Yo no debería estar publicando esas cosas...
Lo que sucede ... No sé exactamente lo que sucede. Ahora, que son las 4 y media, y que milagrosamente me he mantenido en pie sin café y sin alchohol, porque no tengo ni uno ni otro, y básicamente porque el gin me da dolor de cabeza, ahora que me he mantenido milagrosamente en pie con un vaso de leche, un cubo de rubik y un libro que no quiero leer (por eso el cubo de rubik), creo que he entendido algo.
Es increíble cómo uno se puede pasar horas moviendo cuadritos. HORAS, y cada minuto estar pensando que esta vez sí es el movimiento correcto.
He querido hacer de mi blog un experimento honesto.
Aunque no sé muy bien lo que eso significa. En la base, me parece, está la idea de que yo soy lo único que tengo.
No sé cómo explicarlo... Una vez se lo expliqué a Papa y me parece que lo entendió. No sé cómo le hizo.
Hablábamos sobre el teatro, los guiones, el arte, las fabricaciones y demás. Sobre cómo hacer algo bueno, con qué criterios corregirse a uno mismo, de qué manera hacer la autocrítica.
Le dije que dado que nadie conoce más que a sí mismo, el efecto que el objeto de la fabricación debiera tener, debiera tenerlo sobre el propio autor.
No sé si me expliqué.
Supongamos que uno hace una escultura, digamos un montón de cajas apiladas, con el objeto de quitarle el suelo al espectador... (en verdad no sé por qué hacen cajas apiladas). ¿Cómo saber si tu obra tiene realmente el efecto que deseabas? No hay más: uno mismo es la única materia con la que se puede experimentar.
Básicamente, para volver locos a los espectadores, el primero en volverse loco debiera ser el propio autor. (Condición necesaria pero no suficiente)
Todo depende de los objetivos, claro. Y es ahí donde a mí las cosas no me quedan claras. O sí y no. Porque mi intención no era volver loco a nadie. Luego se me ocurrió que tal vez pudiera aligerar un poco todo lo mío que estaba poniendo, haciendo ver que de todas formas este blog está escrito y está siendo interpretado por otros "yo" que no son más que ellos. Pero eso fue luego. Y tampoco fue mentira: yo misma interpeto mi blog con nada más que mí misma.
Lo que he estado haciendo de un tiempo para acá es experimentar con mi propia vida.
Porque no entiendo nada.
Me la he pasado escribiendo lo que pienso. Corrigiendo apenas y mal. Haciendo bromas excusándome de dar explicaciones con tal de poner en palabras las cosas que se piensan y se van, como hilos. Tratando de encontrar una verdad en mí misma con aquella idea de la inexistencia de la verdad. Precisamente: si no hubiera dudado de la existencia de tal verdad, tal vez nunca me hubiera visto en la necesidad de escribir tratando de atar lo que pensaba, o de atarme.
Yo no quería hacer de este blog un diván de psicoanálisis. Ni un confesionario, ni un big brother, ni un correo de chismes ni nada de eso.
Hay quien escribe como si escribir fuera catártico o terapéutico. Eso siempre me ha dado asco (puf, y por un montón de cosas que no vienen al case). ...¿Catártico hacia dónde?
...Yo quería escribir textos redondos, bonitos, circulares, bien escritos, etc etc etc. Y para ello necesitaba la publicidad, del mismo modo que un cuentista necesita un taller.
Pero como yo no escribo cuentos, ni poemas, ni ensayos ni nada literario, a mí los talleres a estas alturas de mi vida no me van. Porque no me lo voy a tomar en serio.
Y como vi que Lucía tenía un blog, me dieron ganas de tener yo el mío. Porque además pensé que teniendo un blog me obligaría a escribir, cosa que cuando no se tiene un blog es fácil olvidar.
Nunca he dejado de escribir. Siempre he tenido libretas y siempre he acabado por abrir una hoja nueva en Word para escribir tonterías. Lo que pasa es que con las libretas y Word acabo haciendo lo mismo que lo que recién he hecho en el blog: los convierto en un diván.
(Sí: a mi psicólogo también le contaba chistes a moco tendido)
(A veces no le hacían gracia)
Uno no debiera publicar sus divanes. Me consuela saber que tomé mis precauciones: a mi madre le enseñé las aventuras de Wini Sugus bajo la advertencia de todo lo que significa escribir y, por supuesto, la promesa de no leer nada que no haya pasado antes por mi censura. No tuve que explicarle mucho, sólo me preguntó si no andaba «en algo peligroso»(¿?).
Mi padre apenas se enteró le dije que no era apto para papás.
Y a ustedes nadie les puso una pistola en la cabeza.
Además, si no hay, en rigor, nada más que un "yo", ni qué decir tengo que el arrepentimiento es ondulatorio.
