5 jun 2010

el yo, yo, el ello, je, moi, "el", yo, como construcción estructural moderna y otras observaciones de sábado de la mañana

Por supuesto, después de mi tuitadero de ayer, o antier, todo mi horario se me revolvió. Dormí de las 2 de la tarde del viernes hasta las 5 de la mañana del sábado. 15 horas seguidas. Soñé que mi hermano tenía un BMW del futuro, hecho carcacha; y que íbamos a un museo pero mi padre quería acompañarnos, a mí y a una chica. Todo sucedía en una época futuresca, pero cerca de mi casa. El edificio del museo, de hecho, lo ubicaba en el mismo lugar que el Palacio de Hierro. El Palacio de Hierro es un almacén de ropa.

Me levanté angustiada, pero prendí la luz del escritorio, que iluminó parcialmente pilas de hojas, cd’s y plumas, y me sentí tranquila. He querido escribir desde entonces, pero no puedo. Incluso me volví a acostar, hace apenas un momento, convencida de que simplemente no tengo tema de tesis. Ni de escritura.

Es sábado. Son las ocho de la mañana. No he tenido mucho trabajo, pero me complico muy fácil. Sumado a que desde enero no me han pagado por el tiempo que he dedicado a asuntos interesantes sin duda pero no por ello menos ajenos, en vez de mi tesis y mis ondas y mis pelotudeces y mis amores y así, no me dan muchas ganas de chambear. Pienso que todo ese tiempo debería dedicarlo a mí. Pero voilà, tengo tiempo para mí y no sé qué hacer.

Había pensado en dedicar el fin de semana a ordenar mis archivos. No sé por qué tengo el sentimiento de que tengo muchos archivos, muchos textos, muchos temas, muchos ejemplos. Los tengo regados en diferentes partes. Más bien en mi compu, donde no hay muchas cosas, y en CD's que no he visto pero que he pensado que tal vez este fin de semana y todo eso.

Dedicarme a mi tesis es como dedicarme a mí, es decir, dedicar un lapso de tiempo a la observación de mí. Cada quién aprovecha esos tiempos para uno mismo de maneras diferentes (habráse visto, Ocaña, que empezaras a darle importancia a esas informaciones tan evidentes). A mí me ha tocado algo así como la defensa de las causas viciosas. Veo con una claridad higiénica (clara, distinta, limpia) la importancia o las bondades de dedicarse al vicio que es la cultivación del ego.

No llego a ninguna parte dedicándome tiempo a mí misma porque el tiempo que uso para mí lo dedico a observar esa pequeña laguna de mi ser, que no ocupa más espacio espistemológico que mi cuarto, comparada con el resto del mundo, del que habría que decir algo si una quiere verdaderamente llegar a alguna parte.

El ego es un vicio. Sin embargo cualquiera de ustedes, seres ponzoñosos que me leen, se equivocaría si creyera que alguien habla de otra cosa cuando habla de los lagos, de los bosques, de North Downs, de las planeaciones urbanas, de la historia, del conocimiento de la historia, de Darwin, de la evolución y, ya no digamos, de los genes.

Ergo, la habladuría acerca del ego se inclina con honestidad al reconocimiento filosófico de que este mundo es estructural y de que, entre otras cosas por las mismas razones, no tiene origen.

Ahí se sustena la diferencia (lacaniana) que se hace entre el je y el moi, misma que es paralela a la diferencia entre lo susceptible de episteme y lo imaginario. Los artículos gramaticales que preceden la habladuría del ego denotan inmediatamente el género del discuro. En cambio el discurso que implica subrepticiamente el yo, conocido como «literatura», es considerado más hejemplar.

So, ¿qué voy a hacer hoy? Y qué voy a hacer con mi vida. --ih! por un momento creí que eran las 12 del día. me angustié porque estoy demasiado pacheca para hablar con mi jefe. con el que tengo que hablar para pedirle el teléfono de uno de sus alumno-colegas con el que me quedé de ver hoy para entregarle el dossier de, etc. pero menos mal que son las 9 veintidós--. Tengo ganas de tomármela en serio, pero un poco de flojerilla de distinguir cómo es que antes no me la tomaba en serio. En realidad nunca la he dejado de tomar en serio. Bueno sí. Todas las mentiras son síntoma de cuán poco nos importa nuestro ego.

Sólo diciendo la verdad podré acabar mi tesis. Lo que me da unas ganas inmediatas e insoportables de pipear otro poquito.

Realmente quiero escribir. Sea lo que sea aquello que necesito escribir. La cosa me crece como frijolitos de algodón plantados entre la epidermis y la garganta. Pero la imposibilidad de escribir se dificulta con la toma en cuestión de tampoco querer leer. Lo único que me queda es pensar en chicas, en sexo, en amor, en faltas, en recuerdos; y fantasear y así, pero no por mucho tiempo porque es como si por detrás la sola idea de no querer ver a nadie, por el desastre que estoy hecha, me asustara el corazón.

Bien, sé que no estoy hecha un desastre. Me gusto mucho, de hecho. El tipo de desastre del que hablo es ése con el que no podría presentarme frente a una vieja que me gusta.

En el fondo creo que ese síndrome lo he tenido toda mi vida: una culpa, una falta para presentarme frente a eso que me gusta, que en mi caso sería mi presentación frente a otras personas.

Aunque la pregunta no sea tampoco quién es esa anciana decrépita dando vueltas alrededor de ese pantano que cultiva en su habitación.

Son casi las diez de la mañana. Tengo todas las ventanas abiertas y aún así siento que me asfixio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Puta! Este quedó chingonsísimo y nadie comentó!

ix dijo...

Voy a enmarcar ese comentario.