7 nov 2010

ixperiments

Observar, escoger, situar los dispositivos, mirar, volver a mirar, mirar y constatar que es imposible mirar atrás.

A Sarah, mi ex psicoanalista, le llamó la atención que calificara de experimentos una medida quizás irracional de mis aconteceres en el mundo, dado sobre todo que en mi caso los experimentos no tenían grupo de contraste y por lo tanto era imposible verificar la hipótesis, por no decir que buena parte de mis "hipótesis" son más bien ondas de hilitos colgando en el viento que parámetros científicos por los cuales seguir. No recuerdo cuándo empecé a usar la palabra «experimento». Sarah me hizo notar que era una palabra rara y a partir de ahí pienso que es una de las cosas menos explicadas de mí, con todo lo que le rodea. Supongo que si me explico en esto, mucha más gente me entenderá.

Verán, la realidad sucede sólo una vez. Aunque como nunca en la historia somos capaces de entender que la realidad consiste en su repetición, nunca podremos desligarnos de la verdad más importante: sólo envejecemos una vez.

Yo todavía recuerdo la sensación de aprender cosas. A los 6, 7 años creía que podía entender alguna vez cómo entendía cosas, porque a esa edad aún entendía cosas por primera vez. Y yo creo que todos recordamos la primera vez que entendimos que las modas se repetían, confiablemente. El regreso de los yo-yos y los tazos en la primaria fue para mí (1987 - 1993) prueba irrefutable. Pero bueno es lógico que uno nunca entienda o acabe aceptando sin ganas siquiera de intentar comprenderlo que es imposible entender el mecanismo completo de nuestra forma de conocer. Sin embargo yo aún me dedico a eso de manera instintiva.

Los experimentos consisten en disponer de cierta manera cosas, por ejemplo gente o cualquier otro significante, en un espacio de espacio y de tiempo, es decir con límites más o menos pensados. Una fiesta, por ejemplo, es un experimento. El anfitrión puede empezar a pensar desde el principio cómo va a escoger a sus invitados, a quién le va a decir primero, dónde la va a hacer, etc. Depende de él que lo haga conciente o con fines epistemológicos. Normalmente la gente no experimentará al momento de hacer una fiesta (y yo no hago fiestas), porque es importante que ciertas cosas no se pongan en riesgo, como los amigos. Principalmente. Pero si se quiere conocer, hay que poner en riesgo y ver cómo funcionan las cosas. Se les puede también llamar ejercicios y uno puede escoger el tipo de ejercicios que quiera hacer con su vida. No necesariamente se debe estudiar a los amigos, también se puede perseguir gente en la vida real, estudiar periodismo, acosar chimpancés, abrir una cuenta de twitter, pararse en la esquina a contar cuántas personas cruzan, dedicarse a la planeación urbana, al diseño de casas, al estudio de los medios de comunicación, al estudio del lenguaje, etc. Los experimentos se pueden hacer a pequeña o gran escala, con todo tipo de variantes, porcentaje de riesgos y capacidad de rastreo. Las empresas prefieren los datos duros, pero también existe el conocimiento blando, como la literatura y la filosofía. Igual de blandos las dos pero en aspectos totalmente diferentes (una diferencia que según este lado permea toda la producción). Yo soy fanática de los experimentos. Soy una perfeccionista aficionada a fijarme en los detalles más extraños, algunos inexistentes y otros de lo más tergiversados. No confío en todos mis criterios, pero se me ocurren muchos y ¿por qué no?, los recuerdo y a veces hasta los pronuncio. Inventar ideas, por ejemplo, o seguir un método de recomienzo de una cuenta de Twitter. Aunque no tengan sentido, aunque sólo se vean bien, cada quién tendrá su motivo, todos lo hacemos, unos más restringidos que otros, unos más en las palabras que en las cosas, unos en el cuerpo y otros en el limbo, unos más inteligentes que otros y los que más, brillan para toda la historia.

Mi gran plan es describir el experimento de mi tesis. Experimento de experimentos, de caracter constatativo más bien que realizativo, contrario a lo que es propio de los experimentos. ¿Pero qué constatación no puede ser a su vez sujeto de experimento?

Mientras tanto, experimento con Twitter, por ejemplo. Qué va!! Fuck this!! Experimento con todo!! De todo hago historias, hago de los aparatos electrodomésticos personajes con voz como cuando en la infancia hacía de las macetas barrancas de campos de batalla y fugas. Hablo con las cosas, con los animales, con espíritus de filósofos. En mi extremo de locura, hasta hablo con los espíritus de la gente viva. (Confusamente). Es sólo una manera muy extraña, pero completamente inofensiva y conciente de sí, de imaginarme al otro y de confiar en él (o no). Platico con TODO en este mundo. Con lo existe o con lo que no. Cuando tengo un problema con una persona o cuando estoy obsesionada con ella, por ejemplo, precisamente por ejemplo, me la imagino horas contestándome cosas. No alucino. Es sólo que juro que tengo una imaginación que me corre como LSD. Siempre distingo (excepto en casos excepcionales de amor irracional en los que hago todo lo posible por encontrar soluciones mal esperadas). (Lo siento por eso). Por lo demás todos mis experimentos son potencialmente vergonzosos. Como cuando de momento no encuentro nada de malo en decir la verdad, salvo por ái un tufillo moralista que no hace más que impulsarme a decirlo tal cual. Quedar mal sin haberlo querido. Decir cosas dolorosas. Y así.

De niña me compraron un microscopio y envases con lupas y redes para atrapar insectos. Suelo tomar apuntes de mis amigos. Soy experta en aguar conversaciones desde 1982. Y soy tan fan de mi serotonina que insisto en honrar todo eso con el nombre de «experimentos».

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos, quiero entrar en contacto contigo pero no encuentro tu mail. Es para mandarte una invitación. ¿Puedes escribirme a paraisoenruinas@gmail.com?
Va un abrazo.

JL

ix dijo...

cómo? no viste que hay una pestañita que dice "contacto"?

cuenteleaix@gmail.com