5 jun 2010

Caso ABC


Otra vez tengo que venir a ajustarles las tuercas en sus opiniones. Mientras el mundo siga diciendo estupideces, a mí no me quedará tiempo de pensar en cuál es la cuestión realmente fundamental. Pero bien, así las cosas Batman.

Lo importante del caso ABC no es meter a nadie a la cárcel, querida muchedumbre de lacónicos enardecidos. Al menos, claro, que haya sido un incendio premeditado (which is not the case). No es ése el concepto de justicia que es importante defender.

El caso ABC es ejemplar (cual ABC) porque pone limpiamente sobre la mesa el ingenio social en el que estamos metidos los mexicanos. Normalmente otras cuestiones políticas que también se deben al mismo ingenio (sistema, aparato, dispositivo, mecanismo social) son más difíciles de analizar debido a un ramal de ideologías, morales, puntos de vista, embrollos burocráticos e incógnitas que lo mismo se deben a faltas en los medios de comunicación como a simple y oscura corrupción. Tome prácticamente cualquier otra noticia del periódico y nos veremos sumergidos, parece que interminablemente, en ese tipo de laberintos. El caso de la guardería ABC comporta una claridad totalmente opuesta al resto de los #misteriospolíticos aún por resolver porque el contenido de fondo, la sustancia de la que está hecha la noticia, son niños en edad prescolar de los que difícilmente puede decirse que tengan alguna responsabilidad política.

Es claro que lo que sucedió estuvo mal y ése es un punto en común que no deberíamos desaprovechar en épocas tan socialmente divididas.

Es claro también que el incendio se debió a malas instalaciones. Señores y señoras notables de la enardecida y balbuceante multitud que somos (tú eres México): tenemos todo un país pésimamente instalado. Y no estoy siendo metafórica, hablo de las calles, de las tiendas, de los estacionamientos, de la estrategia detrás de nuestra arquitectura y del pensamiento detrás de la ubicación de cada uno de nuestros servicios: no les damos importancia, como si no tuvieran importancia. Esta desatención en los medios, en aquello de lo que nos servimos para hacer las cosas, es la causa de que "todo nos salga mal".

Aquello que el mexicano común desprecia, como leer las instrucciones (POR EJEMPLO), es la causa de nuestra miseria. Tan simple como eso y el caso de la guardería ABC es lo que a fin de cuentas debería ilustrar.

Si nos fijáramos más en los medios, en las herramientas, en los detalles, seríamos más críticos en nuestros debates políticos. Pero como la mayoría piensa "para qué pelear por un paso peatonal cuando hay gente muriéndose de hambre", tamos jodidos. Porque, mis estimados, en primer lugar la muerte por inanición no es el caso. El problema que aquí tenemos se llama malnutrición y tiene más que ver con los medios de producción que con la sequía africana. En segundo lugar esa exageración que parece no tener otro fin que "abstraer" el problema, está directamente relacionada con nuestra desatención a los pasos peatonales. Y a cualquier otra instalación o instrucción según nosotros "prescindible".

A eso se debe el incendio accidental en la guardería, del que hoy se cumple un año. A que no hacemos bien las cosas. Tan tan, A-B-C.

Si pusiéramos nuestra atención en esos detalles de infraestructura, el mundo sería más claro y más seguro. Haríamos mejor las cosas. Habría menos tráfico, con el tiempo lograríamos un mejor acomodo de la circulación, llegaríamos más temprano a nuestras casas y de mejor humor, tendríamos más tiempo para dedicarnos a algo que nos ate al mundo real y menos voluntad de perder nuestras fuerzas viendo televisión, telenovelas y conversaciones chapuceras.

En cambio este modo de vida que llevamos le quita la voluntad a los niños desde chiquitos. Ese no querer pensar de los niños y los adolescentes se debe en gran parte a que no hay retribución en nuestra negociación con el mundo. Todo actuar en el mundo es una negociación. La falta de instalaciones satisfactorias, aprovechables, hace que esta negociación se torne casi psicótica, casi absurda, casi sin motivo.

De ahí la desidia del mexicano para pelear políticamente, para leer, para discutir cuestiones interminables o para jugar fútbol: de nuestro fracaso de negociación con el mundo, mismo que a su vez se debe a nuestra falta de atención a los medios, a los detalles, a los pasos peatonales, a las instrucciones y a las condiciones de seguridad en las guarderías.

