10 dic 2008

Reportando desde la Casa refugio Citlaltépetl a las 2:10 am.

Estoy esperando a mi novia y no sé qué hacer. Hace dos horas que me pidió que viniera por ella, y eso porque no se había enterado de que estaba haciendo la última revisión de la revista e iba para largo.

Estoy en cuarto lleno de libros que hace de librería, aunque nadie compra libros porque son muy caros. Escucho hablar de asteriscos, cajas, nota al pie, traducción del inglés, ¿del inglés?, bájalo, dale un poco de aire, sí ahí voy, ahí voy.

Yo intento localizar los corchetes y me muero de aburrimiento en una compu prestada.

Pasé los últimos días estudiando como estúpida para un examen y, a la vez,tratando de hacer un ensayo que hablaba justo de contrario: mientras intentaba comprender, en mi ser, las intrincadísimas consecuencias de la inmediatez de la conciencia (de) sí y su correspondiente prueba ontológica, defendía, dos horas después, un antagonismo irremediable entre el objeto y el sujeto.

Se escucha silencio.

De momento por aquí se refugia un egipcio. Hace un tiempo se hospedó la mujer de Derrida. (Por supuesto que no era su mujer, pero tampoco sé si estaban casados y... en fin). Pronto llegará una rusa. No hoy, claro. No sé cuánto tiempo más tenga que esperar. Tengo gripa, me zumban los oídos.

G. tararea una canción con la boca cerrada.

¿A ver qué página es?
43

Cuarenta y cinco, cuarenta y cuatro, lo odio, lo detesto con todo mi corazón ¿Dónde está el otro?, ¿qué página es? Voy a buscar mientras la 46.


Bonita manera de empezar las vacaciones. Afuera hace frío, faltan pocos días para Navidad. Lo único que quiero de Navidad es comer, hace aaaaños que no como rico.

¿Dónde está la 46?, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco

Es un invierno raro. No sé bien qué pasó este año.

Por ejemplo, este año conseguí una versión nueva de mi vida... La cuento en fiestas, pero aprovechando: fue como haber estado toda mi vida en un coche, ¿no? Entonces uno va con la inercia y no se entera de nada. No se entera que va en el coche. O se entera pero no importa porque cree que seguirá avanzando. De pronto me voy a España, a los 19, y es como si hubiera que meter a fondo el freno, de súbito. Rechinido de llantas y toda la onda, no sé qué pasa, sólo sé que me acabo de enterar de que iba en un coche.

Me quedé así, frenada durante años. Regresé a México. Completamente parada.

Claro que como estaba parada yo no sabía que estaba parada.

Luego, dos o tres años después, leo a Berkeley y algo en mi cabeza empieza a caminar. A partir de ahí no ha sido más que dejarme atropellar por una aceleración inacabada, insoportable.

Este año es eso.

Es bonito estar de madrugada haciendo una revista. Dejé mi coche justo afuera en medio de una hilera vacía de coches. Sólo está la luz del garage que sale a la calle y no se oye nada. Los negocios estás cerrados, los edificios con las luces apagadas. La casa es vieja y cuentan historias de fantasmas. En realidad desde que estoy aquí se cayó un libro y después se me cerró la puerta del baño, pesadísima, antes de que encontrara el interruptor. Yo no creo en fantasmas pero salí rápido.

No puedo imaginarme qué clase de vida llevan aquí los refugiados con tanta gente a todas horas y una pinche librería abajo que trabaja hasta las tantas de la madrugada.

No hay comentarios.: