Están desapareciendo gente. Hay que salir a anunciarlo como Zaratustra y eso que ya no era noticia. Han desaparecido pueblos. La policía se mete a las casas de la gente e interviene los teléfonos; torturan con picanas. La lista no acaba acá, pero hay que parar porque entre más enlistes parece más una ficción. Porque si les dices que La Jornada es caca, Proceso es caca, El País es caca y que hasta en Página 12 censuran noticias de indígenas muertos y reprimidos, las personas dejan de creerte. A ti, no a ellos. Y si pones tus dudas sobre Mireles, te dicen que esto les angustia más allá de lo que pueden soportar. Es difícil escribir esto, es como si me estuvieran rayando el disco. Estoy viendo cómo a mi escritura se le van los hilos, cómo hay que decir demasiadas cosas a la vez y cómo se enreda todo y provoco yo misma la distancia comunicativa. Están desapareciendo gente y hay que salir a decirlo porque en algún momento de hace 8 años para acá todos, la mayoría, la inmensa mayoría, dejaron de pensar las noticias. Porque, claro, son incomprensibles.
A ver si puedo hacerle entender mi situación. Imagínese que usted llega de otro planeta y me escucha, nada de lo que digo tiene que ver con usted. ¿Recuerda esas épocas en que las cosas eran más normales? Quizá no las recuerda. Anda usted por ahí diciendo que siempre ha sido igual en todas partes, como si todo fuera igual. Por eso, imagine que viene de otro planeta y me escucha. Y yo le digo:
Están desapareciendo gente. No sé cuántos porque el mensaje de la Secretaria de Gobernación es que no los están contando. Pero si me apura le digo que son entre 20 mil y 36 mil. Aunque claro, no se espere que yo haya analizado los registros, lo que sé, lo sé de los medios. Y los medios mienten. Así que (¿me sigue?) los noticieros mienten y a la vez es a través de ellos que sé que la policía tortura con picanas, que hay desaparecidos, que hay presos políticos, que la policía viola a mujeres sistemáticamente, que matan zapatistas, que hay una red de pederastia, que se desvían armas para el narco, que cuando el narco te agarra te corta en pedacitos vivo y suben el video a internet (ya lo perdí, usted quiere enfocar su energía en cosas positivas) y que además el narco hace el trabajo sucio de la policía, a la que le resulta mucho más conveniente llamarle narcotraficantes a sus paramilitares.
Si los medios mienten, ¿por qué habría que creer todo esto? Es la postura de muchos. Como no pueden saber que aquello con lo que cuentan para pensar es verdadero, es mejor no pensar con esos elementos. ¿Y qué puede saber entonces? Pues aquello que está del otro lado de los medios de comunicación: su propia vida inmediata. Por eso ha decidido enfocarse en su propia vida en la que no suceden todas estas cosas y ha descubierto que es mucho mejor vivir así. Incluso va a museos. Habla muy bien de su intelectualidad ir a museos en estas épocas (uh ya perdí a otro).
Quedamos los que quedamos, sigamos. La otra postura es pensar que si sabemos todo esto a través de los medios, entonces no estamos tan mal. Porque antes esto no pasaba, antes, en las dictaduras de los 70, nada de esto se sabía a través de los medios. Ergo, esto no se parece en nada a los 70. Ergo, no hay de qué preocuparnos. Si los medios están haciendo su trabajo, entonces, porque esto no se parece a los 70 y si no es malo entonces es bueno, entonces la policía está haciendo su trabajo.
Alquimias para desaparecer desaparecidos.
Recuerde que usted es un extraterrestre.
