5 oct 2008

Las aventuras de Wini Sugus

[Puesto originalmente el 24 de mayo, 2008]

CAPÍTULO 1.
INTRODUCCIÓN

Ale (mi novia, no mi alter ego como algunos buenos lectores del blog han confundido), un día me preguntó si no me gustaría tener un hámster. Le dije que no. Me dijo que los hámsters eran bonitos. Le dije que sí, pero que eran una hueva.

Ahí acabaron nuestras consideraciones zootécnicas.

Ale otro día me preguntó si podíamos tener un hámster. Le dije que no. Me dijo que los hámsters eran bonitos. Le dije que ya teníamos un gato.

Pensé que lo decía en broma.

Un mes después Ale me dijo "ándale, un hámster". Y yo le dije: "Ale, no mames". Ante su mirada coqueta, me defendí: "tenemos un gato, ¿sabes? Los gatos comen hámsters". Me aseguró que ella lo cuidaba, que Bicho no se iba a comer al hámster y que, en fin, los hámsters eran bonitos. Le volví a decir que no.

Seriamente: no.

Felizmente Ale se dio cuenta de que yo realmente no quería ni iba a permitir ningún hámster en mi casa. Supe que le había quedado absolutamente claro cuando optó por simplemente traerlo a casa sin más indagaciones de por medio. Así Wini empezó a existir en mi vida, dentro de una cajita de plástico y con un bebedero que Ale se había chingado religiosamente de Maskota. Todavía era un bebé y ya se había hecho pipí varias veces. Tardé aproximadamente diez minutos en enamorarme de él y no permitir que nadie le pusiera sus desastrosas manos a esa bolita de pelos asustada.

Ale me dijo que ella me lo regalaba, que los regalos no se devuelven y que, a pesar de que el hámster era mío, yo no iba a tener que hacer nada por él. Ni siquiera escoger su nombre. Na' más el apellido. Wini Sugus. (Creo que ella aún no sabe que se apellida Sugus, pero no me importa, está en China).



CAPÍTULO 2
INTRODUCCIÓN DE LOS PERSONAJES

Dos semanas después, un domingo en la mañana, nos levantábamos de alguna cruda y yo empezaba a hacer mi lista-de-cosas-qué-hacer, mentalmente. Recordé que a Wini había que limpiarle la pecera en la que en ese entonces vivía. Le dije a Ale desde mi lado de la almohada: Chikis, hay que limpiarle la casa a Wini.

La respuesta vino desde el otro lado de la almohada y fue contundente: es tu hámster.



CAPÍTULO 3

En ese entonces era semana santa y yo había empezado a construirle un pent house a Wini. Pasé cinco noches pensándolo, y al día siguiente fui a la carpintería, a la tlapalería, a la ferretería y a la papelería. Sólo en este último lugar pude nombrar lo que quería, en los demás tuve que recurrir a mis habilidades descriptivas para ver si vendían algo parecido a lo que yo había imaginado. Y sí, sí. El de la carpintería hasta me tomó cariño.

El resultado fue el siguiente:





Desde la perspectiva de Wini Sugus se ve así:



Nótese el diseño de interiores existencial de mi chica:



Sin embargo he de decir que la construcción de su condominio vertical tomó mucho más de lo que yo esperaba, por lo tanto Wini, contra sus expectativas, se vio obligado a seguir viviendo en la pecera.
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CAPÍTULO 4

Por lo visto no pudo soportarlo más y se fugó.

A Wini lo teníamos en un cuartito del patio. Al lado de la lavadora, para ser precisa. Sobre el burro de planchar, si quiero ser aún más precisa.

Una buena mañana en la que mi madre había llegado a desayunar y en la que Ale había huido cobarde y coyunturalmente a su casa, Wini ya no estaba. Pasamos toda la mañana buscándolo y yo le llamé a Ale desesperada y enojada diciéndole que regresara en ese momento a buscar al maldito hámster.

Bicho, por otro lado, también la pasó muy mal. Como medida de precaución lo encerramos en mi recámara. Presiento que fue a partir de ese día cuando le empezó a caer mal el tal Wini Sugus.

Wini no aparecía y Ale no llegaba. Mi mamá también estaba muy preocupada. Después de mover los muebles de la cocina, mirar por debajo del refrigerador con una linterna rescatada del clóset, y sopesar las condiciones de posibilidad de cualquier ruido, hincadas en el suelo...

(¡Eh! ¿Escuchaste eso?
Sí mamá, es el teléfono de los vecinos.
Ah.

¡Eh! ¿Lo escuchaste?
No mamá, ésos son los vecinos.)

