Primero que no podrían leerlo de la manera que hay que leerlo, porque ellos creen en el deber-ser y creen que hay que leer libros para saber y de principio a fin. Se sientan a leerlos porque hay que hacerlo. Y nunca entienden nada. Porque no se puede leer un libro de filosofía de 700 páginas porque “hay que hacerlo”. Hay que hacerlo con gusto, si lo haces, porque hay que identificar los saltos y las entrelíneas, e imaginarse cosas mientras se hace. Por eso ponen a otros a leer libros de totalitarismo, no los leen ellos. Y si los leen, no los entienden.
Entonces ponen a otro, probablemente a otra, a leerlos. Y no le dicen para qué es, o le dicen otra cosa. Y esta persona va y los lee, con gusto, y con gusto resalta toda la cadena argumentativa y se la pasa a sus jefes y sus jefes le pagan por ello, claro.
Y es así como los gobiernos totalitarios leen los libros de filosofía política que tratan de totalitarismo y se enteran de que hay que legitimar a Stalin porque a Hitler es imposible. Pero hacen uno haciendo lo otro. Y de paso tienen otra vez comunistas, que es su pretexto perfecto. Pero claro, no son comunistas. O sea no reales.
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