Yo quisiera decirle, y quiero que me escuche, que mientras yo, pequeño diminuto puntito en este planeta, veo todo esto, veo estas noticias, veo estas cifras de desaparecidos, veo estos argumentos, a mí también me han sucedido cosas. Me he organizado con gente (buena o mala) a la que después han matado, he visto circular en redes la foto de una persona en la que confié, con la nariz rota golpeada por la policía, a mí (a mí a mí) me han intervenido por lo menos dos veces el teléfono, a mi casa (a mi propia casa) han entrado en la noche no a robarse nada sino a revolver papeles buscando ¡¿qué?!, yo solita, nadie ha tenido que contármelo, he tenido decenas de desencuentros absurdos, irracionales y autoritarios con la policía, yo misma, nadie tiene que decírmelo, veo cómo se contradicen los políticos en cosas que son simples, yo, yo sola, he visto construirse frente a mis ojos la confianza en los zapatistas y no porque conozca a ninguno (probablemente conozco a alguno sin saberlo) sino sólo por su palabra, y yo, yo, mi persona que soy, la conciencia que tengo, le creo más a los zapatistas que dicen que hay ataques paramilitares que al gobierno que lo niega o calla. A mi vida personal, a la que tendríamos que recurrir según unos cuando los medios mienten, le han pasado cosas. He visto, con los ojos, la moral que tiene La Jornada. He visto a Proceso publicar “hay más de 100 grupos armados en el país” en un párrafo perdido entre sus páginas cuando debería ser el titular de la revista completa, yo me he sentido pelotita pateada en organizaciones secretas que se dicen de oposición, a mí me han callado miles de veces por mis argumentos estúpidos, burgueses e infantiles sin que jamás me haya quedado claro por qué lo son, yo he visto cómo triunfo en exámenes y cómo sucumbo laboralmente, a gente en mi vida la han torturado, matado y golpeado. Yo me he ido de mi país por miedo. Y vivo cada día esa decisión extraña. ¿Por qué eres extranjera y no puedes trabajar y no están inserta en las redes laborales? ¿Por qué no entiendes los chistes, las conversaciones y los prejuicios culturales? ¿Por qué extrañas todos los días otra vida? ¿Por qué vives este desacomodo constante? Por miedo. ¿Miedo a qué? Contestan. Si yo voy a museos. Y hay que salir a decir que están desapareciendo gente. Y se escucha como si Dios hubiera muerto, una carretilla de borrachos hablando al mismo tiempo.
¿Me sigue, extraterrestre?
Póngase en mi situación. Imagine que tiene en la cabeza, y en la existencia, todo esto. Que todos los días, every fucking day, tiene en la cabeza los bombardeos a Gaza, las expresiones insuficientes de la ONU, las mujeres torturadas, la mamá de Tehuatli, los zapatistas muertos, los indígenas ninguneados, a Semeí Verdía moviendo las piernas en el estudio de Rompevientos TV, los pedacitos del narco, a gobernación diciendo incoherencias, a los noticieros publicando cómo llegar al orgasmo… Imagine que lo tiene en la cabeza. Imagine que, no sé, por una magia del destino, a usted esas cosas no se le pueden ir de la cabeza. Ningún día.
Ahora imagine que mientras usted tiene esas cosas en la cabeza, en su cabeza que tiene una historia personal que coincide con todo ello, a su alrededor la gente le insiste que salga a comer con amigos a hablar pelotudeces. No me mal entienda, hablamos de pelotudeces porque no queremos pelearnos, queremos pasarla bien. Y que a usted eso cada vez lo saca un poquito más de balance y que en algún punto decide no hacerlo, no ir a hablar pelotudeces. Y que eso resulta contradictorio porque entonces cada vez más te dicen que están preocupados por ti.
¡Por ti! No por el mundo, no por los desaparecidos, no por las mujeres (y hombres) torturadas, no por el bombardeo a Gaza, no por las expresiones de la ONU (“yo no sé nada, soy un ignorante normal, ¿qué podría hacer la ONU?”), no por la policía, no por Monsanto, no por la comida envenenada, no por los lagos que desaparecen, no por los animales desollados ni por los animales abandonados, no por la red de pederastas solapados por el gobierno, no por las amenazas a los periodistas que lo denuncian, no porque los medios mienten, no porque la gente está diciendo demasiadas incoherencias… No. Están preocupados por ti. Porque estoy flaca.
No están preocupados porque el sistema laboral está así.
Asumen, contra todo pronóstico, que el error debe ser mío.
