
El éxito del amor depende en buena medida de qué tan exigentes seamos seleccionando nuestros objetos de amor. Otra manera de decirlo es que la singularidad frente a la que nos veamos, consecuencia de aquella selectividad, determina la mayor o menor intensidad del sentimiento. Una singularidad ambigua, como una mujer imaginaria o como la representación viva de nuestros ideales, normalmente impuestos a esa representación mediante un montón de sacrificios a la realidad, creará un amor difuso —formulación que no debería ser hecha sin precisar que existen una o dos excepciones1—. Al contrario, entre más exigentes, precisos o entre mejor circundemos el objeto de amor, más intenso será éste. Ahora bien, lo que se exige en el amor no es otra cosa que una cierta calidad o refinamiento en la manera de ser —humano—. Como yo lo veo, lo que siempre se pide es una habilidad especial en la manera de ser honesto.
Para alguien la honestidad será cierta manera de afrontarse a sí mismo (la habilidad de llevar una relación que tenga siempre un suelo firme desde donde crear acuerdos que funcionen); para otros será, más bien, un contacto privilegiado con lo inmediato: una manera de reírse, de responder, de tocar.
Cuaquier cosa que sea aquello que causa nuestro deseo, tendrá algo que ver (pienso) con la transparencia con la que se la lleva a cabo. Con una manera de ser honesto, a fin de cuentas[2].
Por supuesto, hay múltiples maneras de ser honesto; pero lo que es incluso más problemático es el hecho, pocas veces considerado, de que nadie prescinde de la honestidad. Lo que pedimos lo podemos encontrar en muchas personas (virtualmente en todas), sin embargo no todas nos convencen. Se trata entonces de estrechar o colocar los límites de lo que queremos (de lo que deseamos) al mismo momento en que ejercemos o ponemos en práctica esa selectivad.
Lo que pasa es que de una declaración tan patota y evidente se deriva, no tan evidentemente, el mismo proceso mental que en el relato de los mitos: un mito está corroborado por el hecho mismo. Se cuenta, por ejemplo, el mito que cuenta el nacimiento de un volcán. La prueba de que lo que ocurre en la narración verdaderamente ocurrió es la misma existencia del volcán, existencia que responde exactamente a la historia que se nos contó. Por supuesto, hubo un reposicionamiento de la observación de la realidad. Fue un giro dado alrededor del 300 ó 200 años antes de Cristo, al menos, en Grecia. Un giro que posibilitó la ciencia y, en general, nuestra definición de verdad tal como hoy la usamos. Pero no en el amor: ahí nuestra prueba de que el criterio selectivo que hemos usado funciona es precisamente la causa de él: nuestro objeto de amor.
1:a) existe la posibilidad de que la fantasía sea dramáticamente exacta, llegando al grado de alucinar el objeto de amor, prescindiendo completamente de la realidad, b) una segunda posibilidad es que sea precisamente la ambiguedad la que provoque el deseo, (hipótesis: resituando constamente el objeto, recortándolo continuamente del fondo de objetos negados, resizing on and on our judgments or standards (perdón, pero no encuentro una traducción para "resizing"). [volver]
2:Tal idea coincide con el punto de vista que considera que el objeto que causa el deseo pertenece al ámbito de lo indeterminable: no es un universal (simbólico) sino una acción. [volver]
Picture Author: bluewatcher / Taken from: Wikipedia Commons
2:Tal idea coincide con el punto de vista que considera que el objeto que causa el deseo pertenece al ámbito de lo indeterminable: no es un universal (simbólico) sino una acción. [volver]
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5 comentarios:
Cuando dice que hay que delimitar mejor nuestro objeto de amor, traduzco: "Hay que matarlo." No se ama nunca mejor que cuando la cosa que se ama está ya muerta.
No confunda el ideal con la evanesencia o con lo difuso: el ideal es lo que está mejor delimitado. ¿Qué cree que es más difuso, la idea que yo me puedo formar de usted o usted misma, vivita, coleando, entre periféricos y vendedores de CDS pirata?
Imaginese que a Amado Nervo se le hubiese levantado Ana del sepulcro... ¡Ah, como habría llorado entonces por los versos de su Amada Inmóvil! Lo que es más fácil de 'amar' -si es que el vocablo aún quiere decir algo- es lo que ya está muerto y cerrado... en lo que ya no puede pasar nada que lo abra y lo desentierre.
Y en la ciencia lo mismo... matar la cosa para saberla y conocerla.
Ya lo decía Platón, querida, Amar y Conocer es lo mismo.
Salud!
Buen post y la fotografía... deliciosa ;)
Me gusta, tema de discusión infinita...qué rico.
Se le seguirá leyendo, para que el mito aquél, que es el contador, siga su conteo. ¡Bien!
Un besabrazo con gratitud por los buenos momentos que provocan tu lectura.
Si, yo quisiera conocer más a fondo el asunto de la fotografia. Rico post. Sin duda una idealiza la forma, el sonrisa, el desenvolverse.
Polémico e interesante lo que dices. Primera vez que paso por aquí. Regresaré.
Anónimo: No estoy de acuerdo con usted.
Pero ah, en la ciencia sí.
Natalia: Gracias.
Anónimo: ...¿Anónima? La foto la tomé de Wikipedia. Me parece que la búsqueda fue "clítoris" o "vulva" o "vagina"... En español o en inglés.
Vargas: Qué bien, comenta, comenta.
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