Se acaban de cumplir las 10, 002 visitas. Nunca le he festejado un cumpleaños a este blog por la misma razón por la que jamás le pondré nombre a una computadora, a un ipod o a un coche. Pero 10 mil visitas es algo meritorio. Recuerdo cuando otros blogs cumplieron sus diez mil.
Aunque en realidad no hay nada qué festejar: la mayoría de los que entran al blog entran buscando otras cosas y casi nadie se queda a leer. No los culpo. Es pura casualidad que hayamos llegado a las diez mil.
Lo que sí es meritorio es la decisión que tomé hoy. Iba en el camión y, por acabar de revisar twitter, andaba de aforística: «La cuestión es —me decía a mí misma— si las estructuras políticas existentes —miraba la banqueta amarilla al otro lado de Reforma— imposibilitan de hecho el desarrollo social». Me parecía que no. Lo que significaba que todo mi teatrito por la anulación del voto había sido mero teatrito. Yo no voté por no legitimar estrategias que me parecían nocivas —para el desarrollo social. P.e. el uso de verbos inexistentes para informar sobre la línea de investigación de asesinatos. Es sólo un ejemplo. Tales estrategias, me parecía, respondían a cierto exceso o cierta de-formación en la construcción de apropiaciones, o en el devenir apropiación, identidad, territorio. Por ejemplo: para que el lenguaje sea lenguaje, es decir, para que sea estructural tiene que tener siempre un exceso oculto: el lenguaje siempre es lenguaje de otro. Tal ocultamiento del exceso no puede existir sin haber un 1 (no soy la única loca que les llama unos, Deleuze, oh Deleuze, también lo hacía), un 1 es un falo o una apropiación. Tiene que haber un 2, o un imaginario. Y así ya tenemos 3: una estructura. (Deleuze era genial). De modo que para que algo sea estructra tiene que existir de fondo la develación de que lo tenemos no lo tenemos. Pero de fondo. El problema en México es que eso lo sabemos a priori: nos tomamos muy en serio la cuestión de que la lengua es siempre ajena. De algún modo, bien sabemos que lo es. Es como empezar a leer un cuento considerando de antemano que lo que nos dicen no tiene ninguna importancia porque es un cuento. O como empezar a estudiar intuyendo desde el principio que lo que aprendemos no sirve de nada porque en unos años se descubrirá que no era como nos lo enseñaron. O como comprar un ipod a sabiendas de que no durará más de cinco años. O como votar pensando que no sirve de nada. O como usar una palabra en vez de otra cualquiera porque qué más da, sólo son palabras. O como comprar un aparato tomando muy en cuenta que el aparatejo igual y no funciona en cuanto lleguemos a casa. O como comprar cualquier cosa que ni sirve ni es útil ni lo necesitábamos y, peor, a un precio que tampoco lo vale. (Yo le pago a usted un dinero que no le alcanza, y usted me vende a mí unos pantalones que no me sirven.) O como leer repitiendo de memoria las palabras sin fijarnos jamás en su redacción. Es México. En el fondo así es el mundo, pero ¡en el fondo! O mejor dicho, México nos revela la verdad de la política internacional tanto como el psicótico nos revela la verdad del lenguaje.
Yo quería hacer una ontología de los pasos peatonales que no llegaban a ninguna parte y sacar las conclusiones políticas de una economía de plastilina. Pensaba que había un bloqueo desde las instituciones, algo así como una imposibilidad, una pseudo proposición. No se trataba del 1, sino de los múltiples. El problema de la política europea había sido el 1 y se habían pasado la segunda mitad del siglo XX intentado encontrar los múltiples o, de perdis, los dos. Pero el problema aquí era otro, era el cero. Y tal vez sea así, pero no por las instituciones. El mapa está puesto, los lineamientos, el plan. Me temo que no haya nada en la estructura política, institucional, que explique este desastre. Por eso he decidido irme.
Fue un error irme la primera vez. O al menos decidí regresar. Pensaba que no se podía hacer filosofía desde el extranjero; que no había ninguna resonancia, ningún imaginario si estaba rodeada de gente que no compartía mi infancia. De algún modo sigo pensando así. Si he vuelto a decidir irme ha sido por mera superviviencia personal: esto no tiene remedio.
El otro día, parada en el semáforo de Insurgentes y Álvaro Obregón, esperando el verde con el coche prendido, mirando las fachadas de los edificios, tuve una visión clarísima de lo que será México en el futuro. Será lo que siempre ha sido: nostalgia. En como si hubiera un maestro zen en cada mexicano: todo mundo sabe profundamente que nada vale nada, que estamos irremediablemente separados. Eso puede ser lo único que la señora del mercado sepa de corazón: que su palabra no vale nada. Por eso habla así, grita y miente.
