3 ago 2013

Notas a la necesidad de una revolución pacífica

Parece que nunca termino de explicar me.

No quise decir que estaba en contra de la violencia. No me caben esos llamados a un mundo sin violencia. Son falsos e indeseables. El lenguaje es violencia, la inteligencia es violencia, el dominio técnico es violencia, el amor es violencia. ¿Es violencia todo lo que existe por el mero hecho de existir? A fin de cuentas el Bing Bang y ¡pum!, todo es violencia. Claro que no es lo mismo regodearse sobre lo existente que dispararse fuera de esta normalidad pasmosa. El ser humano ha caminado a golpe de violencias, pero tampoco quiero decir que ha progresado, ni evolucionado ni que ha desarrollado sus capacidades esperadas. Casi todo lo bello es violento: los descubrimientos científicos, los buenos libros, los volcanes, la música, el arte, el sexo, la cocina, la cocaína, la calefacción, las playas vírgenes, el campo, la miel que producen los enjambres de abejas en sus tripas. El más idílico establecimiento del ser humano en la tierra implica violencia, construir es violencia. Es poner algo donde no estaba, sacar los materiales de un lugar para ponerlos en otro, llamarles materiales y no paja o trocos, quitarle su casa a los mapaches, las víboras, las arañas, los pájaros; golpear, cavar, clavar, herir, erigir; aunque sea un búnker. El lenguaje también levanta cosas donde antes no estaban. De hecho, en un revés insólito, puede que sea el lenguaje el edificador más violento. Ni qué decir que casi todo lo útil es violento: las comodidades como el plástico, el veneno contra plagas, las máquinas para cavar, cortar, demoler, triturar, volar y trasladar, las fábricas de huevos y leche, las minerías a cielo abierto, el despilfarro; la producción masiva, la obsesión por generar riqueza, los excesos del control y del descontrol.

Por supuesto, hay violencias y violencias. Yo misma, en el texto anterior (sobre una revolución pacífica), me declaré absolutamente a favor del lenguaje y no de las armas; preferí una cosa sobre la otra aún a pesar de estar consciente de que el lenguaje es violencia. No lo hice por una aberración a la violencia, sino porque creo honestamente que el proceso de un cambio sólido y verdaderamente deseable viene de la conciencia. Pero no podemos pensar con un trabajo alienante. Y por trabajo alienante me refiero por supuesto a los que explotan masivamente el campo envenenando la comida porque la vida consiste en vender mucho, nena. Necesitamos urgentemente trabajos simples bien retribuidos, necesitamos comer bien, dormir bien, necesitamos que nos hablen con verdad, recuperar la confianza entre nosotros y hacer nuestro trabajo con amor además de saber razonablemente (siempre con incertidumbre pero más dentro de los límites de la confianza) en qué mundo vivimos. Y tampoco quiero decir que alguna vez vayamos a conocer este mundo tal y como es todo él entero. Pero eso no significa que tengamos que renunciar como sociedad a saber de él en la medida de nuestras posibilidades. Y podríamos saber mucho más de él si no estuviéramos raptados por nuestros empresarios, por Bimbo, Nescafé, Cocacola, Alpura, y un estúpido etcétera que incluye la base de datos de nuestros gobiernos. Para tener trabajos simples bien retribuidos tenemos que inventarlos nosotros. Para eso primero tenemos que renunciar a nuestros estúpidos trabajos que hacen daño. Luego tenemos que encontrar algo en que honestamente podamos trabajar.

Esto es muy complicado porque al principio seguimos embotados por nuestros trabajos anteriores y no se nos ocurren otros.

