Hay mucha gente mirando para arriba. Pueden escuchar la misma idea de un ciudadano común o de un columnista en un periódico. Y la misma idea la desechan si la escuchan del ciudadano común y la toman si la escuchan del columnista del periódico. Lo mismo pasa con el apellido, los títulos, el puesto. Gente que espera leer en los periódicos que hablen de Tlatlaya y de Ayotzinapa, pero que no espera escuchar hablar a la gente común como él de los mismos temas o que ni siquiera lo tolera. Personas que escriben, que creen que no importa que escriban. Otros que quieren seguir siendo chiquitos sin importancia y que creen que son los grandes los que deberían de ocuparse de estos asuntos. Que si mezclas cosas personales, pierdes objetividad y entonces pierdes importancia. Que si un chiquito altera el orden de los temas en la agenda de los grandes o medianos noticieros, entonces está metiendo desorden y es despreciable. Que denunciar falsos movimientos y falsos levantamientos armados es dividir, hay que atender al orden y al plan que han puesto personas que saben más, no.im.por.ta.que.nos.estén.cogiendo, hay que mirar hacia arriba. Gente a la que no le extraña ni le importa que la cúpula líder de los movimientos sociales nunca explique sus decisiones ni tengan blogs ni tuiteen nunca de política, gente que toma normal que nunca haya un acercamiento personal con los responsables. Porque claro, los responsables son importantes y uno no es importante (ni responsable). Que cree que para salir de este desastre hay que solidarizarse a toda costa con el líder y que atender a los individuos traería desorden. Muchos de los que callan están mirando hacia arriba. "Arriba sí hay opción", piensan pero no lo dicen, primero porque quiénes son ellos para decir si arriba hay opción o no y segundo porque al decirlo se comprometerían y tendrían que explicar cuál y por qué y otra vez, qué saben ellos. Pero lo creen, aunque quiénes sean ellos. Y actúan en consecuencia y callan y esperan. Pero aunque "quiénes son ellos", lo que hacen tiene consecuencias.
Esto no se detendrá hasta que hayan matado suficiente a la oposición, ¿prefiere usted esperar a que maten suficiente a la oposición o en verdad cree que se detendrá? Me he planteado que mucha gente puede estar esperando que esto se detenga solo y por eso espera (calladamente). Lo que me lleva a pensar que no han entendido las causas de este desastre. Piensan que se debe a algo así como un error. Como cuando una empresa comete una injusticia como meter a una rata a un sachet de yogurt y llamas a consulta al consumidor y resulta que arreglan el problema en la cadena de producción porque pues obvio ésas no son sus políticas ni su filosofía. Los mexicanos, capitalistas, acostumbrados al capitalismo desde hace décadas, me parece que aún no creen que todo este desastre es a propósito. Adrede. Deben de creer aún que se trata de un error, como cuando al jinete se le van las riendas.
Para creer esto, se necesita creer varias cosas. Por ejemplo que el racismo que han mantenido por décadas los órganos de gobierno no es un antecedente de este desastre, no es una de sus causas; es decir que es algo co-natural al gobierno, al menos por supuesto a los gobiernos que nosotros los mexicanos podemos aspirar. Así que no está relacionado con la guerra contra el narco porque el racismo lo tendríamos igual aunque las circunstancias fueran otras y presumiblemente también el gobierno que solucione este problema será racista. Parece inimaginable que no lo sea porque para que eso cambie van a tener que pasar siglos (así dicen).