Lo que les preocupa a estas personas (déjenme ver si entiendo) es que yo reaccione de esta manera. (¿Entendí?)
Es una incoherencia del destino, así lo siento yo en mí, que mientras todo esto sucede, querido extraterrestre, yo comprenda (no sé por qué lo comprendo, debo tener algo mal funcionando en mi cabeza) que es normal que frente a este sistema que se perfila autoritario y totalitarista, déjenme decir, fascista, es normal que la gente, la inmensa mayoría, reaccione de esta manera.
Entonces, por un misfortunio de la coherencia, mi respuesta es tomar aire, comer bien ($131 cuando ganamos $179), dormir una siesta de 7 horas mientras bombardean Gaza (para usted es solamente un enunciado vacío, repetido mil veces por los noticieros, porque no se ha atrevido a leer lo que los palestinos tuitean constantemente https://twitter.com/iyadTah), y volver a buscar las palabras pacientes para hablar de esto con gente que siempre, toda la vida, ha defendido la libertad y la inteligencia, y en la que confío. En mi blog, en Twitter, en Facebook, en el teléfono, en el mail, con las personas que tengo a mi lado: SÍ, volver a encontrar las palabras PACIENTES para hablar de todo ello.
Pero no importa cuán pacientes sean mis palabras, y no importa que hasta a mí me sorprenda esta paciencia que nunca antes tuve, usted sigue creyendo que yo intento meterle a huevo en la boca una cucharada de veneno.
Nosotros, los de letras, deberíamos ser capaces de recrear textualmente esta incomunicación.
Empezando por la gente que ni escucha lo que le dices ni lee lo que le escribes. Esa “lectura rapidita”. O los condicionales: uno dice “Si Mireles es verdadero, entonces tiene que rectificar su estrategia” y la gente lee “Mireles es falso”. Mejor futuro tienen los textos, que por lo menos quedan escritos, porque ni hablar de todas las conversaciones habladas que fueron una pérdida de tiempo o, peor, un atentado al tiempo. Y aún así en estas épocas digitales, ¿sabía usted que los hackers, trabajen o no para el Estado, pueden modificar los textos publicados? Pueden incluso editar los mails enviados. He escuchado casos. Sí ya sé que cree que digo todo esto porque no tengo otra cosa que hacer. (La amiga de una amiga se comunicaba con sus papás a través del mail desde un caracol zapatista y sólo meses después supo que sus mails fueron cortados, párrafos enteros, y que a sus papás sólo les llegaban frases que decían “estoy bien, no se preocupen”. Sus papás ni siquiera sabían dónde estaba. ¿Recuerdan lo que le pasó a Lucía Morett y a sus compañeros en Colombia? No es poca cosa que tus papás no lo sepan). Yo, releyendo mis textos, me he encontrado muchas veces que falta en un enunciado una negación (un “no”) o, al contrario, que le sobra una negación. Como cualquiera entenderá, esto cambia por completo el sentido de la frase. Al principio creía que mi dislexia estaba cabrona, pero ahora, como de tantas cosas, ya no sé qué creer. Eso provoca que usted crea que entonces no tiene sentido leerme.
Empezando por la gente que ni escucha ni lee, ¡aunque sea gente de letras! (Yo ahí sí qué quiere que haga, a qué otra cosa puedo recurrir para que entienda un condicional si no puedo recurrir al condicional mismo. ¿Qué es un condicional? Me preguntan).
Pero continuando seguidamente con la actitud cada vez más generalizada de, por ejemplo, creer que si alguien no está de acuerdo contigo, te está atacando.
Creer que si alguien no está convencido de Mireles, es un traidor.
Creer que si alguien se equivoca, no sabe nada. Y que si no sabe nada, no hay que escucharlo.
Creer que leer mentiras hace daño y que no hay que leerlas y que sólo hay que leer lo que es verdadero del todo y evitar los cuestionamientos que crean angustias. (Éstos son los que creen en el bote de basura y que la verdad existe).
