19 abr 2009

Asuntos parecidos a un psicoanalista:

  • Un maestro de canto.
  • Una confesión inesperada.
  • Los tres minutos en que una relación va exactamente como quieres, aunque no sabías cómo era exactamente lo que querías, y su relación, horas después, con otros tres minutos que, por imposible que parezca, son exactamente igual de raros y recónditos.
  • Un texto prehistórico de una misma más (y sólo más) el recuerdo de un comentario suelto, hace poco, de la persona que menos querías escuchar hablar al respecto.
  • Ciertas miradas, por instantes.
  • La risa contagiada, incluida la pacheca.
  • Leer. Es decir, tener entre manos más de un hilo argumentativo (de preferencia el recuerdo de cualquiera más el que se lee) en su conjugación con el momento en que uno relee no por recordar, sino por tratar de darle pie.



El amor, contrario a algunas opiniones, no es uno de ellos. Excepto cuando te perdonan o, bueno, cuando se entiende la transferencia (su práctica) como imposible.



Creo, de corazón, que el amor no es un asunto parecido a un psicoanalista, (sino más bien su cura). Porque con la idea de tranferencia no puede existir tranferencia. No se puede vivir así. El amor no es ninguna idea, no es ninguna narración (y en este sentido no existe). Es más bien un olvido constante; no un constante pasar por alto, sino un perdón constante que no llega a plantearse como tal. Es, por decirlo así, un olvido mimado. Is just something that we do... It doesn't stop, please don't tell it -to stop.

Excepto, lo dicho, cuando te perdonan o es desfachatadamente imposible.

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