O creer también, por ejemplo, que cualquier gobierno mexicano es naturalmente chafa. O quizá no exactamente chafa, sino sólo limitado: humanos luchando contra problemas mucho más graves de los que cualquier gobierno pueda enfrentar. También los mexicanos creen que los mexicanos somos unos huevones, sin saber que por ejemplo en 2011 (washingtonpost.com/) los mexicanos trabajaron más horas al año que los ciudadanos de cualquier otra nacionalidad del mundo. Si fuéramos críticos y supiéramos del mundo, nos habríamos dado cuenta. Pero nos creemos mentiras muy fácilmente porque ni estamos siendo suficientemente críticos ni tenemos los conocimientos que necesitamos. (Para ser exactos sucede que no existe el tiempo libre para leer y viajar). De la misma manera creemos que los del gobierno son mucho más incapaces de lo que en verdad son para enfrentar los problemas. En realidad ni siquiera sabemos cuáles son esos problemas, creer que rebasan al gobierno es una concesión sin bases. Creemos, por ejemplo, que Peña Nieto es tonto. E ignoramos que su gabinete es gatúbelamente astuto. Esto, creer una cosa y no tomar en cuenta otras, le funciona al gobierno. Ahora yo me pregunto, si el gobierno, el gobierno real de facto, o sea el gobierno que está detrás de Peña Nieto, no está haciendo todo esto a propósito, ¿cómo carajos es que tiene tantas perversiones funcionando a su alrededor a su favor? Si en verdad se trata de un error, un problema para el gobierno, ¿cómo es que no se desentienden de lo que hace parecer que se benefician de esto? Parece que no se trata de un error. Si quienes detentan el poder en México están provocando lo que sucede en México, esto no se detendrá hasta que hayan triunfado, y eso significa hasta que nos hayan diezmado lo suficiente.
¿A nosotros? Evidentemente no a usted, señor que está mirando para arriba. O… nunca se sabe. No es garantía, pero alégrese porque premian a los que callan.
Nos repiten que estamos mejor que en 1968. Yo no lo creo. Si ahora tuviéramos a todos los desaparecidos, a todos los que mataron, a los hijos que secuestraron y que hicieron crecer en familias de derecha, para empezar seríamos mucho más. En segundo lugar nos mataron a líderes e intelectuales que tendrían mucho que aportar. Además de ser menos, a los que quedaron les creció el miedo. Miedo a la tortura, a la muerte desconocida y a perder a tu familia. Además de tener más miedo, hemos sido sometidos a ataques retóricos primero con el triunfo de la derecha militar, después con el triunfo del neoliberalismo y finalmente con el triunfo de los medios de comunicación (que incorporaron como si se tratara de A entonces B la ideología del poder). Además de eso la izquierda se ha corrompido. Y por si fuera poco, estamos todos acostumbrados a un consumo que en el otro extremo de la cadena de producción fortalece el fascismo y la destrucción. Y sometidos constantemente al imperativo de que la destrucción (del planeta, de países, de culturas, de personas, de periódicos) es inevitable. Yo no creo que estemos mejor que en 1968 y mis razones no acaban acá, pero necesitaba decir algo para transmitir la idea de que no nos conviene nada esperar a que terminen de matar a los que tienen que matar.
El sólo hecho de que personas que crecieron en familias de izquierda de clase media, que estudiaron en de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, crean que firmar una “petición” en internet es como “lavarte la conciencia”, que escribir es lamentarse y que el “activismo de escritorio” (definición terrible) no sirve para nada, es mi mejor prueba para decir que estamos jodidamente peor que en 1968 y eso que me importan 3 huevos las versiones teleológicas.
Vivimos en una época que desprecia la fuerza pública, que mira hacia arriba.
El pueblo entero de México hubiera tenido otra reacción si hubieran disparado, torturado y desaparecido a más de media centena de estudiantes de la Ibero. Eso quiere decir que el racismo es la razón de que no hayamos reaccionado frente a esto. Quizá miremos hacia arriba en contra de lo que nosotros mismos creemos que deberíamos hacer, pero lo hacemos. Miramos a quienes detentan el poder y quienes detentan el poder son blancos o blanqueados. Matan y los mexicanos no formulan demanda alguna. Hablar, están convencidos, no sirve de nada. Están esperando tener un título, escribir en un periódico o ser alguien para hablar. Están completamente convencidos de que aunque condenen lo que le sucedió a los estudiantes de Ayotzinapa hay que mirar hacia arriba… y callar.