Lo que sucede ... No sé exactamente lo que sucede. Ahora, que son las 4 y media, y que milagrosamente me he mantenido en pie sin café y sin alchohol, porque no tengo ni uno ni otro, y básicamente porque el gin me da dolor de cabeza, ahora que me he mantenido milagrosamente en pie con un vaso de leche, un cubo de rubik y un libro que no quiero leer (por eso el cubo de rubik), creo que he entendido algo.
Es increíble cómo uno se puede pasar horas moviendo cuadritos. HORAS, y cada minuto estar pensando que esta vez sí es el movimiento correcto.
He querido hacer de mi blog un experimento honesto.
Aunque no sé muy bien lo que eso significa. En la base, me parece, está la idea de que yo soy lo único que tengo.
No sé cómo explicarlo... Una vez se lo expliqué a Papa y me parece que lo entendió. No sé cómo le hizo.
Hablábamos sobre el teatro, los guiones, el arte, las fabricaciones y demás. Sobre cómo hacer algo bueno, con qué criterios corregirse a uno mismo, de qué manera hacer la autocrítica.
Le dije que dado que nadie conoce más que a sí mismo, el efecto que el objeto de la fabricación debiera tener, debiera tenerlo sobre el propio autor.
No sé si me expliqué.
Supongamos que uno hace una escultura, digamos un montón de cajas apiladas, con el objeto de quitarle el suelo al espectador... (en verdad no sé por qué hacen cajas apiladas). ¿Cómo saber si tu obra tiene realmente el efecto que deseabas? No hay más: uno mismo es la única materia con la que se puede experimentar.
Básicamente, para volver locos a los espectadores, el primero en volverse loco debiera ser el propio autor. (Condición necesaria pero no suficiente)
Todo depende de los objetivos, claro. Y es ahí donde a mí las cosas no me quedan claras. O sí y no. Porque mi intención no era volver loco a nadie. Luego se me ocurrió que tal vez pudiera aligerar un poco todo lo mío que estaba poniendo, haciendo ver que de todas formas este blog está escrito y está siendo interpretado por otros "yo" que no son más que ellos. Pero eso fue luego. Y tampoco fue mentira: yo misma interpeto mi blog con nada más que mí misma.
Lo que he estado haciendo de un tiempo para acá es experimentar con mi propia vida.
Porque no entiendo nada.
Me la he pasado escribiendo lo que pienso. Corrigiendo apenas y mal. Haciendo bromas excusándome de dar explicaciones con tal de poner en palabras las cosas que se piensan y se van, como hilos. Tratando de encontrar una verdad en mí misma con aquella idea de la inexistencia de la verdad. Precisamente: si no hubiera dudado de la existencia de tal verdad, tal vez nunca me hubiera visto en la necesidad de escribir tratando de atar lo que pensaba, o de atarme.
Yo no quería hacer de este blog un diván de psicoanálisis. Ni un confesionario, ni un big brother, ni un correo de chismes ni nada de eso.
Hay quien escribe como si escribir fuera catártico o terapéutico. Eso siempre me ha dado asco (puf, y por un montón de cosas que no vienen al case). ...¿Catártico hacia dónde?
...Yo quería escribir textos redondos, bonitos, circulares, bien escritos, etc etc etc. Y para ello necesitaba la publicidad, del mismo modo que un cuentista necesita un taller.
Pero como yo no escribo cuentos, ni poemas, ni ensayos ni nada literario, a mí los talleres a estas alturas de mi vida no me van. Porque no me lo voy a tomar en serio.
Y como vi que Lucía tenía un blog, me dieron ganas de tener yo el mío. Porque además pensé que teniendo un blog me obligaría a escribir, cosa que cuando no se tiene un blog es fácil olvidar.
Nunca he dejado de escribir. Siempre he tenido libretas y siempre he acabado por abrir una hoja nueva en Word para escribir tonterías. Lo que pasa es que con las libretas y Word acabo haciendo lo mismo que lo que recién he hecho en el blog: los convierto en un diván.
(Sí: a mi psicólogo también le contaba chistes a moco tendido)
(A veces no le hacían gracia)
Uno no debiera publicar sus divanes. Me consuela saber que tomé mis precauciones: a mi madre le enseñé las aventuras de Wini Sugus bajo la advertencia de todo lo que significa escribir y, por supuesto, la promesa de no leer nada que no haya pasado antes por mi censura. No tuve que explicarle mucho, sólo me preguntó si no andaba «en algo peligroso»(¿?).
Lo único peligroso es mi blof, que diga, mi blog.
Mi padre apenas se enteró le dije que no era apto para papás.
Y a ustedes nadie les puso una pistola en la cabeza.
Además, si no hay, en rigor, nada más que un "yo", ni qué decir tengo que el arrepentimiento es ondulatorio.