2 ago 2012

Harina





Harina, agua, sal y levadura. Harina de trigo, harina de maíz, harina de arroz, harina de avena, harina de lenteja, (de cebada, mijo, centeno, garbanzos, soya, chícharos), levadura seca o viva, disuelta en agua, cerveza o leche con mantequilla, con salvado de trigo, semillas de girasol,  de calabaza, con granos anís; jitomates, ajo, cebolla, orégano, queso, sal; champiñones, puede ser. Harina, agua, sal, levadura; leche, mantequilla, queso; jitomates, ajo, cebolla. Querida Milagros, queda tanto por vivir, sería absurdo dejarse la piel aquí. Es insoportable ver cómo mi país ha llegado o está rumbo a la incertidumbre. ¿Alguien sabe qué hacer? Yo misma no me lo creo. No encuentro historia paralela. Lo veo todo y creo que alguien debería estar recopilando esto. Lo que sucede en México. Las botellas de miel de rancho en la mesa de la cocina, porque en el super sólo venden Carlota, pero ni quien quiera ir al super, sólo a tomarle una fotografía al estante del café, tómele una fotografía también a su búsqueda de pan, una fotografía a los Oxxos y a los puestos de quesadillas, que salga en medio la ciudad levantada por obras; una fotografía a la ropa chafa de la gente y los niños, a sus juguetes, a las tiendas del metro, a los horarios, a tanto indie por no caber en lo instituido, a las tocadas ilegales en casas donde nadie fuma mota y la policía puede llegar en cualquier momento, a la policía, al senado que preside la dirección de la cultura; hay que ver a Elena Poniatowska si pudiera vivir nuevamente su vida o a Consuelo Sáizar hablar latín: «Lo que natura non da, Salamanca non presta»,



Hay que ver cómo hacen las rampas para minus-válidos en el Instituto de Investigaciones Filosóficas o en la Facultad de Arquitectura; hay que vivir el absurdo y entonces sentir el temor cuando empiezo a ver al CISEN de este lado y por este otro lado sangre y desaparecidos. Vuelven a la cabeza todas estas sesenta mil muertes. ¿En qué momento llegamos hasta acá? Hay que verlo, pero haberlo visto significa haberse acostumbrado. Esos puestos de quesadillas han existido siempre, esta pobreza ha, hay que cuidarse de no tomar la fotografía con lugares comunes si no queremos a José Alfredo contando lo mismo de siempre, porque de lo mismo de siempre es de lo que estamos intoxicados. Yo que creí que tenía los ojos abiertos. La vida te truena los dedos en la nariz  en estos días. ¿Qué hacer? Qué hacer con la pobreza de todos. Qué hacer con los grandes negocios y los grandes poderes. Qué hacer con la Constitución. Qué hacer con nosotros, a fin de cuentas, ¿cómo devolvernos la seguridad en una vida digna? ¿Qué hay que hacer? ¿Cuántos somos? Para empezar.