Cuando se firma una “petición” lo que uno hace es poner su nombre debajo de una demanda. Poco importa, en verdad, que los poderes actuales no escuchen esa demanda. De hecho sería un poco estúpido creer que las peticiones online como aavaz o change.org/ existirían si los poderes de hecho realmente escucharan las demandas. Si las escucharan, no existirían esas plataformas: las implementaría el mismo gobierno. Entonces tú me dices que no vas a firmar nada porque no sirve de nada, es decir porque quien debe escuchar no escucha esa carta, sin detenerte a pensar que es estúpido lo que dices porque obviamente se firman esas cartas porque los poderes fácticos no escuchan. Y además estás mirando hacia arriba. Los que tienen que escuchar son las personas. Y no se trata de asumir una escucha abstracta, sino concreta: esta carta con estas palabras y con estos nombres debajo. Estas cosas quedan registradas. Y quizá no te escuchen, pero una cosa es hablar y que no te escuchen y otra cosa es nunca decir nada porque no te escuchan. En el primer caso tienes la posibilidad de que el futuro, cercano o lejano, se le haga justicia a tu demanda. En el segundo caso no.
Es como pagar impuestos y como ser veraz. Si yo pago impuestos y alguien se los roba, tengo la posibilidad de acusar con nombre y dirección a los sujetos que se robaron esa lana. Quizá no sea probable, pero es posible porque los hechos ocurrieron. En cambio si no pagas impuestos con la argumentación de que otros se los roban, en primer lugar eres tú mismo el que robas los impuestos y en segundo lugar jamás podrás probar que otros se los roban porque no les das oportunidad de que lo hagan, no hay ningún nombre concreto al que pudieras jamás acusar como culpable, entonces ¿cuál se los roban? Tú te los robas. Alegabas robo de impuestos, pero en el futuro será imposible creer tu demanda.
Pasa lo mismo con la veracidad. Quizá no seas honesto porque crees que tu interlocutor no va a saber manejar lo que le dices, entonces le dices una mentira, pero si haces eso no le das oportunidad de hacer lo correcto. Qué injusticia impedirle a alguien hacer lo correcto y juzgarlo encima. Tomas la decisión por el otro y eso casi en todos los casos está mal. Si en cambio eres veraz y tu interlocutor efectivamente no sabe manejar lo que le dices, queda en la responsabilidad del susodicho y tiene la experiencia para poder elaborar algo al respecto, entonces tiene la posibilidad de corregirlo. Sin la experiencia de haberse equivocado nadie puede corregir sus errores (si es que los tiene). Así que alegabas incapacidad de parte de tu interlocutor, pero en el futuro tu demanda no podría escucharse.
Es como dar un pase. Quizá el 99.9999% de los pases que mandes al delantero, el delantero los va a fallar. Pero si no pasas la maldita pelota es 100% seguro que jamás habrá gol.
Así que alegabas estar en contra de tantas cosas que ocurrían en México, pero si no formulamos nuestras demandas, es imposible que las escuchen ninguna vez en el futuro.
No se trata sólo de firmar cartas con demandas que en realidad la mayoría apoyamos sin necesidad de ninguna carta (aunque eso de “la mayoría estuvimos absolutamente en contra de que le desollaran el rostro a un estudiante“ es una de las cosas que, si las cosas siguen como van, y si bien es verdad, no podremos afirmar como si fuera verdad). Se trata también de generar ideas, explicaciones y soluciones. Parece que estamos esperando que sea una sola persona la que genere el discurso que rodea a la solución, o que sea un grupo periodístico el que encuentre a las personas indicadas para generar ese discurso. Si es verdad que esperan esto, hay que decirles que es falso lo que esperan. Para resolver este problema necesitamos apropiarnos del proyecto de nación y para eso necesitamos escuchar lo que todo mundo tiene que decir. Necesitamos hablar todos. Y no todos encima de todos, sino cada uno en su espacio, por ejemplo un blog, para que lo de todos sea legible y oíble.
