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| Foto tomada de dirty little things. |
1. La orgía de Google, donde el estilo hace todo el falo
No pretendo hacer un copy paste exhaustivo que hable de la violencia, pero sí me detendré en un par de violencias mediáticas.
Si uno busca en Google "violencia sexual", salen cosas extrañas. Por ejemplo el primero:
Violencia Sexual- Monografias.com
La violencia sexual se manifiesta con actos agresivos que mediante el uso de la fuerza física, psíquica o moral reducen a una persona a condiciones de ...
www.monografias.com/trabajos7/vise/vise.shtml?relacionados - 54k - En caché - Páginas similares
Sin comentarios. Los siguientes tres:
Violencia sexual
La violencia sexual deja secuelas irreparables en la autoestima.
www.esmas.com/salud/saludfamiliar/v5/363154.html - 49k - En caché - Páginas similares
Violencia sexual
La violencia sexual se define en el Informe mundial sobre la violencia y la salud como “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, ...
www.un.org/spanish/Depts/dpi/boletin/mujer/ip3.html - 20k - En caché - Páginas similares
[PDF] La violencia sexual
Formato de archivo: PDF/Adobe Acrobat - Versión en HTML
La violencia sexual contra los hombres y los niños es un problema grave. .... han realizado progresos en cuanto a las respuestas a la violencia sexual ...
www.paho.org/Spanish/AM/PUB/capitulo_6.pdf - Páginas similares
El primero hace un juicio moral extralimitado. El segundo (la ONU) se limita a términos legislativos y, como se observa en el título del informe, clínicos. En la tercera me llama la atención el género. Con el cuarto, en cambio, estoy completamente en desacuerdo:
La Violencia Sexual
Violencia sexual es toda forma de contacto sexual no deseado. La violencia sexual incluye crímenes tales cómo: violación, incesto, asalto a menores y asalto ...
www.fcasv.org/2005_Web/Violencia.htm - 28k - En caché - Páginas similares
De los dos siguientes uno es el título de un libro y otro el de una película. Finalmente el séptimo es de Wiki:
Violencia sexual - Wikipedia, la enciclopedia libre
El término violencia sexual hace referencia al acto de coacción hacia una persona con el objeto de que lleve a cabo una determinada conducta sexual; ...
es.wikipedia.org/wiki/Agresión_sexual - 22k - En caché - Páginas similares
Los últimos dos son repeticiones moralinas.
LO SIGUIENTE ES UN ANÁLISIS FILOSÓFICO DE LA SELECCIÓN DE GOOGLE CON RESPECTO A LAS PALABRAS «VIOLENCIA SEXUAL»
El artículo de Wiki se centra en cierto tipo de "violencia extrema", es muy breve, es muy clínico y más pronto que tarde acaba redirigiéndote al Informe mundial sobre la violencia y salud. Informe que tiene al menos la ironía de estar escrito con un estilo perverso. Según el capítulo sexto titulado en específico "La violencia sexual", la violencia sexual:
«...se define como: todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo.
La coacción puede abarcar una amplia gama de grados de uso de la fuerza. Además de la fuerza física, puede entrañar la intimidación psíquica, la extorsión u otras amenazas, como la de daño físico, la de despedir a la víctima del trabajo o de impedirle obtener el trabajo que busca. También puede ocurrir cuando la persona agredida no está en condiciones de dar su consentimiento, por ejemplo, porque está ebria, bajo los efectos de un estupefaciente o dormida o es mentalmente incapaz de comprender la situación.»
"La violencia sexual"
capítulo 6 del Informe sobre salud y violencia,
aprobado en 2001 en Ginebra por la Organización Mundial de la Salud.
http://www.paho.org/Spanish/AM/PUB/capitulo_6.pdf
Sospecho, alarmada, que nuestros honorables delegados en la ONU nunca se han sentido "incapaces de comprender la situación". Una, cualquiera, situación sexual, por supuesto; no se crea que hablo de su capacidad para entender los problemas mundiales. Según esta definición, la violencia sexual sólo puede ser ejercida por otra persona (es decir, no hay violencia sexual hacia uno mismo) y consiste, fundamentalmente, en dos verbos y en un adverbio:
- Violencia sexual es un acto, tentativa, comentario, insinuación o acción ejercida con la intención de a) comercializar o b) utilizar la sexualidad de una persona.
