Jamás le diría puto a alguien con la intención de burlarme de su homosexualidad. Pero sí le he dicho “te ves putísimo” a putos. Y también le he dicho puto en el sentido de cobarde a gente que por otras cuestiones resulta ser gay. Pero no soy de las que gritan puto en comunidad, ni al portero ni a nadie. A @ChemaMtzMtz quizá. La verdad es que no uso mucho la palabra, pero es parte de mi lenguaje. La uso por ejemplo para decir “¿Qué quieres puto?” cuando alguien me molesta en la calle en mi adorado DF. ¿Debo de preguntarme en ese momento si soy yo misma la causa de la violencia sexual en mi país? No me parece sano cortarnos las palabras cuando hacen falta manos para agarrar este mundo como es, en la medida en que lo que es es y eso en todo pertenece al lenguaje. Sin embargo por un tiempo accedí a no decir más puto, en la creencia de que yo, como mujer lesbiana que soy, podría no estar en condiciones para entender realmente las implicaciones de la palabra puto y que no debía ser tan vanidosa como para creer que podía desechar la demanda tantas veces formulada de la censura de su significado y su uso. De todas formas, como dije, casi no decía puto. No fue algo muy trabajoso que me propusiera. No soy buena cumpliendo cosas por cumplirlas, de hecho me considero con superpoderes para trascender la culpa e incumplir. Así repetí 4° de prepa. Pero me dediqué a ello y dejé de decir puto frente a la pantalla cada vez que aparecía la foto de determinado personaje importante en mi vida. Luego empecé a censurarme otras cosas espontáneamente, y a hacerme muchas preguntas al respecto. En la medida en que no se me escapaba lo doloroso, porque ya puestos en la censura uno es capaz de censurarse un montón inadvertido de cosas. Pero no todas las preguntas eran iluminadoras, algunas eran muy idiotas y no hacían más que colaborar con un estado de inseguridad e inestabilidad perpetua que finalmente es un poco lo que se busca si uno prefiere evitar este puto fascismo. Nada de ello impedía que continuara diciendo puto de vez en cuando, mientras el ejercicio de la censura levantaba torbellinos y resentimientos insospechados. Me preguntaba cosas como ¿no debería también dejar de decir puta? Y era como cuando prendes un cigarro de puro nervio de imaginar que hay que dejar de fumar. A la puta, ¿no? Obvio queda claro que el problema es más o menos el mismo, pero en femenino. De hecho es un poco más doloroso porque el puto es puto sólo él y nada sucede con sus hijos. En cambio la puta lleva toda una prole consigo, absolviendo de paso al hijo de puta al que queremos interpelar pero que en el mayor de nuestros insultos equivocamos.
Jamás me dejaría llevar al error de creer que entonces Pinochet es solamente Pinochet. No, es un hijo de puta.
¿Entonces? Como mujer no creo que avanzaríamos mucho si dedicamos nuestros esfuerzos a borrar una palabra de nuestro lenguaje. Sería además una ofensa para las putas porque mientras las putas existan, borrar la palabra hará imposible encarar los problemas. Por supuesto, tampoco se resuelven diciendo puta. Las putas han sido parte de nuestra historia y aún si lográramos una convivencia deseable, del todo deseable, las putas han sido parte de nuestra historia. No podemos borrar los síntomas creyendo que solucionamos el problema. Tampoco está bien aplaudir la autocensura de quienes de por sí están tan abiertos al dolor de la homofobia. Ni está bien trasladar el foco del problema a la fuerza con la que confiamos en nuestro lenguaje, que en unos prevalece por naturaleza y en otros por crítica.
Hace falta trabajo, mucho trabajo, en nuestro discurso sobre la violencia sexual. Hace falta un trabajo más fino. Hay gente que usa la palabra negro o naco, sería imposible interrumpir todo tipo de relaciones con las personas que en algún momento tienen actitudes análogas a los conquistadores del S XVI. El trabajo de comprensión es difícil. Por supuesto que efectivamente se suspenden las relaciones con un montón de estúpidos. Pero uno no puede hacer esto tomando como criterio sólo el uso o no de una palabra.
Lo que sé es que no voy a dejar de decir puta. Entonces tampoco dejaré de decir puto.
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