23 sept 2008

Instrucciones para leer

Ingredientes:


  • Un texto.
  • Un lapicero.
  • Una pluma.
  • Una libreta.



(Hojas sueltas pueden servir como sustitutos)

1. Se abre el texto. Se lee el título y el autor. Si se le conoce, muchísimo mejor. Caso contrario, es recomendable averiguar al menos la fecha de publicación del texto así como el idioma en que fue escrito. De preferencia, y si le es posible evitarlo, no averigüe absolutamente nada más.

2. Sáltese los epígrafes y empiece usted por las primeras líneas. El párrafo completo, si es corto; digamos no más de una cuartilla.

3. Una vez hecho esto absténgase de seguir leyendo y regrese a los epígrafes. Léalos atentamente, son advertencias de lo que leerá y probablemente pasará por alto.

(Para saber más acerca de cómo leer los epígrafes, vuelva a leer el paso 1)

4. Llegados a este punto se puede empezar a leer. Comience usted por la primera línea, enlácela con la segunda y así consecutivamente. Deténgase cuando sea necesario y revise su encadenamiento. Muchos lectores sienten una especial inclinación y/o vocación por utilizar el lapicero en estas etapas de la lectura. Algunos autores recomiendan no hacerlo[1].

5. Después de algunas páginas de haber empezado a leer, usted sentirá unas vertiginosas e incontenibles ganas de volver a empezar. No lo haga. Si la tentación lo vence, limítese a leer de nuevo los epígrafes. No más de la primera línea. O el párrafo, si es corto.

6. Regrese a donde estaba y siga leyendo.

7. No acabe de leer. Lea hasta que haya comprendido de qué demonios le están hablando.

8. Llegado a ese punto —un punto, por demás, difícil de reconocer (confiamos en que sabrá hacerlo por cuenta propia y no desfallecerá si advierte que se había equivocado) (sucede a menudo) —convénzase de volver a la primera página. Hágalo sin dejar rastros en el párrafo que estaba leyendo.

Para hacerlo más sencillo puede usted leer las primeras palabras de una línea y simplemente recordar lo que decía; leer las primeras palabras de la segunda línea, recordar lo que decía y verificar y/o hacer un enlace con la línea anterior. Continúe así.

9. Puede ahora tomar el lapicero, la pluma y las hojas. El lapicero es para subrayar en el texto; la pluma, para hacer anotaciones en las hojas.

Siga los siguientes pasos: Se dividen los párrafos y se reacomodan con otros. Se suprimen párrafos, líneas o páginas enteras. Se subrayan links a otras rayas. En una hoja aparte vaya apuntando conceptos que a usted le parecen pieza importantísima y agrúpelos de la manera que a usted le parezca más pertinente (a veces es recomendable seguir el orden que sugiere el autor). A esto le llamaremos en adelante un esquema. Una vez que el esquema esté un poco sólido, a punto de cocción, se agregan lentamente los párrafos en frío. Se piensa cada tanto. Déjelo reposar un minuto en lo que va a la cocina por un café caliente.

Una vez que el esquema ha reposado se verifica que los párrafos no se hayan cortado con su esquema, a la manera en que de hecho se corta la leche agria.

Si efectivamente se cortan, agregue un poco más de conceptos y vuelva a verter los párrafos. Es posible que para esto sea necesario regresar a los párrafos subrayados. Se vuelven a leer las partes suprimidas y en general se repite el proceso desde el principio.

10. Así consecutivamente hasta terminar su lectura. Si al final de la misma se da cuenta que es necesaria una corrección, repita el paso 9. En casos extremos repita el procedimiento desde el paso 4.

El problema con los libros es que están ahí toda la vida. Lo piensas muchas veces. Yo no sé cuántas sean demasiadas. Porque el problema de pensar, es que sólo se piensa una vez, a la vez.

Es necesario advertir al usuario que la duración promedio de una lectura es altamente variable.

Tips complementarios:

No se entretenga buscando algo que recuerda haber leído antes pero no recuerda bien en dónde. Si usted hojea demasiadas páginas, acabará repitiendo estas instrucciones hasta puntos angustiantemente infinitos.

Al final se dará cuenta de que le quedan muchos conceptos subrayados, o destacados de alguna manera. Es su elección, usted sabrá qué hacer con ellos. Un coleccionista japonés (H. Murakami) dijo en alguna ocasión que en lo personal él las guardaba “para mejores ocasiones”. Sus más fervientes detractores aseguran, sin embargo, que no era él exactamente el que las guardaba[2].


[1] En una publicación de 1980 (tr. 2003), que le compré de casualidad a un librero que aseguraba que Jaques Derrida sólo estaba de moda, Jaques Derrida aseguraba que las notas a pie de página, a propósito de la traducción, «son una procesión debajo de otra procesión, y que pasa bajo ella en silencio, como si no la viera, como si no tuviera nada que ver con ella, una doble tira, un “doble mensaje”» (pp. 82) Al respecto agrega, dos páginas más atrás: «aún no he agotado las posibilidades, ni he puesto en escena al guión corto» (pp. 80) “SOBREVIVIR: Líneas al borde”. En Deconstrucción y crítica, siglo XXI, como colaborador. Por nuestra parte podemos asegurar que lo que está escrito en esos lugares nunca viene en el texto, y que le contestamos al dichoso librero: por supuesto, ¿esperaba usted que durara para siempre?


[2] H. MURAKAMI, Short stories, 2002.

3 comentarios:

Xinik@ dijo...

vaya cambio de dirección... me desaparezco un tiempo y ve lo que haces... es difícil seguirte el paso... como sea siempre es un gusto leerte y sabes... siempre me quede pensando ¿que pasó con el hamster?

Adrián Santuario dijo...

emoción por (re)leerte

Wunderkammer dijo...

vuelve !! cómo que post reciclados?
:p

un abrazo grande