- Tal utilización de la sexualidad se distingue como violenta si es ejercida mediante coacción de otra persona.
En realidad todo lo que se juega, se juega en la definición de la palabra "coacción", lo que, a la larga, no hace más que redundar tanto en el complemento (especificación del primer enunciado) como en la definición propiamente dicha (enunciado principal). Coacción viene de coactio - coactionis, lat, que significa a su vez recaudación y cobranza [Diccionario ilustrado Latino-Español, Español-Latin Vox, ed. SPES, BCN, 2001]; y a lo que voy es que toda coacción, sin negar su vertiente violenta, implica siempre una pluralidad de individuos (y eso por no entrar ahora en la posibilidad, per sé, del individuo). Dado lo cual es redundante hablar tanto de "otra persona" como, siquiera, de utilización o comercio, e incluso acto o tentativa.
En otras palabras, lo que la ONU ha dicho en un complicado párrafo donde se pronuncia acerca de la violencia sexual, es que la violencia sexual es coacción. (Una vez más: muchas gracias ONU, sin ti estaríamos perdidos.)
Nos tememos, sin embargo, que el concepto de "coacción", tanto como los de "violencia" y "sexo", abarquen un ámbito mucho más amplio que el que la ONU considera:
Admitido el hecho de que la violencia es coacción, la ONU —y todos los que lo citan— consideran que «La coacción puede abarcar una amplia gama de grados de uso de la fuerza.» Nosotros en ix editor, al contrario, decimos que la coacción, como el mismo lenguaje, puede ser en sí misma un "uso de la fuerza". No decimos menos del sexo. «Además de la fuerza física, puede entrañar la intimidación psíquica, la extorsión u otras amenazas, como la de daño físico, la de despedir a la víctima del trabajo o de impedirle obtener el trabajo que busca. [En este punto esperamos que no estén pretendiendo hace un brevario exhaustivo de formas de violencia]. También puede ocurrir cuando la persona agredida no está en condiciones de dar su consentimiento, por ejemplo, porque está ebria, bajo los efectos de un estupefaciente o dormida o es mentalmente incapaz de comprender la situación.» Aquí, entre tantas cosas que nos preguntamos, destaca cuestionarse si ustedes, señores de la ONU, alguna vez siquiera se preguntaron aquello que presuponen en la humanidad. ¿Cuándo un hombre (o mujer) ha necesitado alguna vez comprender la situación para dar su consentimiento? Y que conste que ese informe fue aprobado en Ginebra en el 2001.
Sí, ya sé que es la ONU. Dejemos de dar rodeos y entremos de una vez a lo interesante. Contrario a lo que se enuncia el la cuarta página encontrada por Google, la violencia sexual es deseada.
2. El deseo de violencia en el sexo
Para hablar sensatamente de esto lo primero que hay que hacer es calibrar los extremos. ¿Qué va de un agarrón en el metro a una violación en la vía pública? O bien, es moralmente incuestionable la diferencia que existe entre una bofetada que un hombre, en broma, le da a su pareja en un elevador, y las torturas sexuales que se ejercen multitudinariamente dentro de las cárceles, especialmente en momentos de dictaduras militares.
La violación sexual (y de ahí a hablar de violencia sexual no hay mucho tramo) es normalmente el eje alrededor del cual se habla de la violencia con preocupación —a veces moralina— y perspectivas clínicas y legislativas. El informe de la ONU esta vez da un ejemplo que yo espero resulte didáctico en extremo:
«La violencia sexual incluye la violación, definida como la penetración forzada físicamente o empleando otros medios de coacción, por más leves que sean, de la vulva o el ano, usando un pene, otras partes corporales o un objeto. El intento de realizar algunas de las acciones mencionadas se conoce como intento de violación. La violación de una persona llevada a cabo por dos o más agresores se denomina violación múltiple.