Qué hay que hacer como Estado, como nuestro/sus  representante/s, para funcionar como ellos/nosotros lo creamos/nos creó esta parte. Hay que distribuir el dinero, uno por uno, que todos producen, uno por uno, en cosas que nos sirvan. Para ello ni siquiera hay que recaudar impuestos de todos los que producen, puede encontrarse algo que el Estado pueda hacer para cosas que les sirvan a aquellos que no pagan impuestos por razones personales para seguir produciendo. Banquetas, tuberías, distribución, basura, cableado, comunicación, transporte público, teléfonos públicos, botes de basura y sobre todo planes. Observación del terreno, distribuciones posibles del espacio o del dinero, criterios consensuados y públicos. Que sean planes realmente públicos, difundidos, quiere decir que son comprensibles al público. Sería deseable que además fueran difundidos de una manera placentera; si no es posible, al menos amable. Estoy hablando de planes. Estrategias. Procesos. El Estado debe primero estudiar públicamente cada locación de cada bote de basura y luego difundir con imparcialidad esos “planes”. Debe tomar una decisión que sea a la vez correcta y de acuerdo con la voluntad general. Debe difundir sus decisiones y los criterios que ha utilizado para tomar sus decisiones. Debe generar confianza. Para ello debe reestructurar hasta la distribución del dinero a los policías y ello tomando en cuenta la distribución del dinero en muchos otros ámbitos, que a su vez están conectados con otros ámbitos. La policía, por ejemplo, debería ser sobre todo policía de cuadra, o de barrio, pero a pie. Y debería dedicarse más a ayudar a la ciudadanía que a perseguirla. Para ello no necesita ir armado pero debería de saber un montón de cosas de urbanidad. Lo que se traduce económicamente en un aumento del gasto en educación y una disminución en la compra de armas. Un segundo punto importante, por encima de los policías, es la distribución de los jitomates y las cebollas. Hay que estudiar los flujos, mejorarlos, hacerlos más eficientes, más justos; en las ciudades grandes tienen que definirse las áreas por las que pueden pasar los camiones de carga, hay que hacer más trenes, hay que fomentar el pequeño intercambio (que no necesita pagar impuestos), hay que hacer más anchas las banquetas, hay que cultivar criterios (justos, discutidos, hechos públicos) de seguridad e higiene; hay que redistribuir los espacios dedicados a los coches; hay que combatir los monopolios. Sin embargo aunque el mercado sea posiblemente el ámbito más importante de una sociedad, no podemos mejorarlo directamente por una característica importante, que es la confianza de la que depende. El mercado necesita que todo alrededor funcione con una mínima confianza para poder fijar los precios. De otro modo no se sabría ni qué se compra ni cuánto vale. El valor fijado de los jitomates y las cebollas depende en este caso en buena medida de la difusión y comunicación, mismos en los que interfiere la producción de papel y la industria editorial. Para mejorar la producción editorial no se requiere mucho dinero pero sí mucha fuerza en los criterios para reforzar la ley. Tendríamos por ejemplo que invertir en la manufactura de computadoras y fabricación de algunos elementos para distribuir medios de publicación, tendríamos que volver a comprender el copyright, tendríamos que ser muy cuidadosos con las leyes de tala y producción de papel, tendríamos que difundir su precio correcto y valuar los libros correctamente, tendríamos que ser muy cuidadosos con leyes como ACTA. ¿Pero qué es lo que tenemos que hacer primero? Lo primero es actuar con dignidad, virtud y transparencia. México necesita un orden simbólico firme, confiable, aceptado por la mayoría. Necesitamos medios que cumplan nuestros fines para que la mayoría pueda dedicar su vida placenteramente a lo que considere mejor.  Podemos ser más felices sin necesidad de actuar mal. Necesitamos sobre todo comunicación y efectividad. Necesitamos que las cosas salgan bien, no hacemos una lucha para acabar peor o para no acabarla. Lo que necesitamos es encontrar un fin a la pobreza del pueblo de México. Para ello es necesario garantizar la vida de los más pobres, los indígenas, porque no podemos darnos el lujo de volver a perder las raíces de esta cultura. México tiene un pedazo de su historia borrado, el pasado indígena. El pasado español y lo que ha sucedido con nuestra parte indígena desde la conquista lo sabemos, medianamente, pero lo que sucedió detrás está enterrado. “Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco,  luego sacan fuera todo […] luego hicieron una gran bola de oro y dieron fuego, encendieron, prendieron llama a todo lo que restaba, por valioso que fuera, con lo cual todo ardió. Y en cuanto al oro, los españoles lo redujeron a barras. Los chalchihuites se las quedaron los Tlaxcaltecas.” Destruido. Tenemos un pedazo de nuestra historia cerrado, clausurado, perdido, en negro; ¿en qué medida ese pedazo perdido es más importante que el que tenemos?, ¿qué tenemos? Tenemos muchas más cosas de las que tenemos escritas o contempladas. Tenemos una cultura que late sin lenguaje siquiera debajo de cada cosa que hacemos. Nuestro problema es que no sabemos o podemos ver, simbolizar todo eso que late debajo de lo que hacemos y  que es tanto que nos entorpece. Mareados, tanteamos, ya no sabemos siquiera qué hay que hacer. ¿Hay salida? Los alimentos están todos capitalizados, la cáscara de la naranja se rompe si la doblas, las sandías enormes se amontonan en el centro de supermercados, donde nadie se las lleva porque son demasiadas para una sola persona, o dos, o nadie se las come, es mejor comprar poquita sandía, entonces las sandías tienen rajas pequeñas en las orillas. Me pregunto cómo crecen así en el suelo, tan grandes. En salchichonería hay una fila enorme de paquetes de salchichas. 20 de cada marca, dos o tres, o cuatro fondos y 5 marcas, mínimo, todas en una bandeja enorme blanca y brillante que es un refrigerador. Inclinada sobre él una multitud clama a un grupo de 5 carniceros con delantales sucios que rebanan y rebanan cerdos. Piernas de cerdo, pechugas de cerdo, acomodadas en cubos forrados de plástico, todo es cerdo, el cerdo vuela en el aire, las rebanadas incesantes brotan debajo de las máquinas con cuchillas, el sonido constante de las máquinas rebanando y la carne rosa pulverizada como efluvios. Hay que tomar un ticket para ser atendido. Una gran bodega que quiere vender todo. No hay otras tiendas. Uno deja de comprar en Soriana, ¿y dónde compra el papel de baño, la pasta de dientes, los jabones? La leche tiene hormonas. ¿Pero es cierto o es falso que tiene pus? Litros, cientos de litros de leche, yogurt, crema, mantequilla brillan en un refrigerador vertical. Son 20 metros de refrigeración. Los carritos de la compra son enormes también. En cada pasillo caben tres o cuatro. A veces dos. Los carritos chocan entre ellos mientras los humanitos intentan cazar su alimento. Otros carritos estorban. Finalmente cada uno alarga una mano hasta el estante: una marca de miel, una marca de arroz, una marca de salsa de tomate. Un monedero de plástico para que sigas comprando ahí. El camino de regreso está lleno de incongruencias, obstáculos e incluso peligros. Coladeras abiertas, construcciones que obligan al peatón a caminar por la calle, baches, vueltas inesperadas, esquinas con puestos de chicles y periódicos emplastificados con bolsas rotas, gente con prisa, de banquetas mal hechas, de pasos mal hechos, de calles cerradas, de retrasos e incluso de hoyos en el suelo de pasos peatonales a desnivel. Llegas a casa ¿para qué?, ¿existe algún trabajo donde no tengas que hacer una mamada? Hasta los meseros mezclan la basura porque “no hay tiempo” y sirven vasos de vino pequeñitos porque “es negocio” con sus miserables trabajos sin seguridad social ni impuestos ni salario, porque todo lo que hacen lo hacen por las propinas. ¿Es cierto que los expendedores de gasolina trabajan sólo por las propinas también? La filosofía trabaja con el discurso y la verdad, los filósofos podrían trabajar de muchas cosas en una sociedad a la que le interese justificar sus decisiones, pero en ésta no hay trabajo. Puedo corregir libros, ¿han visto los libros que se venden?, escribir guiones censurados para noticieros, ¿sabe el estado de los medios?, escribir articulitos bajo contratos de confidencialidad y nombres falsos o en el mejor de los casos encontrar la oficina del empleado anónimo donde no pueda hacer mucho daño y por ejemplo corregir el HTML de publicidad de empresas extranjeras por $10,000.00 al mes, eso o aceptar para toda mi vida una condena de $5,000.00, menos impuestos. Por dar clases, por ejemplo. O hacer el pan. ¿Hay salida?