Pero no hacerlo, callarse, creer que no puedes hablar porque no conoces muchas cosas, porque no estás seguro, porque tú quién eres, porque puedes confundir, porque pueden leerte mal, porque no tienes nada inteligente que decir, porque otros ya han dicho lo que tú piensas, todo eso se sustenta en el desprecio a lo pequeño, que es la misma razón por la que pueden hacerle lo que le hicieron a los estudiantes de Ayotzinapa. Yo sé que tú no cometiste el crimen de Ayotzinapa, pero deja de sustentar las mismas creencias que lo hacen posible.
¿Y sabes por qué no nos importa sustentar creencias que le hacen posible a otros estos crímenes? Por la misma razón por la que consumimos los plásticos que matan tantos animales: porque creemos que lo pequeño no importa. Un voto más, un voto menos, un plástico más, un plástico menos. Una comida en Vips, en McDonalds, un café en Starbucks, comprar en Walmart, en el Sam’s, preferir cualquier producto aunque tenga un solo empaque innecesario, un vasito de plástico para la peda, ¿y por qué no tu trabajo? Un trabajo más, un trabajo menos. Consumimos cosas que en el otro extremo de la cadena producen injusticias porque lo pequeño no importa, por la misma razón por la que nos decepciona escribir para publicarlo en un mísero blog y por la misma razón por la que leemos preferentemente lo que está publicado por los medios: porque si la cosa no es grande no funciona. Asumimos estas creencias que implican el desprecio a lo pequeño y las ponemos en práctica, y no creemos que con ello estemos favoreciendo esta matanza porque otra vez: lo pequeño no importa.
La religión católica hace un razonamiento similar: el cuerpo no importa, lo que importa es el alma. Este mundo material no importa, lo que importa es el siguiente mundo, ése es el verdadero. El sexo no importa, lo que importa es el amor. A su vez, lo que importa no es el amor terrenal, lleno de contradicciones y de límites, sino que debemos aspirar a un amor idealizado como si ése fuera el verdadero amor. Si es un amor atravesado por los vicios humanos, no es amor. Nuestra creencia sobre la minucia de lo pequeño es deudora de la religión católica. Ejemplo de esto es la guerra contra el narcotráfico en México, el desprecio al cuerpo a grandes escalas. La muerte es tolerada porque es muerte de pequeños en un mundo en todo se mide con una regla vertical. El desprecio a las horas de trabajo, al sexo mal tenido, la normalización de la tortura, las ganas de arreglarlo todo a madrazos, las ganas de que reviente la guerra para que esto se solucione de una vez. Síntomas de lo mismo que nos ha llevado hasta donde estamos.
Yo sé que somos muchos los que no estamos de acuerdo con lo que sucede, pero no me parece tan evidente que se guarde silencio a sabiendas de que ello razonablemente fortalece la escala de valores de la que se está sirviendo la extrema derecha en México.
Ok, no existe la verdad absoluta. Pero sólo las verdades absolutas les importan.
Esa idea de que lo que importa es la acción implica que hablar no significa nada. Si el medio no importa, lo que se supone como eje es la sustancia. En pleno siglo 20.
Esa idea de que nuestras pequeñas acciones cotidianas (como callar e ir a trabajar o sentarse mal) no tienen repercusiones implica el desprecio del cuerpo, implica creer que lo verdadero, lo que importa, lo que influye, está en otro lugar, no en la vida material.
En esta época donde taparse y tapar la boca es una virtud, parece, como leí hoy en la mañana por ahí, que creemos que con conductas y creencias antidemocráticas llegaremos a la democracia.
Para los que dicen que manifestarse no sirve, los estudiantes del @IPN_MX les tapan la boca...
— Fernández Noroña (@fernandeznorona) octubre 1, 2014Ahora bien, quizá me digan que no. Que ustedes no creen que sea el rey el único que tiene derecho de hablar. Pero mi opinión es que lo dicen de dientes para afuera, que también han normalizado una distancia abismal entre lo que dicen y lo que hacen, y que en el fondo en los hechos ese derecho no se lo reconocen a ustedes mismos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario