Bien pues volví a internet. Me fui de México el 7 de noviembre de 2012, tomé un vuelo con Fernanda a Buenos Aires.
Trajimos muchas cosas, nos dio tiempo de despedirnos y nos fuimos felices. Una guitarra, una jarana, yo empaqué veinte libros. A fin de cuentas, sólo lo fundamental para un tiempo indefinido y como es natural un par de cosas de más y otras que olvidamos, como la cámara que dejé en la mesa de la cocina mientras me preocupaba de no olvidar los boletos y el pasaporte a las 3 de la madrugada. Pasamos la primera semana en BsAs y después tomamos un tren a la sierra, en donde su familia tiene una cabaña desocupada y en donde hemos vivido desde entonces. La villa en la sierra, en el recoveco de un bosque, no cuenta con un censo oficial pero casi todos se han hecho socios de la Asociación de Bomberos Voluntarios, debido a la cantidad de incendios, y la misma cuenta 800 registros según fui informada por un bombero voluntario en persona. La mayoría de los cuales, sin embargo, son habitantes flotantes de fin de semana o temporada alta. El pueblo más cercano, donde hay super, ferretería, farmacia, taller de bicicletas e internet, y también pasa un tren a la capital dos veces por semana, queda a 11 km. El transporte público, que recorre 4 pueblos de la comarca, pasa por aquí a las 7, a las 12 y a las 19 hrs.
Después de que no pude renovar el contrato con el Conacyt de un trabajo asistencial en la UNAM debido al amor insuperable que le tengo a mi tesis, intenté dementemente insertarme en el sistema de producción de la capital mexicana, donde nací y crecí. Yo estudié filosofía. En enero de 2011 trabajé en Deloitte, en la Torre Mayor ubicada en Paseo de la Reforma. En marzo trabajé un mes para una consultora de comunicaciones que tenía como cliente a trabajadores y proyectos del GDF, en la que me hicieron firmar un contrato de confidencialidad. Lo firmé pero después renuncié. Mayo, junio, julio y agosto trabajé de mesera en la colonia Condesa. La última semana de agosto y la primera quincena de septiembre trabajé en TV Azteca, aunque fuera de TV Azteca, en la redacción de los primeros guiones de Huella Digital, un programa que tenía como presentador al ex vocero de Fox y de donde me despidieron alegando que escribía peor que un niño de primaria y haciéndome responsable de un texto que nunca escribí. En octubre conseguí inesperadamente la corrección de un par de libros en Editorial Santillana y en noviembre una corrección monumental, parte del trabajo extracurricular de una editorial independiente. Finalmente con ese dinero empaqué los libros de la tesis en la cajuela del coche y me fui a vivir a una playa desierta.
Regresé a finales de abril de 2012, cuando se me acabó el dinero. Un par de semanas después salió el video de 131 estudiantes de la Ibero. Una amiga mía, una de las alumnas que mostraban su credencial, tuvo días después un problema familiar, debido justamente a este video, por lo que el lunes 21 de mayo me invitó a ocupar su lugar en una reunión del entonces ya 132. Nunca ocupé su lugar, por supuesto; ni a mí ni a nadie le parecía que fuera apropiado hacer una cosa así como cambalachear lugares. Ocupé mi propio lugar desde el principio observando el movimiento lo más cerca que pude y acelerando mi sentido de responsabilidad para enunciar en voz alta lo que estos cincuenta y tantos estudiantes de veintitantos debían escuchar. En términos generales fui bien recibida por aquellos post adolescentes. Así asistí a la marcha del 23 de mayo, la recorrí de principio a fin estudiándola envuelta en un compromiso que nunca imaginé y que siempre, durante aquellas semanas, pareció frágil. Ahí me reencontré con Fernanda, una compañera con la que trabajé de mesera hace 5 años, pero en dos minutos la perdí en la multitud. A la marcha del 23 de mayo asistieron 19 mil personas. Una semana más tarde me invitaron a un concierto de Liliana Felipe en el teatro de la Ciudad de México en el que inexplicablemente nos volvimos a encontrar, después de 5 años de no encontrarnos nunca por casualidad, y me invitó entonces a un tokín el siguiente jueves y al cine el miércoles que seguía y con quién empecé una relación exorbitante al mismo tiempo en que asistía a todas las reuniones que podía del 132 que ya entonces se encaminaba rápidamente hacia la cúspide de su primer y podría decirse terminante crisis.
Lo que sucedió en esos días fue precipitado y oscuro. Yo ocupaba intensamente mi tiempo en pensar estrategias. No pensaba en nada más. Fernanda era un huracán emocional constante debajo de ese huracán ideológico y con ella hablaba también siempre del 132 y de la situación social preelectoral que vivíamos. Pensaba estrategias porque era lo mejor que podía aportar. Al principio alcé la voz por mi propia cuenta en asamblea. Un par de noches después se acercó Carlos. Después algunos más, incluyendo a mi amiga que había tenido que ausentarse temporalmente de las reuniones, y finalmente en aulas de la Ibero se formó un “comité de reflexión y crítica” que incluía algunos maestros, estudiantes del 132 de la universidad y a mí; fue a través de ese comité que pudimos transmitir de manera ordenada y exclusiva al 132 de la Ibero aquello que íbamos considerando pertinente. No tuve nunca contacto con ningún otro 132.
Tres semanas después recibí en mi casa a un supuesto trabajador de CFE que le pidió al portero de mi edificio revisar mis medidores. El trabajador, que venía en una camioneta con vidrios polarizados pintada de blanco en donde nada se leía acerca de CFE, no quiso identificarse y presentó como solicitud una hoja de fax con los datos de mi cuenta telefónica pero que nada explicaba sobre solicitudes. También sabía, porque había sido informada de ello, que tenía intervenido el teléfono.
Después del debate del 19 de junio, me alejé permanentemente. No por otra cosa sino enteramente porque lo que estaba haciendo ahí carecía de importancia.
Pasé el verano en casa de Fernanda siguiendo de cerca las noticias, intercambiando opiniones, observando por mí misma la resonancia del 132 y pensando vorazmente estrategias. Los aciertos y errores de esos noventa o cincuenta estudiantes habían empezado en mi cabeza un serpientes y escaleras descomunal. Se dejaron sentir los lineamientos fundamentales a los que la juventud mexicana se sujetaría al momento de ansiar qué tipo de revolución. Durante los últimos meses antes de que Peña Nieto tomara posesión como jefe del Estado de México, no sucedió nada que cambiara mi perspectiva, la cual sólo se ha consolidado desde entonces.
Los últimos 8 meses en esta cabaña en medio del bosque hemos hecho una huerta, un compost, dividimos y reciclamos la basura, arreglamos enchufes, fugas de agua, hornallas de gas, cambiamos productos por otros productos y vivimos de hacer pan. Apenas hace unos días tenemos internet de vuelta.
2 comentarios:
Me alegra mucho que hayas vuelto Ix, de verdad. A mí también me hubiera gustado invitarte a un café saliendo del concierto de Liliana Felipe. Besos y suerte con la vida nueva.
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