U ok, aceptar una vida de $5,000.00 al mes, ¿y luego qué?, ¿vivir bajo estas disposiciones siempre? Porque aunque sea posible encontrar un trabajo honesto en esta ciudad, con ello no negamos que la mayoría,...



...la  gran mayoría,...



....la terrorífica mayoría acepta algún tipo de inmoralidad en sus trabajos. Nosotros sólo somos la excepción que confirma la regla. Viviendo de $5,000.00 al mes en esta ciudad sólo te pones la soga al cuello. Neto, ¿cuál es la salida? Porque yo vida sólo tengo una.



Pasé por 5 trabajos en el 2011. Trabajé en el piso 37 de la Torre Mayor en enero, lo dejé por un puesto como redactora en la consultora de comunicación de la Supervía, luego de eso, un mes después, fui mesera, ése me duró 4 meses, en agosto fui modelo de desnudos, a finales redactora de guiones para un noticiero de Canal 40, me despidieron la primera semana de septiembre, en octubre corregí textos para Santillana, en noviembre para Lenguaraz y acabé el año como mesera en un bar en la playa. (Hasta diciembre de 2010 trabajé en cosas de la  universidad). Poco antes de que llegara habían aventado al mar a un tipo de 20 años. Fue por venganza, me dijeron. Antes le habían cortado los brazos y las piernas. Nadie hizo nada.



Es imposible decir en qué país vivo. El que lo conoce, lo conoce. El helicóptero del Secretario de Gobernación cayó hace unos años al lado de un parque. En algunos lados las cosas funcionan y entonces generalmente cuestan. En otros las cosas simplemente no funcionan. Vivimos rodeados de cosas que no funcionan o están mal. La corrupción se lo come todo. La mayoría de la población está siempre necesitada de algo: de dinero, de tiempo, de ropa, de espacio, de agua, de servicios (de mercado, de telefonía). Todos siempre queremos más porque nos falta; porque la falta es verdadera, tienen éxito todos los incentivos para cubrir esa falta comprando ciertas cosas estratégicas. A todos los niveles. Esta pobreza compartida, generalizada, crea las pistas de carreras en la calle: todos van detrás de la zanahoria. No has llegado al trabajo y ya te chingaron: te bajas a la mitad del carril, sobre un charco, detrás de un puesto de periódicos y un paso peatonal. En el trabajo te chingan. Te vuelven a chingar de camino a casa. En casa te chingan con la construcción en la calle, con los vecinos imposibles, con las mensualidades, con la televisión, con tus hijos, a tus espaldas, de frente sin que lo sepas, a huevo porque no queda de otra.



Ésa es justamente mi pregunta, ¿cuál es la otra? Harina, agua, sal y levadura.

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