La violencia sexual puede incluir otras formas de agresión que afecten a un órgano sexual, con inclusión del contacto forzado entre la boca y el pene, la vulva o el ano.»
Yo esperaría de cualquiera que se sienta capaz para dar su consentimiento con respecto a cualquier tema, que alguna vez él o ella haya coaccionado o lo (la) hayan coaccionado para ser penetrado o penetrada ya sea por la vulva, el ano o la boca, y ya sea usando un pene, partes corporales o cualquier otro objeto.
Eso esperaría. De otro modo mi confianza sería imposible. Espero también que la ambivalencia de la definición de la ONU, así como esta segunda advertencia, sirva para algo.
3. Tres cuentos pornográficos y la violencia en el sexo
Había vuelto a hacer ejercicio y, en aquellos días, tenía lastimada la ingle derecha. La lesión —aunque no fui a un médico— debe haber sido un poco grave porque el dolor había tardado tres semanas en bajarse y dolía cada que caminaba. De todas formas no me preocupó porque eran sólo los ligamentos que habían sido forzados un poco más de la cuenta —sin haberme percatado de ello en su momento. En esos días reencontré a un amigo al que le tenía mucho afecto y con el que me había entendido bastante bien. Fue una cosa casual. A las 2 de la mañana, después de unos whiskys, lo invité a la casa.
Prueba de tal entendimiento que solíamos tener fue, horas después, la siguiente conversación:
—Espera, un calambre
—Me vale madres
—No no, es neto; tengo un calambre
No obstante ese entendimiento subyacente, mi amigo parecía haberme guardado cierto rencor desde la última vez que nos habíamos visto. Estaba hincado frente a mí y parecía que efectivamente estaba a punto de valerle madres. Sonrió mientras me abría las piernas y yo le sonreí, también, divertida, en el momento justo en que optaba por no oponer resistencia y el calambre empezaba, milagrosamente, a ceder. Entonces como que se arrepintió, pero no del todo. Dudó. Volteó a mirar mi pierna, que yo tenía casi en el borde de la cama, y la levantó hasta su cabeza sujetándome el muslo con la mano derecha.
Por presumir y porque, en cuestiones femeninas, los momentos son fugaces, estiré la pierna mucho más alto que su cabeza. Me miró de reojo, ya no me dolía. Desde abajo me gustaba la combinación de colores entre mi pierna y su pecho. Siempre me había gustado. Me gustaba —esta vez— mi pierna estirada sobre su vientre, con el vello empezando a hacer chinitos debajo del ombligo, justo entre mis piernas.
También por presumir se alejó un poco y empezó a empujar mi pierna sin contemplaciones. La mantuve derecha hasta que no pude más. Cuando empezó a dolerme alcé un poco la cadera, y finalmente terminé por doblarla sobre su hombro.
A la mañana siguiente, rumbo a la cocina por café, sentí —no sin cierto placer— dolor mientras caminaba. Apenas me impedía hacer unos pocos movimientos; lo que sí es que me calentaba la pierna hasta la mitad del muslo.
Yo en la mañana no suelo coger. Admito que es un gusto extraño, pero es cierto: prefiero dormir. En cambio, todas las parejas que he tenido opinan distinto. No sé por qué demonios les excita que nos hayamos despertado.
A veces ni siquiera se esperan a que haya despertado, lo cual, ya dicho entre nos, es la puerta de salida para cualquiera que se quede en mi cama: si hay algo que no soporto es que me despierten. Sea que me despierte porque arman un escándalo o porque siento un pene o un par de dedos entre mis piernas. Si es por esto último, me levanto en seguida de la cama y me sale un —desconcertado y demasiado violento para la hora— «¿pero qué carajos te pasa?»
[Y es cierto: ¿qué carajos les pasa?, ¿no saben que la declaración de la ONU incluye al sueño como elemento decisivo de violencia sexual?]
