí deje caer.
Es curioso cómo hacer una tortilla de papas requiere conocimientos bisexuales...
En fin.
De nuevo tiene un momento de paz. Puede aprovecharlo para lavar el plato hondo y el tenedor con el que ha revisado que las papas efectivamente estuvieran cocidas. Ah, ¿no lo había dicho? Pues entonces ya se jodió, eso le pasa por no leer antes las instrucciones.
Y ya que está en ésas, sígase con la tapa del microondas, la parrilla, los nopales echados a perder en el refri... ponga un poco de orden en su vida, por dios.
La tortilla de papas tarda un poco. El método para saber que se ha cocido por dentro, es el olfato. Desde el lavabo huele a que todavía no está, si quiere corroborarlo agite un poco el sartén, el olor saldrá hasta usted y mire, ya se quemó, ¿vio?
Para voltear la tortilla agarre otro plato extendido porque el que usó lo acaba de lavar.
Esto suele ser el paso más complicado para un principiante, de hecho venden artefactos diseñados especialmente para la ocurrencia, así que intentaré ser lo más clara posible en mis instrucciones, sin dar vueltas ni echar rollo, las digresiones suelen confundir y acabar siendo uno de esos puntos...
Dele la maldita vuelta, si no lo hace con convicción se le cae la tortilla.
Aquí está el truco: la tortilla de papas no necesita más que unos brevísimos momentos volteada. Apenas nada.
Y ahora, por favor, sáquela, cómasela y cállese ya.
(Las palabras puestas son para aquellos que prefieren vérselas con ellos mismos.
Tal vez con tal de no confiar en alguien que cobra por escuchar,
…como si la banqueta fuera suya.
Con tal de tener mudos voluntarios.
Tal vez por no confiar en alguien que le encuentra un significado a desplazar.
O bien: porque los psicoanalistas sólo te echan a perder la crisis
de no encontrar nunca ningún otro
y de paso la urgencia de tener 3 huevos que inventarse
aunque no sea éste nunca
o el final de la historia
…pus pa’ pararse en algún sitio)
Tal vez con tal de no confiar en alguien que cobra por escuchar,
…como si la banqueta fuera suya.
Con tal de tener mudos voluntarios.
Tal vez por no confiar en alguien que le encuentra un significado a desplazar.
O bien: porque los psicoanalistas sólo te echan a perder la crisis
de no encontrar nunca ningún otro
y de paso la urgencia de tener 3 huevos que inventarse
aunque no sea éste nunca
o el final de la historia
…pus pa’ pararse en algún sitio)
¿Ya encontró dónde pararse? Bien. Tiene dos opciones: ponerlo frente a usted para analizarlo, descuartizarlo y… eventualmente matarlo porque esas cosas tampoco son milagrosas.
O guardárselo, ponerlo en una cajita y decir esto es mío.
Yo quiero ser taoísta y no puedo. Sufro inconsolablemente por ello, pero apenas escucho «es que no te entiendo»… Ni hablar.
O guardárselo, ponerlo en una cajita y decir esto es mío.
Yo quiero ser taoísta y no puedo. Sufro inconsolablemente por ello, pero apenas escucho «es que no te entiendo»… Ni hablar.