Ése es el complicado mecanismo social mexicano que trae tantos problemas y que es tan difícil de analizar en otras situaciones. De ahí la importancia política del caso ABC: despeja las complicaciones epistemológicas e inmediatamente suscita el sentimiento de inmoralidad.

La manera en que lógicamente se debería corregir este caso es atendiendo las instalaciones en las guarderías.

Una acción política así mostraría a los mexicanos un atisbo de cómo es la vida con un mundo más o menos seguro y más o menos comprensible rodeándonos. En primer lugar se lo mostraría a los niños pequeños, quienes aprenderían a conducirse socialmente. Son demasiados los mexicanos que no tienen ni idea de que hay que caminar por la derecha, cederle el asiento a mujeres embarazadas y nunca, nunca hacerle la parada al camión fuera de los lugares pensados para evitar el tráfico, la congestión vehicular y otros ultrajes por el estilo. El problema se multiplica porque ni nuestros padres ni nuestros abuelos sabían comportarse fuera de casa. Parecería entonces que no tiene solución, pero la infrastructura que ponen el gobierno, y las empresas o asociaciones guiadas por instrutivos gubernamentales, puede ser un dique muy importante para ese aprendizaje.

Por eso creo que el caso ABC puede ser el caso de política mexicana más ejemplar y más importante del momento.

Sin duda empezaríamos a encarrilarnos por un buen camino si logramos que se haga justicia, entendiendo que lo mínimamente justo después de este (demasiado trágico) incendio es la inversión en instalaciones prescolares.

Y sin duda es más fácil lograr justicia con un caso en el que tantos estamos de acuerdo: lo que sucedió ahí estuvo mal. Es casi perverso dudarlo.

En cambio de nada sirve malinterpretar estúpidamente el caso exigiendo que #alguien, cualquiera, vaya a la cárcel.

Con lo mal que están las instalaciones carcelarias.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

“Es claro que lo que sucedió estuvo mal y ése es un punto en común”
Creo que no se trata de “malinterpretar estúpidamente el caso exigiendo que #alguien, cualquiera, vaya a la cárcel”.
Creo, que “sin duda empezaríamos a encarrilarnos por un buen camino si logramos que se haga justicia”.
“Por eso creo que el caso ABC puede ser el caso de política mexicana más ejemplar y más importante del momento.”
“Es claro también que el incendio se debió a malas instalaciones.”. Y que de eso, hay un culpable. Un culpable que, desde mi punto de vista, no deberia de gozar de libertad. Y mucho menos de una libertad “patrocinada” por los padres de cuyos niños, directa o indirectamente, a asesinado.
Directa o indirectamente, su descuido, desinterés, desidia, apatía, dejadez, abandono, desgana, indolencia o cómo le quiera llamar, tuvo efectos terribles. Y eso (el descuido), es lo que desde mi punto de vista, se debe de castigar.
Y sí, al igual que usted, creo que “el problema que aquí tenemos… tiene más que ver con los medios de producción”.
Pero, en realidad cree usted que en otro medio de producción la desidia no se haría presente?
No lo sabemos, verdad? Solamente nos queda soñar que si el mundo fuera cómo nosotros queremos, sería mejor, no?

ix dijo...

No puedes quitarle la libertad a alguien mientras no haya un procedimiento puesto en marcha por el que sea justificable castigar su interrupción.

El descuido, como usted dice, no se castiga. A quienes se castiga son a las personas. El descuido se arregla (que es lo que yo digo: que se arregle, y que para ello dejen de hablar de castigo).

Por supuesto que podríamos meter a alguien a la cárcel, porque "abstractamente" tenemos las leyes. Lo que yo digo es que no funciona.

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Y a popósito, otros mundos son posibles. Existen.

Anónimo dijo...

Tal procedimiento ya existe.
Tiene razón, me exprese mal. NO hay que castigar al descuido. Hay que castigar al que descuido la seguridad en esa y todas las demás guarderías.
Y sí, estoy de acuerdo con que las leyes, en éste "modo de producción", no sirven.
Me platica de esos otros mundo existentes?