Sin embargo esa vez fue en la mañana. Lo recuerdo porque tuvo cierta importancia el hecho de bañarnos después. Esa vez, si hubiera soltado las piernas, me hubiera hecho realmente daño. Lo recuerdo, sin embargo, como una de las mejores.
No entiendo cómo me agarró de la cadera y me dio vuelta, poniéndome de cara al colchón. No recuerdo ni siquiera si yo estaba dormida. No dijo nada. Arriba de mí, me detuvo mi brazo derecho con su mano izquierda, metió su derecha debajo de mí, me alzó de un tirón la cadera, metió un dedo, abrí instintivamente las piernas y me cogió. No entiendo cómo. El sólo hecho de sentir al mismo tiempo su mano en mi vagina y su vello púbico, duro, en mis nalgas, me prendió. Bajó después su mano izquierda y me agarró el cuello.
No tuvo contemplaciones. Me volteó, de frente, y me cogió tan fuerte que tuve que cerrar las piernas para que no me lastimara. Lo único que me preguntó fue
—¿Te duele?
Y me encantaba, de una manera que no podía permitirle saber.
Momentos después me alcanzó en la regadera y apenas entró me metió dos dedos entre las piernas. Me volteé rápido y le dije que no —me dolía. Entonces me abrazó, volvió a meter la mano y me preguntó, descarado... completamente descarado:
—¿También el ano?
Creo que nunca me he sentido al mismo tiempo —exactamente al mismo tiempo— tan abierta y tan humillada. Tan sólo pensar que me podía volver a coger como lo había hecho tuvo efectos inmediatos. Tuve que empujarlo un poco hacia atrás y convencerlo de que no. No hubo necesidad de fingir dolor.
Ese día estuve todo el día prendida. A la fecha no he querido volver a verlo.
Por el ano sólo lo he hecho un par de veces. Es que el guey de entonces sabía hacerlo; cuando yo estaba arriba, no hacía más que ponerme una mano sobre la pierna.
Tenía una sonrisa muy bonita. Cuando lo miraba alzaba un poco la cara, como diciendo "vas".
Es difícil admitir esas cosas admirables (por ejemplo, su manera de hacer café) dado que fue mediante él aquel puñetazo que me rompió tres días las ideas.
No iré más lejos en «rodeos biográficos», baste decir que he escuchado cosas que no me atrevería a hacer. Incluyen, por ejemplo, navajas de rasurar. He sabido de quienes a mitad de un conflicto matrimonial se han bajado con el coche andando y casi los atropellan. He visto chicas hermosísimas con el brasier casi de fuera tendidas sobre el asfalto, devolviendo la comida, alcohólicas de 24 horas contar clichés estúpidos sobre ellas mismas y a mal nacidas de 16 años burlarse de ellas; a escuincles tontos clavados en drogas y a parejitas cursis, bonitas y fresas haciendo pública exhibición verbal de su violencia y humillación.
Yo al menos puedo decir que no soy nada de eso. Pero las cosas son difíciles de definir. Por ejemplo, cuando me dijeron que cogiendo podías sangrar de la vagina, pensé que era broma.
Sólo me ha pasado una vez. Estábamos viendo una película en mi tele, tumbadas en el piso. Me volteó sobre los cojines y me tocó con los dedos mientras me cogía. No lo hizo con cuidado —pero, sin embargo, lo hizo con cuidado. Me vine abrazada a un par de cojines en pocos minutos; en el transcurso de los cuales, sí, llegué a sentir la sangre pegada a mis piernas, pero no me dolió. Ella no se dio cuenta hasta que sacó la mano. Me pidió disculpas y me dijo que nunca más lo volvería a hacer.
—Por lo cual, no es broma, a veces dan ganas de matarla.

3 comentarios:
buenas historias... digamos que tienen esa parte racional y a la vez salvaje que me gusta en este tipo de narraciones...
¿De verdad? A mí no me gustaron.
vamos vamos... no sea tan critica... por algun lado se empieza despues de tener baches creativos...
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