Y luego está esa gente que pasa por tu Facebook y te deja un escueto comentario: “Lamentable lo que opinas”. Entonces uno que sabe (increíblemente) que todo esto es normal, vuelve a respirar hondo y contesta “¿Podrías explicarme por favor qué es lo lamentable?” Y te contestan “Te falta autocrítica” y alguien más añade “Esa persona a la que citas es despreciable, todo lo que venga de ella lo tiro a la basura”. Y una vez más uno (yo) echa mano de las palabras pacientes, ¿sólo para escuchar qué? Que necesitamos platicar en persona. Y yo contesto que en persona va a estar cabrón porque tengo miedo de volver a mi país y que además podemos hablarlo con textos y que además hace falta un diálogo público. ¿Qué me contestan? Me contestan que Facebook no es un buen canal. ¿Por qué no? Pregunto. “Porque no”, me contestan. Entonces yo digo que no me parece que esta conversación deba postergarse, me contestan que no tienen tiempo. Que anotarán en su lista de pendientes, para que no se les olvide, escribirme “algo larguito”, quizá después de ir al super y pasear por el museo.
¿Se trata de una burla? ¿Me están tomando el pelo? Usted creerá que yo mantengo conversaciones en Facebook con cualquier patán, pero no, se equivoca. Se trata de un compañero de preparatoria, con el que además tomé por un par de años un taller de literatura con aquella otra persona indeseable de la que hay que desechar todo porque es una burguesa, compañero además en la misma facultad de la universidad, con quién encima de todo mantuve una relación cercana gracias a un proyecto editorial (en el que yo no participé, pero no importa porque igual estaba por ahí muchas veces), una persona con quien estoy etiquetada bien bonito en las fotos de Facebook y que además, además, además, llamo amigo. Y que además (será difícil creerlo si de él usted sólo tiene como referente esta conversación) no es ningún patán, sino una de las personas más educadas, sensatas, razonables y admirables que conozco.
Es por esto que después de leer cómo me están tomando el pelo, vuelvo a tener paciencia y continúo con la conversación.
Me dice que él no puede hacer nada porque la política es en esencia acción.
Le digo que la política es esencialmente semántica.
Me dice que no es así, que su análisis lo es.
Le digo ok no (va, te la concedo), ¿qué otros medios tiene la política además del orden simbólico?
No me contesta.
En cambio el otro amigo (sí el otro también es amigo) me contesta que a la parte referente al orden simbólico le falta pragmática y hay que decir que el orden simbólico es siempre realizativo y entonces me pregunta si también es teórico y a estas alturas de charlatanería ya hemos vuelto a perder la comunicación. Dije que habría que repetir textualmente esta incomunicación.
Así que es necesario once again retomar pacientemente el hilo, si no queremos argumentar que esta es una madeja incomprensible a la que hay que abandonar, y repetir (y agregar) la cuestión aquí es "¿qué otros medios además del orden simbólico tiene la política?" las acciones vinculantes, cierto. Aspecto parcial de la política cuyo sustento es el orden simbólico, otra vez.
¿Soy yo la única que cree que voy bien?
Me contestan que proponen leer entre todos Venir al mundo, venir al lenguaje: lecciones de Frankfurt, de Peter Sloterdijk.
A mí no me gustaría reescribir aquí todo lo que contesté porque gran parte de ello es muy personal y se lo conté a mis amigos.
Pero voy a seleccionar una parte de todo lo que contesté, que me parece representativa de las 394 palabras que contesté:
“¿Me dices por qué crees que hay que sumergirnos en la filosofía del lenguaje cuando le están dando toques eléctricos en los genitales a la gente?”
No hubo respuesta. Todos sabemos que se ve bastante mal que tus amigos te dejen colgada, ¿verdad? Por eso borré ése y TODOS los posts que he puesto en Facebook en los últimos 2 años.
Oh sí soy una intensa. Y sí sé que prefieren a la gente que se calla. Y que prefieren que de los asuntos se ocupe gente ¿qué es lo contrario a intenso? Sí sé que mi intensidad es pecado.