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

Wuenas, ¿se puede?
Primero que nada, que wueno que ya volvió al blog.
Segundo que nada, que wueno que ya escribió algo que sus lectores más fervorosos conseguimos entender de primeras.
Tercero que nada, desconocía del todo el caso ABC. Así que he tenido que leer un poco para informarme.
Cuarto que nada, le dejo que no me conteste hasta que apruebe lógica.
Quinto que nada, no estoy -para variar- de acuerdo en prácticamente nada de lo que dice.

:D

Empecemos, por eso de encontrar puntos de acuerdo con dos cosas: 1) Es cierto que el pedir a las autoridades 'justicia' y que ello signifique cárcel, me parece poco más que una tontería. Una excusa estúpida para que los editorialistas y telediarios saquen a pasear su indignación ante los medios y así parezcan los santos defensores del pueblo.

2) Es triste el hecho en sí. Triste y sangriento. detenerse en pensar si es malo o bueno, no creo que tenga mucho sentido... Simplemente creo que es triste.

Ahora pasemos a las otras cosas, a las cosas con las que no estoy de acuerdo... -por llamarlo de alguna manera.

Paso de largo un poco con el tema de las infraestructuras. Yo la verdad si que echaría en falta un poco más de cordura en la manera de estar de las ciudades. Un poco más.

Lo que pasa es que creo que usted luego se pasa. Se pasa tres pueblos a la fe que le pone a esas infraestructuras, en lo que realmente son capaces de hacer.

Yo siempre he creído que un poco de organización en la ciudad no viene nada mal. (Cuando llegué a España conocí el concepto de Paso de Zebra y me quedé boquiabierto, y admito que es algo cómodo como peaton y usuario de las calles) El problema es que una infraestructura buena hará funcionar bien algo que en sí es un Estado y que jamás podrá ser nada bueno. Así que tampoco me hace mucha gracia ver ciudades que funcionan, porque en el fondo sé para qué están funcionando:

Para que esos 49 niños de la guardería ABC, quizá no murieran en un incendio absurdo, sino que tuvieran la maravillosa oportunidad de desperdiciar ese valioso don de la vida ante la pantalla de la televisión, ante sus miserables trabajos y disfrutar de todos los grandes entretenimientos nocturnos que se ofrecen. Es decir, que esos 49 niños que no murieran quemados, al fin, de todas maneras, acabaría machacándolos el propio Estado y su infraestructura para convertirlos en Adultos.

Eso también, para mi gusto, es un acontecimiento triste... tristísimo si tomamos en cuenta las estadísticas de la gran cantidad de adultos que hay por ahí, y que cada uno de ellos significa la muerte, deliberada y aplaudida por las instituciones e infraestructuras de ciudades y estados.

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

¿Qué si hubiera buena infraestructura pasarían todas esas cosas tan lindas que dice usted?

Permítame usted que dude, señorita mía. Permítamelo. Yo también podría creer eso, pero hombre... pasar cinco años vivendo en lo que supuestamente es el Primer Mundo ya me han curado de espanto. Si viera usted las laberínticas carreteras y cinturones de seis carriles que rodean Madrid a las 8 de la mañana, el metro petado de negros, chinos y rumanos sin bañar -no es por ser mamón, simplemente por decir las cosas como son-, los autobuses girando como locos -cada vez que me subo a un autobus me pongo malo de la panza y vomité una vez adentro-... y todo impecable, todo muy mono, todo pintadito, pero todo sigue siendo lo mismo en cierta forma. Eso sí, todo con sus inspecciones, todo mirado, los vagones de metro fumigados, todos los elevadores con sus calcamonías de inspección de la Comunidad de Madrid, la obligación de revisar la instalación eléctrica y de gas cada cierto tiempo, ayudas estatales al cambio de electrodomésticos, calderas para el agua y coches viejos. Si sales a la calle y tu perro hace una trastada como mear en un sitio que no debía y resulta que tu perrito no es un chihuahua -por lo que según las leyes, está tipificiado como Animal Potencialmente Peligroso- y resulta que te dejaste el seguro (si, tu perro tiene que tener un seguro) en casa... pues te ponen una multa y se te llevan a tu mejor amigo a la perrera. ¿A qué es bonito tener un Estado que funciona?