Pero en realidad es una idea muy simple: se trata de encontrar demanda para lo que una misma puede ofrecer y encontrarle un precio justo a tu oferta. Si se tratara de lo mismo en el mundo normal, el precio de lo que se ofrece debería ser muy alto o requeriría producción masiva, o ambas, para pagar el costo de vida. O, si el precio no puede ser muy alto, te condenas a ti misma a vivir por debajo del costo de vida eternamente. Pero en un círculo donde la leche, el pan, los huevos y la fruta son comercializados por gente que también ha renunciado al mal comercio y que comercia ahora con productores directos que también a su vez han renunciado a la explotación irracional del campo y los animales, se puede fijar con tranquilidad el valor de la oferta haciendo un equilibrio entre la cantidad que puedes producir en un tiempo razonable, digamos 6 horas al día, y lo que necesitas consumir en ese mismo lapso de tiempo, incluido el descanso. Debemos bajar los índices de consumo y cambiar nuestro estilo de vida, en realidad no cuesta tanto vivir. La telefonía y la generación de energía pueden ser más baratas y de menor impacto, pero igualmente hay que cambiar nuestros hábitos. Por supuesto que hay trabajos de contadores, administradores, managers, jefes e incluso de consejeros, pero se necesita uno cada muchos. El principio, para organizar una fábrica de quesos y un gallinero, se puede aprovechar para reflexionar hondamente sobre los cambios que estas nociones como jefes y administradores deben tener para nosotros. Lo que más se necesita es comida, ropa, herramientas, muebles, casas, agua, luz. La demanda para contadores surge cuando muchos se han organizado para otras cosas más primordiales. Y las cuentas sirven principalmente para publicarlas.

Las cosas tienen que hacerse realmente de otra manera. Cada uno de los trabajos que se necesitan conlleva el reconocimiento de la necesidad de todos los otros. Plantea las relaciones entre ellos, sus normas, su necesidad. Hará falta quien sepa en dónde hacen falta repartidores de leche y hará falta alguien que analice los flujos y recomiende trabajos parecidos más cercanos o rutas más eficientes. Pero sobre todo salta a la vista que para que funcione, no puede hacerlo uno solo. El que lo haga tiene que comprarle harina, frutas e hilo a alguien y no puede vivir bajo los costos de ese otro estilo de vida. Tienen que ser muchos los que lo hagan y tienen que estar organizados. Tienen que tener bien asegurada el agua, los alimentos y las herramientas porque lo primero que el capitalismo intentará hacerles a aquellos que se organicen es obstruirles las bondades de la producción industrial de que la que los revoltosos tanto se quejan. Por eso lo fundamental es tener como resistir: huevos, queso, pan, frutas, café, vestido, zapatos, cables, termómetros, balanzas, sierras, soldaderas, bombas de agua; y todo ello necesita un excelente medio de comunicación y difusión digno a la altura de la revolución. Necesitamos ponernos de acuerdo sobre lo importante y revivir el sentido de lo cotidiano que se comparte. Necesitamos encontrar qué es lo importante que tenemos que decirnos.

Lo viscoso del ejercicio es su capacidad de reproducción: otro grupo en otro lugar también con huevos, queso, pan y frutas. También con un excelente medio de difusión y comunicación, también con las ideas claras. Entonces alguien tendrá que sacar la página web. Más le vale que baje a comprarle naranjas y queso a la revolución. Con suerte seremos tantos que necesitaremos protegernos, sí, físicamente del gobierno. ¿Entonces qué hacer? Replegarse, comer nuestras frutas, publicar en nuestros periódicos y hacer nuestra vida. Una comunicación tan lograda que si matan a uno, sea un escándalo. Esperar que hacer la vida se vuelva contagioso o que se legalice nuestra situación. Encontrar nuevos trabajos, afinar los que teníamos, combinar punketamente la tecnología con el polvo del regreso a la naturaleza.

En un mundo así revisaríamos con más facilidad la Constitución y sabríamos mejor qué leyes necesitamos.

No puedo ponerme en contra de ningún movimiento que se presente como revolucionario y armado sólo porque está armado. Lo miraré con desconfianza, por supuesto, pero si esa lucha en verdad fuera revolucionaria con la distribución del poder en este país, no podría menos que seguir lo que hace y tener esperanza. Yo no estoy en contra de los movimientos de autodefensa de Michoacán así porque sí. Me gustaría saber mejor quiénes son.

Restablecer una red de alimentos y vestido fundamental no es fácil, claro. Ni siquiera están escritas aún las dificultades reales a las que se enfrentarían los susceptibles revolucionarios. Por eso es importante intentarlo, para ir probando la resistencia verdadera a cambiar que tiene este mundo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo subversivo también sería generar esos trabajos, con esa inteligencia y esa sensibilidad, no esperarlos.

ix dijo...

¿quién los está esperando?

no, espera, también los estoy esperando.

http://pandeaca.blogspot.com.ar/

;)