Usted que cree que existe la identidad personal, que cree en el bote de basura, que descree del cuerpo, que dice que el amor no es esta relación problemática que tenemos y que el verdadero amor es otro inexistente, que descree del método y confía en el fondo: usted cree que puedo volver a intentar esto infinitamente. Cree que siempre habrá alguien que esté haciendo este trabajo, que ahora puede rechazarlo. Y yo… yo no quiero apurar a nadie y provocar que alguien tire un vaso de agua encima de los papeles ni que se tropiece con las agujetas. La verdad es que no. Entiendo que esto tiene que ser un proceso calmado. Y precisamente por eso, porque sé que este camino tiene que andarse con paciencia, me desespera que pasen los años y no mueva un pie. Por un despropósito del destino, sigo despertando con paciencia y con palabras. Pero usted sigue tirándolas a la basura. No sé cómo hacerle entender que soy muy, muy, verdaderamente muy pobre y que no debería tirar a la basura lo que le regalo. Usted sigue creyendo que soy rica (y mamona y egocéntrica) y que todo esto es una agresión sólo para repetirle que es un estúpido.
En épocas en las que no podemos saber quién está tirando balazos, es normal que matemos al mensajero. Mire, se lo repito de todas las maneras posibles: le entiendo muy bien, ¿podría por favor quitarme esta bota del cuello? Yo sé que el universo se equivocó conmigo, sé que soy un despropósito de la naturaleza, sé que soy un engendro inexplicable… pero en verdad me está lastimando. Si entiende que a los que no les funcionan las piernas, a los que no les funcionan los ojos, a los niños down y a los esquizofrénicos hay también que tratarlos con respeto, ¿qué le hace pensar que a engendros como yo hay que tratarlos a palos? Again, no es un insulto, es un llamado a su coherencia. Lamento que vivamos épocas en las que hay que hablar cosas tan fuertes.
A mí me gustaría escribir primero mi tesis. Me gustaría también escribir cómo le hemos hecho Fernanda y yo en esta época para iniciar una panadería wanabe autosustentable y qué dificultades hemos tenido. Me gustaría explicarle cómo le hemos hecho para no tirar una bolsa más de basura desde hace 6 meses. Y, mire usted, fantaseo con que cuando acabe con todo eso escribiré un par de ficciones que tengo en la manga desde hace 10 años, si es que para entonces no se me han escapado. Y usted me dirá ¿y por qué no escribes todo eso Alejandra y dejas de estar rompiéndome las bolas? No se haga, si realmente le estuviera rompiendo las bolas no estaría leyendo esto. Le voy a decir: romper las pelotas es escribirle a alguien en mayúsculas que es una cerrada y una intransigente y que es de una izquierda falsa, y a esa gente si la leo es porque abro las menciones y ps no me queda otra que leerlos, pero evidentemente no voy a sus blogs a ver qué escriben. Así que no. Es urgente hablar bien, referirnos a lo que queremos referirnos, dejar de mentirnos. La razón por la que no escribo lo que quiero escribir es porque para mí es realmente difícil quizá imposible hacer caso omiso del primer enunciado de este texto: están desapareciendo gente. Y… Y… Y… no sé qué coño tengo en la cabeza que no llego a la misma conclusión que usted. No me parece que la respuesta sea callarnos. Y qué tal, me pongo a hablar de eso esperando generar un diálogo. Pero el problema no es ni siquiera, como usted aduce, que no sepamos qué hacer o que no podamos hacer nada o que ni siquiera sepamos qué está pasando. Todo eso es cierto, pero el problema no es ése. El problema que antecede a todos estos problemas reales y que sin duda hay que encarar, es que a usted le ha dado por tomar como agresión los desacuerdos, por contestar “es una lástima” sin honrarnos con sus explicaciones y argumentar que es a mí a la que le falta autocrítica y no a usted que ha decidido alejarse. Yo, por cierto, como escribo y como me la juego, en palabras y en acciones, tengo un montón de cosas qué pensar todo el día y toda la puta vida me la paso preguntándome si habré hecho bien esto o lo otro. Usted que se ha alejado no tiene mucho qué cuestionarse sobre sí mismo y con toda lógica responde que la autocrítica nos corresponde a nosotros.