Y aún, si dijeras tú... bueno, es el precio que hay que pagar por vivir en un mundo perfecto. Pero nop. Porque esos desastres siguen ocurriendo. Sin más, hace poco volvió a tronar una fábrica de cohetes en Sevilla. 10 muertos o así. También siempre petan las bombonas de gas, la gente se sigue quemando, los gitanos siguen usando muy bien el cuchillo y hay unos accidentes de coches donde se dejan la vida familias enteras espachurrados bajo un camión de marisco congelado que viene de Galicia.

Es una cosa que nos enseñó Aristóteles, amiga mía. De los accidentes no puede haber ciencia alguna. (También en cierta forma nos lo enseña la Ley de Murphy). Los accidentes justamente son accidentes porque todo lo previsible falló.

Yo por ejemplo, no sabía nada del Caso Paulette, -también otro triste, muy triste- hasta hace muy poco y cuando me entero de todo el tema... me quedé pensando. Da igual si los padres fueron o no fueron. Da igual si la policía es una incompetente. Da igual que imaginemos cual es el secreto embrollo que se oculta tras la muerte de esa niña, olvidémonos de la navaja de Ockham durante un momento y pensemos: ¿Realmente es posible que una niña con problemas de movilidad muera de la manera más absurda y estúpida que jamás haya podido imaginar?

Y lo peor es que sí. Que sí puede, me lo puedo creer si me olvido de tramas de novelas negras policiacas. Sea o no el caso, es lo de menos. El accidente es una cosa con la que convivimos y ocurrirá siempre. No hay infraestructura contra eso, porque el accidente siempre supera la infraestructura: sea por malas artes o por mala suerte. También hace poco una chica cubana ciega que tocaba la guitarra en el metro, al intentar entrar a un vagón, dio la mala suerte de que cayó en el espacio que hay entre los dos vagones y perdió un brazo. Nadie la vio, nadie le ayudó. ¿Quiénes son los ciegos?

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

En fin... divago. La mejora de la infraestructura sólo puede significar una mejora en que la ciudad cumple su cometido. Y sigue, dentro de sí, generando la misma basura que genera siempre: entretenimiento barato, sociedad de masas, bla bla. De eso no cambia nada de nada, al contrario, lo hace con una eficiencia increíble. Si no, mire usted Estados Unidos. ¿Alguna vez ha estado ahí? Subiendo por las Highways ve los suburbios tapizados de McDonals, centros comerciales y KFC. Y nada más.

Ahora bien, eso de la desídia de la que habla... también estoy desacuerdo. No creo que la desídia de los mexicanos -ni de nadie- sea el ver que no hay retribución... (observe usted que la retribución siga la misma lógica que quien espera justamente que los CULPABLES sean CASTIGADOS). Sino que creo que lo que engendra la desídia es verdaderamente creer que las cosas se hacen -que se tienen que hacer- por una retribución, por un fin, por una meta.

La gente es, y de eso cada vez me convenzo más, una pasguata. Aburrida del copón. Desidiosa hasta decir basta. ¿Pero por qué? ¿Por qué? Porque no tienen pasión por nada. Les falta esas ganas de leer porque sí... de hablar porque sí... de pelearse por que sí... de amar por que sí... pero un porque sí con ganas, con huevos, con pasión. Nada, nada, nada... ahí están todos: Que veo la tele porque me aburro. Que me caso porque me aburro. Que tengo un niño porque me aburro. Que me echo un amante porque me aburro. Que me descaso porque me aburro. Que vuelvo a la universidad porque me aburro.

Nadie hace las cosas con pasión. Les falta eso... pasión. Pero una pasión no es algo que espera un fin. Una pasión se hace porque haciendola ya te está gustando... ya no esperas nada más. Pero claro, ¿las personas como van a sentir pasión por algo si hasta sus propios gustos inmediatamente se enrolan y se cuadriculan en el aburrimiento de todos? La gente no tiene ni puta idea de que hacer en la vida, y eso es lo que, de primeras, da pie a que se siga haciendo lo que ya estaba mandado que hiciera desde siempre. Pero eso no sólo pasa en Mexico.

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

¿Cómo corregir el caso?