...Terminamos por hacernos un café y fumarnos un par de cigarros en honor al hámster perdido, del que sospechábamos se había metido por un tubo que en el mejor de los casos llevaba a la lavadora, y que en el peor desembocaba abruptamente en una caída libre desde el sexto piso.

Por si las flais y porque la esperanza muere al último, yo no lavé ropa.

Mi mamá se fue un par de horas después, Ale llegó en la noche y Wini seguía perdido.

Fue un fin de semana negro.

Llegó el lunes y Wini nada. Fui a clase, lamentándome por ser una madre tan irresponsable.

El martes Ale se fue temprano, y después de que se fue yo me metí al cuarto del patio a llorar la ausencia de Wini unos minutos. Literal.

Después de llorar su ausencia unos minutos literal, hice un minuto de silencio por él y escuché: sgrch, sgrch. Sonido inconfundible de quien intenta salir de una cubeta. El fugitivo había sido muy feliz, pero habíase entrampado él solito en una cubeta de la que ya no podía salir por su propia pata.

Así que lo llené de besos y estrujos, le di agua y lo encarcelé felizmente otra vez.
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CAPÍTULO 5

El pent house de Wini estuvo listo una o dos semanas después, mismas en las que extremamos precauciones alrededor de la pecera.

A Wini le gustó mucho. Me lo agradeció mordiéndome y sacándome sangre del meñique. Su otra madre no estuvo para presenciar tal acontecimiento y demostración de independencia y autodeterminación, por supuesto. No recuerdo dónde andaba, pero es posible que en Amberes, conquistando otras mamás de winis (ja, incautas).

Además lo mudamos adentro de la casa, donde hace menos frío y donde lo podemos tener mejor vigilado. A Bicho eso le causó una gran sorpresa, y se entretenía viéndolo subir y bajar casi-tanto-como-nosotras; sólo que con intenciones un poco más gastronómicas.

Luego su madre se fue a China y pocos días después Wini dejó de ser feliz en su nuevo hogar y decidió ir en busca de nuevos horizontes.

Así fue como una tarde llegué yo de la escuela y vi todo muy silencioso. Vi la puerta de Wini apenas un poco abierta, la cerré y me dije a mí misma: no me quiero enterar.

Pero por supuesto, ahí voy de regreso a enterarme de que Wini se había fugado de nuevo.

Como en ese entonces el condominio vertical lo teníamos en mi recámara, y como también por ese entonces solíamos dejarlo suelto un rato ahí mismo, busqué a Wini por sus lugares favoritos: mis bolsas.

De mis bolsas y morrales: la mitad no los uso. Pero todas y todos están colgados, unos más arriba que otros, en un perchero improvisado en mi pared. Wini empieza por el morral morado que me trajo mi tía de Guatemala y que llega hasta casi el piso. De ahí no es difícil pasar hasta el morral azul típico de Gandhi. Éste, sin embargo, se destaca por ser un morral de Gandhi de la década pasada (herencia de mi madre). Wini a partir de entonces se salta a los morrales que actualmente sí están en uso, de donde no es muy difícil pasar a la categoría "bolsas". Empieza por una bolsa tejida, que es la más fácil de escalar. Continúa en la bolsa café, trabajosamente hasta desplomarse en su interior. En la bolsa café, que se encuentra a aproximadamente 200 centímentros sobre el nivel del parquet (que en distancias hámster es mucho) se detiene un momento y se cuestiona: ¿seguir adelante hasta llegar a la cumbre? ¿o echarse una sistecita? Difícil decisión.

Suelo verlo asomarse desde la última de mis bolsas rojas y, con una mirada de inusitada valentía, saltar al vacío. Mi hámster es medio suicida, ya nos habíamos percatado de ello.

También suelo encontrarlo dormido en mi bolsa café. Que por cierto... ya no uso tanto.

Pero aquél día nefasto Wini no estaba en las bolsas.

Tampoco estaba debajo de la cama.

Ni detrás del librero.

Una musiquilla psycho empezó a sonar en mi cabeza, me asomé a la sala buscando a Bicho.

Y sí, Bicho se entretenía manoteando al lado de un librero, detrás del cual se escondía una sombra de 10 centímetros que alzaba los bigotes y no podía acabar de entender de dónde demonios había salido esa fiera a cortarle el paso.

Metí a Bicho al baño, le tendí una emboscada a Wini hecha de cobijas y libros, moví el librero y cuando Wini salió despavorido, yo fui más rápida que él. Cosa extraña, por demás.

Así fue cómo Wini regresó a su esclavitud, y fuimos felices y comimos semillitas de girasol.

Todos menos Bicho, que se quedó con ganas de cenar hámster.

