7 nov 2010

¿cómo?, ¿cumplí años?

Mi problema correcto es: yo quiero ser más bonita de lo que soy y como no lo logro, me rapo el pelo.

#añosdeterapia.

5 comentarios:

From the Life and Songs of the Olympian Cowboy dijo...

Quiero comentar en esta entrada, es un comentario kilométrico. Igual sólo tiene que ver conmigo. Pero de cualquier manera te quiero decir. Pero, necesito tiempo, porque redacté un adjetivo que no me convence :( Pasé a decirte, porque a mí me frustra escribir entradas maravillosas y que nadie comente un carajo. Me pone de mal humor. De mucho, pero no demasiado. Porque si fuera demasiado hace mucho que habría dejado de escribir mi diario.
Saludos.

ix dijo...

¿De verdad? Muero por ver ese comentario.

From the Life and Songs of the Olympian Cowboy dijo...

Comprendo perfectamente porque siento y he sentido lo mismo mil veces. Somos demasiado duros, demasiado, demasiado y siempre me pregunto qué tanto tendrá que ver esa punición que vivimos desde esa secta de cristianismo (acaso a pesar de los siglos el cristianismo no haya dejado de ser más que una secta) que se profesa en el entorno. Hablo por mí, pero por muchos años confundí el deseo de autocontrol, de ser dueño de mis actos y, sobre todo, emociones; de la nada dejé de darme crédito de los deseos que era incapaz de conseguir según mis propios parámetros. Yo desde que era pequeño quería ser un genio. Creía que mi felicidad estaba ahí en acumular conocimientos y de esa manera ayudar al mundo para que fuera un mejor lugar, creo que desde la ciencia, tal vez. Y cuando era niño tenía algo de entrañable que en mi entorno era apreciado. Las mamás de mis amigos, mis propios amigos, las niñas de la escuela, siempre decían que era muy bonito y me perseguían y querían estar cerca de mí. Tengo que decirte que en esa pequeña infancia siempre me interesó muy poco. Estaba demasiado concentrado en mi anhelo de ser un genio, embebido de un sentimiento que me hacía sentirme especial, nunca como todos los otros. Me sentía capaz de mirarlos y ver sus inseguridades y sentirme superior a ellos. Hasta que de pronto, conforme fui creciendo, me di cuenta de que en realidad era una persona normal. Que en mí no habitaba un gramo de superioridad intelectual que me separase del resto de los humanos. Así que comencé a buscar rodearme de personas que yo creía que podían ser genios y cada vez que me daba cuenta de que me equivocaba, me dolía; hasta que vi que el mundo, el mundo que me rodeaba a mí, era de gente normal, fue ahí cuando dejé de buscar y comencé a sufrir. ¿Te das cuenta de la dureza y del blanco y negro de mis juicios? Paralelamente, las personas comenzaron a odiarme, empezaron a reflejar su odio en ellos mismos hacia mí, que no era tan feo como ellos. Así que entonces comenzó a preocuparme ser atractivo, el exilio, los problemas que me generaba con las personas, me hacían pensar que era una barrera para establecer una relación verdadera con los otros. Completamente ignoré que antes no había sido un problema y menos advertí que estaba actuando de manera exacerbada al confundir a unos pocos con el mundo. Fue en ese momento cuando las niñas comenzaron a atraerme, antes siempre las había considerado tontas; o sea, como todo niño normal que no quiere rodearse de niñas. Pero ninguna de la vida real era como a mí me gustaban las chicas, entonces me sentía solo. Hasta que cambié de escuela, a una con personas más bonitas que yo y ahí fue cuando me di cuenta de que no era tan lindo como me habían hecho creer y que no podía ni competir en belleza con esas personas y entonces entró un odio hacia creciente hacia las personas que me habían engañado y sobre todo un odio a mí mismo por haber sido tan tonto y creer en personas ordinarias y dejarme engañar por ellos; también hubo un tiempo en que me rapé. Incluso hace unos años, en el dos mil siete, intenté volver a lo mismo, en mi caso era una manifestación de mi miseria, de cómo me sentía. Como no podía ser tan lindo y atractivo como quería, decidí que tenía que ser lo más horrible que pudiera ser. Todo o nada. Esta vida ha sido muy cansada. Vivir así me ha dejado sin fuerza. No sé si a ti te pase.

