18 mar 2010

6:19

A ver si con tanto mí empiezo a hablar de otra cosa. Pero me temo que no sea más que como darle cuerda.


De hecho, teng mucho miedo. De mí. De mi casa, de mi vida, de mis vecinos, de mis paredes, ...Tengo incluso miedo de propiciar un terremoto. Así de loca estoy, lo juro.


Y el problema del tiempo. Nunca alcanza el tiempo para hacer nada. Y juro que todo lo que hago, lo necesito.


Es lo que creo de Twitter, entre otras cosas: cada minuto invertido en twitter es necesario en la medida en que cubre una necesidad. La necesidad de diversión social, de espejeo social, de confirmación de traición y, etc., la necesidad del otro.


La escritura siempre ha sido la necesidad del otro.


Un gran porcentaje de los usuarios de Twitter es gente que vive sola, que está sola en el mundo. Twittean porque les hace falta mamá, porque no tienen novio, porque están insatisfechos, porque su esposa no los pela, porque su papá no los pela, porque están en la oficina, porque viven solos, porque se mudaron de país, etc.


Yo no creo que twittear esté mal. Ni siquiera en exceso. Del mismo modo que no creo que esté mal escribir mi vida personal y privada en un blog, ni creo que esté mal escribir pendejadas, ni escribir demasiados twits pendejos, ni escribir un poema estúpidamente cursi ni nada. Lo que está mal es no darse cuenta de algunas cosas, preferiblemente y aunque sea tan sólo porque el derecho al respeto ajeno es la paz. Pero perder el tiempo es, yo diría, el secreto de todo lo que vale la pena.


Mi problema es que tengo demasiadas pérdidas de tiempo. Y todas me parecen importantes.


Y ninguna de todas esas cosas que quiero hacer mientras pierdo el tiempo, tiene que ver con la tesis.


O, peor, peor, peor, todo tiene que ver y no de una manera presentable.


Entonces estoy en eso de diferenciar lo que es importante de lo que no, y me rehuso a utilizar los cánones aceptados.


Necesito un texto. No estos pinches fragmentos.

1 comentario:

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

Escribir es la necesidad de otro.

Eso es muy cierto. Aunque diciendo OTRO no se abarca todo. Porque OTRO puede ser muchas cosas y a veces las opuestas.

Sin decir si bien ni mal, ni verdadero ni falso, ni bello ni feo, ni muerto ni vivo, ni todas esas palabras que ciertamente se prestan a equivocos y a veces uso y abuso, yo dividiría a eso que llama usted Otro en conocido y desconocido.

Ciertamente, cuando se escribe se busca a Otro, pero por lo general es un Otro conocido -es al Ideal. Difícilmente se encuentra a alguien que escribiendo quiera llegar a Otro que sea desconocido -como por ejemplo, usted que no sé ni quién es.

La diferencia es bastante clara: cuando uno escribiendo quiere llegar a Otro -acaso convertirse en ese Otro que no es- y llegar al éxito de su empresa literaria, es siempre hablar solo con ese Otro, con ese Ideal ya conocido y resabido desde siempre. Ahora que, cuando se habla con otro que es desconocido, con otro que puede ser cualquiera y no se sabe ni por donde saldrá, es algo que puede llegar a caso a hablar con eso de otro que hay en uno.

(Anote usted: justamente ese respeto del derecho ajeno es todo lo contrario de esa necesidad del otro. La paz no puede existir entre los hombres. O guerra o amor. La paz es más bien de Dios, de los Unos que no buscan a otros)

Ah, pero a mi la sospecha no se me va por más que esté de acuerdo... incluso también con lo de la pérdida del tiempo (aunque jamás he creído que las cosas sean tan simples). Y es que nu me sabe del todo bien que uno busque a otro desde la comodidad de su casita, de su habitación de su privacidad, de su intimidad inviolable de uno,... No creo que se este buscando a ese otro desconocido, sino a ese Otro plenamente conocido, conocidísimo, resabido desde la más tierna infancia.

(Ahora qué, y valga decirlo para evitar más malentendidos, no me refiero a usted, que se ve que pone redaños en ser sincera y perderse en algún otro, muy probablemente desconocido. Pero, aunque no navego mucho -ni tengo ganas de hacerlo- entre blogs, ni twiters ni nada de eso, etc. lo cierto es que me parece que usted es más bien una excepción que una regla. ¿O me equivoco?)

Salú!