O sea, perdón. No quiero que por decirlo así tan rápido me predisponga a no encontrar trabajo nunca jamás. No me malinterpreten, hay muchísimo qué hacer. Y además quiero seguir viviendo, y viviendo con fresas y granola, ¿me explico?
Pero el caso es que no he encontrado la manera. Soy mesera (tengo un post pendiente al respecto). Me gusta mucho el trabajo, de hecho. Entiendo que las meseras no pueden ser millonarias, pero si fuera posible tener un departamentito con sol, plantas, un gato y un horno (o mejor, un horno comunitario), a cambio de trabajar 3 días a la semana como mesera y otros 3 días como maestra, yo me daría por bien servida. Sobre todo si por mis habilidades personales me hago también acreedora de algunas suscripciones editoriales valiosísimas.
Contando todo ello, por supuesto, con que quienes se dedican a hacer los libros y venderlos puedan vivir mejor que eso. Y de ahí pues a un filósofo, pintor o escritor no le quedaría más que pa'rriba.
Soy mesera, filósofa,
Son las 4 y media de la tarde. Empieza a irse la luz en mi cuarto, no hace ni media hora que me paré de la cama. Dormí de un jalón 9 horas, lo sé por mi último tuit. No desayuné ni he ido al super. Me choca que no haya mercados y no tener suficiente dinero para el Superama. Mi hermano llega el martes, ¿qué le voy a decir?, ¿no me da pena vivir en este desastre y ser mesera después de todo?
No me da pena ser mesera y no me da pena no estar afirmando una organización que créeme —tengo que decirle— no tiene las menores intenciones de ser cambiada. México, o las opciones que yo he podido ver y que tengo a mi alcance, es decir empezando por Ferrocarril de Cuernavaca aquí afuera —se lo voy a señalar— es una organización de caciques.
Hay mucho qué hacer, pero yo estoy absolutamente perdida. Absolutamente.
Estoy revisando mis textos. Llueve mucho, por eso no puedo ir al super a las 8, 9 ó 10. Que son mis horas de ir al pan y de las cuales me arrepiento hondísimo. Todo me duele muy hondo. Y al mismo tiempo sigo viéndolo todo desesperadamente. Como si me fuera a morir mañana.
Soy una virtuosa persiguiendo el significante.
Una vez pensé en la importancia que debía de tener para mí personalmente que mi hermano regresara, dado que viene tan poco. Pero cualquier distancia impuesta funciona igual: los regresos son puntos y comas de la redacción familiar. No puedo con la familia ahora. Sólo quiero irme. Y no sé de qué trabajar ni de dónde voy a sacar la voluntad. Addict nini.
1 comentario:
En realidad no soy una virtuosa persiguiendo el significante. Depende muchísimo de la perspectiva milimétrica con la que se mire.
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