25 ene 2009

The disappearance of God


No quiero acostumbrarme a estas cosas.

URL: http://www.youtube.com/watch?v=r3fScS2cnB0

Al principio se me movía absolutamente todo cuando escuchaba o leía este tipo de cosas. Quería ir lento, alargar ese vuelco que se me daba, escucharlo todo. Era como estar a punto de aprehender algo grande, como estar a punto de asirlo, y perderlo. Siempre. Siempre a punto. Era exactamente el deseo. Era una emoción y un vómito apenas contenibles. Contener todo eso casi era matarlo. Quería levantarme de ahí y gritar, abrazar a alguien, morderlo, golpearlo, quitarme la piel y luego llorar. No había modo de quitarme esa comezón. Todo me daba comezón, las vísceras me daban comezón.

Era brutal eso que estaba leyendo. "Toda creencia necesita ir hasta el último final de la duda". The absolut doubt. Una creencia, una creencia en Dios, es una duda absoluta.

Eso es inclinarse sobre un abismo (siempre lo he visto como un abismo, el abismo de lo racional), verme a mí misma cayendo, inclinada, perdiendo, con una conciencia apenas anticipada de lo que está sucediendo y... No. Lo que provoca aquello de que una creencia es una duda absoluta, es, sí, eso, pero más bien el regreso del abismo, el instante en que se recobra el pie y me veo a mí misma ahí. Ahí, tendida sobre. Creer es dudar. Pero no dudar como quien pone en cuestión esto o aquello, sino dudar desesperadamente. Resulta que para creer, para confiar, ¡para creer de verdad!, y dejarse ir, quitar el último pasaporte, dar el siguiente paso donde no se sabe que hay paso, tenderse, ¡avanzar hacia allá!, sobre una línea que acaba donde no se suponía que acababa y aquellas palabras «so if one doesn't go as far as possible...» son esas mismas el hoyo, el final esperado, el momento de aire, la inclinación sobre, un momento de anticipación y el "woa" del "casi".

De todas formas casi.

Hoy, mientras cenaba, me puse a ver una lista de reproducción de videos de Derrida en youtube. Después de un par tuve un vuelco. Ni siquiera me había dado cuenta de que no había estado sintiendo nada. Uno pequeño. Digamos que el vuelvo no se volcó, apenas se volteó de lado en mi estómago, se acomodó en su sillón. Sí, estaba emocionada, y estaba feliz; me gusta escuchar esos videos pero era más bien un confort. Había estado siguiendo los argumentos, intentando adelantarme, adelantándome, enlazándolos, ordenándolos, verificándolos, con la misma pasión con que una obrera puede trabajar todos los días en una maquila.

Bueno, con un poco más.

No quiero. Ese 'no quiero' lo siento de la misma manera como los leía. No es nada, es querer recuperar la emoción. Quiero eso: saber de lo que estoy hablando en este momento y de lo que en su momento no podía hablar. Simplemente no quiero despedirme. Quiero que me coja, quiero que me apañe. Quiero eso. Hay aquí también el no poder hacer algo al respecto. Digo que podría echar a un lado todo lo demás con tal de vivir ahí siempre, en una especie de apertura infinita, en el estar siempre a punto de, con la boca abierta, el cuerpo, a punto de arrancarme la piel, a tiros, feliz.

Era una sensación absoluta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

también lo he sentido en otros asuntos, también quiero y creo que no se acaba.

ix dijo...

=)