18 mar 2010

El estudiante de geografía universal

La eterna persecución del estudiante de geografía universal que reflexionaba puesto en una de las ventanas de la torre del castillo, de los ixcolais

Me imagino escribiendo para otros, pero siempre me hago bolas cuando se trata de explicarme a mí-misma exacta-mente quiénes son esos otros.

Me muero por hablar, hablando, de la publicidad. De lo público, del público, de los carteles, de lo que dicen, de lo que se dice, de la publicidad, de Lévi-Strauss, del estructuralismo, de la estructuralidad, de las palabras, de lo escrito, ésta vez de Vernant y finalmente no de Stevenson, pero sí de Borges, la literatura, y luego por supuesto Poe, Cortázar, los punchs, la brevedad, las líneas, los icebergs, el box, la vida, o sea mi infancia, y sí, Lacan y los espejos en algún momento entre Borges y Cortázar y en ese mismo instante las diferencias.

Y de la diferencia.

Me muero. Casi que me muero haciéndolo, pero no, no quiero, y quiero pero no quiero (JURO QUE NO QUIERO) hablar de la diferencia ni la metáfora ni la vida ni la verdad ni el uno.

¿Qué chingados me pasa? A veces de verdad me lo pregunto.

Estoy incluso harta de hablarme a mí misma en términos de verdad o falsedad. De verdad. Sé que no lo parece. Sé que me encanta hablarme a mí misma, y me encanta. Pero estoy harta. Cómo, no sé. Cuándo qué, por ejemplo, no sé. Hasta cierto punto sé que siempre podré hablarme a mí misma. Pero de tanto hablarme a mí en público, hablo cada vez menos conmigo.

Y una necesidad de aclararme las ideas. De poder escribir una tesis. De poder explicarme frente a otros. De saber escoger las palabras adecuadas y de saber no buscarlas. De hacerlas públicas. De creerme.

Por otro la necesidad de decir: yo me creo a mí.

(Subraya eso).

Y la necesidad, la necesidad estúpida de quedar mal frente a algunos.

Y mi necedad, la mía, frente a otros.

Yo no sé mentir, pero sé mentir, pero no. Miento, pero no. Ni siquiera sé si quiero. Hasta me miento en público. Sólo me salva cierta ignorancia acerca de mí misma aunque también es precisamente eso lo que me hunde.

Yo no tengo idea. No tengo idea de como hablarme a mí en público.

Y por otro lado....

No es que yo tenga idea de cómo me ven realmente los demás, es que siempre hay un lado de mí que me gusta. O bien, no siempre me gusta, pero me divierte. Que me habla honestamente. "Hay un lado frente a mí", o sea, para mí "hay un yo", que es honesto conmigo misma.

Hay un yo.

Eso al Ustedes nunca le va a constar.

El ustedes, o ustedes, o. Mi problema es siempre con los otros. O sea, es un problema de ideales. De mis padres. De familia, pues.

Yo con mi familia siempre me he llevado muy bien. O muy mal.

¿De qué hablaba?

A mí lo que me encanta es fingir que el Ustedes, o sea el mío, mi ustedes, no existiera. Me encanta fingirlo, me encanta.

Me gusta hablarme a mí como a otros les gustaría que me hablara.

Me gusta que me guste, me gusta gustar y doy el mismo asco que una cruda de glucosa.

Cruda de egolatría, se llama.

...

Lo que más me gusta es atinarme incluso a mí. Pero eso a veces toma tiempo. Y habilidades especiales. O no especiales, pero a veces ausentes. --Qué más me dan a mí los otros.

Yo, para mí, y los otros en medio como un Dios.

(A veces, como ahora, yo misma me doy risa).

El caso es que yo de verdad quisiera escribir un texto que valiera la pena. Uno pequeño.

O grande, pero escribirlo.

En cambio, ni siquiera sé quién soy. Lo ignoro así en el más puro sentido del cliché. No sé qué quiero. Escribo y no sé qué quiero. Hablo y no sé qué quiero. Busco, halago, me comprometo, digo, incluso ¡Pienso y no sé qué quiero!

No es que me encante confundir, "Por favor, señor, sígame escuchando; de verdad que se me sale".

Tal vez sí que intento ser insoportable. La vida es muy rara. A veces soy insoportable para mí, como en una misión conmigo misma. Pero rara vez me traiciono, en pro de un ideal de corrección.

Quiero ser buena, siempre quiero ser buena, incluso siendo mala.

Lo único que me salva es que siempre, o casi siempre, tengo un lado de mí que nunca me abandona. Honesto /deshonesto, pero siempre en un plan cuyo único ping pong lo tenemos ...

Es en estos momentos cuando me pregunto, ¿neta?

Y también siempre me he preguntado si esos éstos llevan acento o no. Creo que no.

God, you know I pray every day.

5 comentarios:

Gerardo dijo...

Pareciera que lo que más te gustas, antes de saberte tú misma, es confundirte... Muy bien, pero la confusión también es un juego. Deje de dar tantos rodeos y admitalo. No sabe darse a entender.


Saludos!

ix dijo...

A mí éste me gustó mucho.

Acerca de saber darme entender y admitir y todo eso... Hola, stranger.

Anónimo dijo...

"Yo no sé mentir, pero sé mentir, pero no. Miento, pero no. Ni siquiera sé si quiero. Hasta me miento en público."

Quien no sabe mentir no sabe escribir.

Al "otro" no le urgen verdades. Tus verdades.

M.

ix dijo...

Me gusta porque está hecho de momentos. Me gusta tenerlos tan claros, de frase a frase, y aún así mantener su diferencia, como momentos (y por lo tanto diferentes).

Podría explicar más cada una de las frases, y la razón de por qué están entre las dos que cada una está.

No digo que toda yo me guste. Digo que me gusta cómo lo escribo, aunque no me guste.

Para ello debo de confundirme muchísimo. Pero con el tiempo me entiendo, y me choco, pero me entiendo, y .

Y así.
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M: El otro soy siempre yo. Los otros no existen en tanto que no son ésos mis ojos.

Al otro al que sí le urgen las verdades, es a mí. No a ti, me queda claro. Por eso no volví a llamar.

Anónimo dijo...

Tu verdad era menos urgente que tu explicación. Ahora que la tengo, me la quedo. La recibo como regalo de primavera.

M.