Apenas llegué a mi casa busqué en qué consistía aquello de la ley 52/2007. Lo único que me pareció gacho fue lo de tener que jurar fidelidad al Rey, pero entonces pensé: "Si algo enseña el exilio, este exilio nacional en el que nos encontramos todos, es que la vida no vale nada". Ni las palabras ni los compromisos políticos. Y sin embargo me ha bastado convencerme de ello, de que me iré otra vez, me ha bastado con mirar el color amarillo del Ministerio para acordarme del Paseo de la Castellana, para que todo salte a la vista y adquiera su estar ahí que tanto echo de menos en mis divagaciones políticas. De una decisión tomada en la mañana el efecto fue completamente imprevisto, pero delicioso como meterse a la cama cuando hay sueño, como bajarse de un avión. Pasé todo el día pensando / sintiendo «esto es México», con la transparencia propia de quien acaba de llegar. Fue sólo por tomar una decisión. Tuve una sensación que hacía mucho no tenía, la misma y los mismos ojos que tuve días antes de irme. Todo: esa oscuridad y esa soledad, como si por unas horas me fuera permitido mirar las cosas como son. Pensaba "así es el metro, pero nadie se da cuenta; así es la gente, está aquí así, en un pasillo solo y oscuro, pero no se da cuenta; yo me voy a ir y este pasillo se va a quedar".
Me iré a vivir a un país frío y sordo donde los camiones lleguen puntuales. Me iré, me iré: hoy lo volví a saber y me hizo feliz.
10 comentarios:
Que bonito... no sé, son por estos post por los que me tiene aquí más de un año, pendiente de sus palabras...
Lo que dice es muy cierto... siempre he creído que en México el lenguaje siempre es de otro; que cuando se habla -y cuando se habla mal- se invade al otro: como si un montón de soldaditos corrieran tras los sujetos escondidos tras las palabras.
Por eso, aunque de niño estaba enamorado de los mitos prehispánicos, ahora creo que algo tienen que ver con la propia fundación de esa soledad: yo mismo, al estar fuera, he visto todo eso...
Mi fuente de conocimiento de México es usted y únicamente usted, y creo que no podría escojer una mejor.
Es la única que me hace darme cuenta y que me recuerda la nostalgia.
Estoy por empezar una novela de un hombre que busca una cotorra que se escapó cuando era niño. Naturalmente nunca la encuentra... pero esa búsqueda -falsa, por otra parte- a veces parece ser que es la única que nos mantiene vivos.
El metro se quedará, los pasillos, las personas... -yo mismo no he visto México en cuatro años y pico- se me antoja a veces todo una ruina... y sin embargo...
Bueno, eso.. Gracias...
Salud...
por cierto, del 1, del 2 y el 3 y Deluze y todo esto hay muco que hablar... pero me callo para disfrutar en silencio del estado en que me han dejado sus palabras...
otro dia
Deleuze era genial, definitivo. Pero esa estructura compuesta de tres elementos me suena mucho a la ley del triángulo, la cual es mucho más antigua. Oye Ale, me gusta lo que escribes, a ver si pronto nos vemos para platicar de algunos proyectos en Lenguaraz.
Lalo, me encantaría.
Con respecto a la teoría del triángulo: desconozco completamente su existencia. Aparte de que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de sus lados, es el primer día que escucho hablar de algo así como una teoría del triángulo.
Lo que es cierto es que ningún humano pudo ser humano sin una estructura, y toda estructura tiene 3 lados.
Me da gusto que te des una vuelta por aquí, que también seas múltiple y que saludes, hombre... (aunque también me da un poco de angustia que me leas)
Saludos múltiples, pues.
Querido Juan José Anónimo, yo quería comentarle...
UN LIBRO???
Me anda regañando por los unos, pero planea escribir un libro. Vaya con usted.
Sabe que agradezco mucho lo que me dice. Tanto que hoy pasé todo el día preparándole un reportaje sobre Chapultepec.
Los ixcolais siempre al servicio de la comunidad.
Le adelanto que logré grabar una conversación con unos policías que confundieron mi cigarro con marihuana: todo un éxito. Ya lo verá, ya lo verá...
PD: Con todo, entendí perfectamente lo de los soldaditos.
ale, yo sigo y seguiré viniendo a leer cosas así,
me encantas, de una manera tan especial que pido disculpas a todos tus demás lectores
Yo te seguiré leyendo.
Alguien que piensa sirve en todos lados.
Bueno pues ya esperaré el reportaje ese...
¿la de la foto es usted? confieso que es extraño ponerle algo así como cara a sus palabras... y hasta aretes...
insólito, sí.
Salud!
pd. cada vez me da más nombres y debo confesar que me siento inquieto... esto de lo anónimo acaba por sacudirle a uno tambien
Por cierto no contesté a su muy sagaz y atinada observación sobre esto de escribir libros.
Yo no le regaño... no me diga eso... o por lo menos no lo hago sino en la misma medida en que lo procuro hacer con mi mismo a diario.
esto de amar el saber (o de ser filosofos, lleva demasiada crueldad dentro, pero siempre es por amor, de eso no cabe duda)...
y en cuanto a lo de escribir libros, ¿qué excusa tengo, amiga? ¡un mísero ganapan como cualquier otro, sé que todo se debe a una debilidad constitutiva de mi entendimiento que ya prácticamente no sabe hacer otra cosa que escribir...! debería aprender otro oficio y su pudiera lo haría...
pero... también tengo nombre, de este lado, como cualquier mortal con opiniones y cuentas bancarias... y problemas normales...
se hace lo que se puede... oiga, pero a usted no la regaño... todo lo que le digo se lo digo con cariño... ¡si me viera usted cagarme en lo que de veras tengo ganas de cagarme!
en fin.
salud!
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