Nada de esto sería tan trascendente si su silencio no estuviera organizado. Desde que escribí lo de Ostula nadie me ha hecho críticas. Yo necesito pelotear esto con los humanos porque evidentemente un solo puntito en el planeta exiliado en el culo del mundo con hambre y sueño y ocupando la mayoría del día en hacer pan para ganar $179 y haciendo un espacio entre la ropa sucia y la comida de los perros (que adoptamos porque los abandonaron) para leer lo más inteligente que pueda encontrar en internet ya que claramente no podemos confiar que ese trabajo lo hagan los periódicos y las revistas que, según, se dedican a eso, este maldito puntito no puede pensar solo. Si no puedo hablar de esto con alguien razonablemente, llegará el día en que empiece a pensar equivocadamente.
Algunos de ustedes creen que ya pienso equivocadamente.
Si @EISup no me hubiera echado porras, quizá yo también lo creería.
Dicen que todos tenemos derecho a equivocarnos. Y es cierto. Pero no es exacto. Si yo me equivoco en mis análisis sobre lo que ocurre en Michoacán, hay mucha gente que no me lo perdonará. De hecho esa equivocación quizá justifique una caída importante en mi “oficio” de “palabras”. Pero si usted se equivoca al poner mecanismos de defensa psicológicos en estas épocas de torturas y desapariciones, ahí sí todos tenemos derecho a equivocarnos ¿no?
Estoy andando este camino rodeada de gente que se está defendiendo psicológicamente de lo que ocurre y es una estupidez creer que mi monstruosidad alcanza para andarlo así sin equivocarme.
Una equivocación en alguien que escribe sobre desaparecidos y torturados le puede costar caro a esa gente por la que intento hacer algo.
Y ya sé que todos tenemos derecho a no ponernos en peligro. Pero ni siquiera estamos hablando de una ecuación razonable como “no haré nada por los que torturan porque también me pueden torturar a mí”. Oh no ni siquiera va así la ecuación. Se trata de “no haré nada por los que torturan porque no quiero angustiarme”.
Y yo, contra todo pronóstico, echo mano de paciencia que nunca he tenido para no insultarlo. Y al decir esto es usted el que se siente ofendido.
Tú me conoces.
Tú me has visto enojada.
Sabes muy bien que en cualquier otro momento de mi vida, tronaría los dedos y te mandaría al carajo.
Pero aquí estoy. Mi teléfono está conectado. Aquí estoy tecleando otra vez.
Esto no va por ti ni por mí.
Hace tiempo que tenemos una obligación política.
Hace tiempo que debimos dejar de admirar obeliscos.
Hace tiempo que debimos mirar para abajo. A nosotros. Escucharnos entre nosotros.
Y ni siquiera por ti o por mí, aunque también, tú y yo merecemos otra vida.
Pero sobre todo esto va, contra todo mi orgullo y las ganas que tengo de mandar la puta vida sin futuro que tengo a la chingada, contra todo ello, va porque están desapareciendo personas.
Cuántas veces hay que decírtelo para que entiendas este enunciado: Hay 20 mil desaparecidos, por lo menos.
Una ONG que me dijeron confiable calcula en 20 mil los desaparecidos. Al principio del sexenio de Peña, Osorio Chong dijo qu existían 28 mil casos. Luego dijeron que durante el sexenio de Peña había otros 8 mil casos, suman 36 mil. Luego se retractaron y dijeron que eran 8 mil todos los casos. Una semana después dijeron que no, que eran 15 mil. ¿El mensaje? No los estamos contando. En Argentina, caso emblemático de los desaparecidos, hubo 30 mil casos. Aún si consideráramos las cifras confiables más bajas, 20 mil, son demasiados casos, dignos de una dictadura. Pueden ser hasta 40 mil.
Propongo discutir los textos del EZLN. Propongo hablar de Michoacán. Y propongo, sobre todo, un diálogo público. Hacer uso público de la razón.
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