Hombre, si... para que los niños no sean pasto de las llamas, sería bueno tener buenas instalaciones en las guarderías. O casi mejor, no tener guarderías y que los papis y mamis tengan tiempo de cuidar a sus niños en sus hogares, para lo que no debería haber trabajo. Y ya que no haya trabajo, pues podemos desmantelar esas ciudades horrorosas como DF o Madrid o Monterrey que están echas para y por el trabajo y así repartirnos todos por el territorio nacional. Y ya que no haya trabajo, pues abolimos el dinero... porque, pues... ¿pa qué chingados lo queremos? Y ya sin dinero ni ciudades, ¿para qué iban las mamis seguir con los papis si ya no las mantienen con sus trabajo eslomao y ellas no tienen que hacer de criadas para llevar al niño parriba y pa bajo de la escuela a la casa? Pues abolimos también la pareja, la noción de paternidad y de familia, y volvemos a las hordas en donde todos le daban a todos. Y ya que somos hordas y no sabemos ni quien es nuestro padre ni como viene yo a caer a este mundito tan bonito, ¿a santo de qué seguir creyendo que somos mexicanos? Abolimos el país y el estado de un plumazo, total... ¿sobre qué va a estar gobernando?... Y cuando venga algún listillo a decir, que por qué no nos juntamos en clanes o porque no vamos a darle por culo a la horda de al lado... pues todos, muy sensatamente, le respondemos: si hacemos eso, acabermos siendo todos los culpables de la muerte de 49 niños de la guardería ABC... (otra vez).

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

Uf, que desahogo esto de hablar... que el pinche twitter me tiene a pan y agua con sus 140 letritas. Jajajja.

ix dijo...

Dios: ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no tengo ningún comentario y luego de la nada tengo 8 comentarios intensos del pachoclo éste? ¿Por qué? ¿Qué te hice yo?

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Pachoclo: No estoy de acuerdo con usted.

Eso les pasa a todos. Empiezan a decir que no, que allá las cosas también están, fíjese, que explotó una fábrica en Sevilla, que un camión de mariscos... Parece que vivir en el primer mundo les hace perder por completo la dimensión del problema.

Obviamente allá también hay problemas. La solución que propongo no se va a comprender hasta que no comprenda el nivel absurdo en el que vivimos. Tiene que ver cómo se pasan los altos, tiene que verlo.

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Anónimo: Perdón, no me expliqué con claridad:

Es injusto castigar a alguien por interrumpir u obstruir un procedimiento de seguridad que en realidad no se lleva a cabo en ninguna parte. Lo primero que hay que hacer es poner en marcha esas costumbres de seguridad y después castigar a quienes obstruyan o dificulten el procedimiento.

Y por otro lado, me refería a lugares donde puedes cruzar el paso peatonal con suficiente seguridad.

Evidentemente, como habría que hacérselo notar al Pachoclo, no hablamos de una absoluta y total seguridad ¬¬

Anónimo dijo...

Ja ja ja ja, todos tratan de arreglar al mundo con seguir las reglas.
Ja ja ja ja, acaso lo hace para tratar de salvar su capitalismo absurdo?

ix dijo...

¿Qué tenemos, un marxista?

Matadlo.

Rodrigo dijo...

bravo. el caso ABC ha sido descontextualizado por activistas y por la prensa. que sirva como ejemplo de las carencias de nuestro sistema juridico, especialmente de reponsabilidades o liabilities #comoledicen y regularizacion de inmuebles. en fin. saludos

ix dijo...

Mr. ja ja ja ja:

No no no no, no quise decir que el mundo se arreglaría si siguiéramos las reglas. Digo que tendríamos muchísimo más éxito en nuestras tragedias si pudiéramos confiar en paz en ciertos pactos.

Y

No no no no, la pregunta es completamente otra. La pregunta es ¿qué hacemos ahora con tantos vasos de unicel, Batman?

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Matadlo después.

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

Ay, ix, cómo es... me convierte 7 comentarios laaaaaargos y llenos de chicha en un parrafito de nada... y encima contestando a un argumento puramente secundario, que se me coló en el furor de la retórica.

Nada, nada, si al final va a conseguir su cometido.

¡Salud!

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

Y no me mate a ningún marxista. Que están protegidos por Greenpeace... quedan tan pocos.

ix dijo...

Usted no debería reprocharme mi extensión del mismo modo que yo no debería reprocharle la suya. Pero nos las reprochamos. Dígame, ¿a qué se debe eso?

He ahí la verdadera chica, señor.

ix dijo...

*abre la boca, tose, se convulsiona un poco y finalmente acaba escupiedo al pobre marxista, que ahora tenía el pelo suave y sedoso como una fierilla*