From the Life and Songs of the Olympian Cowboy dijo...

Tuve una novia que era hermosa. Todas mis novias siempre han sido bonitas (siempre sospecha de las personas que te dicen que todas sus novias son bonitas); pero ella era en verdad distinta. El asunto es que para mí era tan hermosa que me hacía mirarme a mí mismo y sentirme insignificante. Que no valía la pena porque ni remotamente era tan hermoso. Porque ninguna chica jamás me había mirado como a ella la miraban otros. Lo que te quiero decir es que toda mi relación la viví con el horror y la pena de saberme menos lindo. Me volví tímido cuando nunca había sido tímido. La timidez de sentirse menos bello, de saberse inferior, ¿existe de otro tipo? Yo ya había perdido la fe en mí mismo. Es decir, había fracasado en todos mis sueños: no había sido un genio, había sido incapaz de rodearme de genios, no era tan hermoso como había creído... Ya estoy cansado de sentirme inconforme, pero al mismo tiempo, sé que es parte de mi cuerpo siempre estar inconforme, dudar de todo. Cuestionar todo, hartar a las personas porque nunca estoy agusto con nada. Hartarme a mí mismo porque nunca me doy un respiro. Porque las personas no se dan el tiempo, porque dicen que nadie tiene tiempo y sospechan que a mí me sobra, para darse la oportunidad de mirar que no sólo soy un neurótico, que también soy muy divertido y se puede hablar de cualquier tema y no siempre voy a ser serio e intentar imponer mi opinión; es más, a mí me fastidia imponer mi opinión porque si se tratara de discutir siempre discuto conmigo y me la paso debatiendo cada pequeño sentimiento, cada mínima idea que formulo; entonces, en momentos así recuerdo algo que mi antigua novia (ahora un ideal que sólo habita en mi mente) siempre me decía: nunca te das la oportunidad de mostrarle a las personas que no sólo eres un neurótico. Nadie se entera nunca que eres divertidísimo.
No sé si a ti te pase. A penas me di cuenta, como podrás comprender por lo que te he contado, no me doy mucho tiempo para encontrar las cosas buenas en mí, así que ha sido todo un descubrimiento que me hace sonreír: no hay día en que no me sorprenda, no hay día en que no encuentre en algún gesto o una idea que parece ocurrírseme de la nada y con estas pequeñas sorpresas inicia algo que antes me parecía imposible y desconocido; la calidez de amarme. Siempre queremos encontrar a alguien afuera que sea capaz de leernos como nosotros no somos capaces, siempre deseamos que alguien nos abrace y yo siempre había mirado con desconfianza y resentimiento a quienes hablaban de amarse a uno mismo. Pero uno mismo es insondable. Aunque parezca que te conoces perfectamente, eso pensaba de mí, uno nunca termina de encontrar matices desconocidos. Yo me he cansado a veces de la inscripción de Delfos. Pero sigo, intento que ahora el amor crezca desde mí hacia el mundo y así pueda ser recíproco. Y así vuelva hacia mí con más fuerza.

From the Life and Songs of the Olympian Cowboy dijo...

Ahora tengo un corte de cabello horrible, muy muy cortito, y no sucede nada, no me importa. Sentirse triste y solitario es natural a todos los hombres.

Acotación:
Como te dije el otro día, creo que me extendí demasiado. No pude ilarlos con elocuencia así que para no demorar más los volví tres comentarios separados. Porque la claridad de la certeza de esta entrada lo ameritan. Además, ¿sabías que hay un límite de caracteres para comentarios? Lo descubrí hoy. El límite es 4096. Por eso también separé mi entrada en tu bitácora.
Un beso.