La verdad es que Wini tampoco estaba así que digamos muy contento. Aterrorizado sería una palabra más idónea.
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CAPÍTULO 6

Mayo 15. Dos días después.

Descubrí que mi hámster es más listo que yo. Él aprendió cómo fugarse de su pent house. Yo no.

Al respecto, mandé el siguiente mensaje a Shangai:
Wini está fugitivo otra vez. Había pasado todo el día sin saber dónde estaba, pero sospechaba que se encontraba debajo del mueble del microondas. Lo sospechaba porque se oía a un hamster comer debajo de la alacena. Además Bicho metía insistentemente la mano debajo del mueble, cosa por demás reveladora. Para confirmar mi teoría iba a ponerle tres cuadritos de manzana. Si desaparecía uno, pues ya sabríamos por dónde andaba el fugitivo. Pero no hubo necesidad, lo vi correr del plato de Bicho a la alacena justo cuando entraba a la cocina.

En efecto, Wini ha encontrado un nuevo hogar. Al parecer, mucho más emocionante que su pent house. ¿Tú sabías que el piso de mi alacena está hueco y tiene un hoyo por atrás por donde se pueden meter los winis? Yo tampoco. Pues Wini no vive exactamente debajo del microondas, sino debajo de la alacena. Habría el voltear el mueble de cabeza pa' sacarlo de ahí. Sin embargo se escabulle furtivamente hacia el plato de Bicho, le roba un par de croquetas y regresa veloz a su escondite.

Bicho no parece tener la mínima intención de salir a cazarlo. Se ha quedado todo el día sentado en el sillón con el ceño fruncido y cara de "sospecho que alguien se está comiendo mis croquetas".

O bien me mira con cara de "sospecho que tú estás del lado del ladrón de croquetas, ¿eh?"

Wini, por demás, se las ingenia que no veas.


Poco después de dar parte de la fuga, sucedió lo siguiente:

Bicho, que había estado dormido al lado de mis piernas, saltó hacia la cocina, y yo, nada lenta en mis deducciones, salté tras él.

Así me encontré a mí misma persiguiendo a Bicho que perseguía a Wini que huía despavorido hacia el primer recoveco que encontrara.

La situación terminó detrás del mismo librero de la vez pasada. La historia se repitió: Bicho al baño, yo tendí la emboscada (literal, porque las hago con cobijas), y Wini terminó en su jaula por tercera vez. Ésta vez, sin embargo, ya no estaba deprimido ni aterrorizado, la cosa empezaba a agradarle.

Puf, si se le veía en los bigotes cómo estaba ya planeando la siguiente fuga.

Pero ni madres. Fui por clavos y el martillo.
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CAPÍTULO 7

Los clavos y el martillo funcionaron. No los usé directamente en contra de Wini, más bien reforcé la puerta.

Wini ha estado diez días dentro de su jaula. Nunca antes visto.

Precisamente: como nunca antes se había visto tal cosa, hoy Wini se paró de puntitas implorando que lo dejara salir.

Y yo estoy en finales, razón por la que no debería de estar escribiendo estas cosas. De hecho pasé a visitarlo (al baño, porque ya lo mudé al baño) de la mano de Rawls.

Pero Wini imploraba, movía sus bigotes y se paraba cada vez más de puntitas. Así que ni modo: lo liberé.

Lo liberé y me senté en la puerta del baño a leer a Rawls. Desde ahí podía asegurar que Wini no iba a escabullirse hacia territorio Bicho. Y me senté y leí y pasó el tiempo y yo me clavé y me clavé en la lectura, hasta que me percaté de que Wini en verdad me estaba dejando leer y ya no trataba de escabullirse por debajo de la puerta.

¿Sabían ustedes que mi baño tiene un hoyo al más allá? Yo tampoco. Está detrás del escusado. Lo descubrí cuando vi que Wini no estaba ni en la regadera, ni en el bote de basura, ni en la ropa sucia.

Entonces me asomé al hoyo, linterna en mano... y lo oí.

Mala suerte, el hoyo al más allá es demasiado pequeño. Ya me veo yo cobrando las entradas... pero no, ahí no cabe nadie más que Wini.

Ésta vez sí estoy preocupada.



¿Regresará Wini Sugus?

4 comentarios:

Rodrigo Hernández dijo...

Entonces en qué nos quedamos: ¿Ale sí es tu alter-ego?
ja ja

ix dijo...

jaja

Carmen dijo...

¡que historiaaaaa!, yo quiero un wini sugus para comermelo asado

Unknown dijo...

¡Qué bonita crónica! Wini es un encanto y me recordó a Manitas y a Peluso, mis hamsters de infancia. Jojojo.