¿Cómo tirar algo bonito a la basura? Hay cosas bonitas que nos hacen daño, pero no porque no sean bonitas. Incluso te pueden hacer daño no sólo como por accionar involuntariamente un dispositivo. Voluntariamente. Como sea que eso aplique. Y hay cosas casi indistinguibles de las cosas bellas que sin embargo tienen que tirarse a la basura, porque son indignas y porque son una mentira; porque, haciéndote daño, no son bonitas realmente. Porque la gente también hace daño únicamente por el placer de hacerlo. Así sí, puedes tirarlo a la basura. Puedes mirarlo bien por todas partes y después de haberlo guardado un tiempo, deshacerlo y tirarlo a la basura. Hacerlo bolita y tirarlo a la basura. Hay muchas cosas que hay que tirar a la basura. Mi mamá me dijo que nunca creyera las cosas sólo porque estaban escritas. Años después escribiría una tesis sobre la inexistencia de la basura. En el futuro, aún.
Pero hay cosas que no deben tirarse a la basura. Porque no hay nada mal ni falso con ellas. Excepto que, quizá, no te dejan vivir. Claro que es más cómodo tirarlas a la basura. Yo por eso nunca lo hago, no me gustan las comodidades fáciles.
Por eso y porque lo único que se necesita es dejarse llevar. Tener el valor de hacerlo. Abrirse. Como tirarse en una tabla de surf sobre un río: dejarse llevar. La mayoría de las veces no llegarás lejos. Te detienes en algún punto. Un año, dos años: se acaba el río. Aterrizas en la arena y no hay más río, se fue. No queda de otra más que levantarse y sacarse la arena de los calzones. Y caminar aunque te piquen las piedritas. Y volver a alguna oficina, un día. De lamecartas probablemente. Mucho más noble.
La gente no lo sabe. Por supuesto que la gente no lo sabe. Get out y échenle un ojo a este mundo. (Julio, 19, 2015).
Están buscando príncipes azules. A ella le gustan así y a él le gustan asá. Entonces cerramos nuestra visión hasta que alguien con esas características se presente. Y tiene que tener títulos de grandeza y tiene que hablar francés y tiene que tener barba. Y cuando finalmente uno entre tres mil novecientos se presenta, descubrimos que el río no llegaba lejos. O peor: que el río se escapó cuando nos quisimos meter. Y en realidad nunca nos metimos al río. Si nunca te metiste al río, no funciona. No lo tienes guardado en el cajón. O lo que tienes guardado no es río.
Ahora bien, hay veces que el río fluye. Y te vuelves a tu casa, o haces otras cosas y luego en la tarde otra vez te metiste al río. Y así se va haciendo costumbre hasta que poco después estás en el río permanentemente.
Si no te sacan de ahí, quizás te dure años. No se sabe cuántos. Siempre acaba, en mi experiencia. Pero claro, qué cosa es mi experiencia, esta mierdita de 32 años.
A veces el río se va y maldecimos al río. A veces, cuando pasa el tiempo, descubrimos que la cosa ya no funciona, y la dejamos ir también.
Pero a veces hay cosas, objetos, alephs, bolitas de nieve, universos pequeños con estrellas moviéndose en ciclos elípticos, que siguen funcionando. Y qué va a hacer uno, no las va a tirar.
Por supuesto, tampoco se trata de acosar a las personas. Porque es molesto. Uno puede guardar algo en un cajón y mantenerlo y dejarlo en paz.
¿Qué se va a hacer? Guardarlo. Ni modo que lo tires. Claro que si no funcionara…
Y claro que la vida sigue y hay otros ríos y otra vez se acaban los ríos y así. Sí. Y se puede amar.
Pero hay cosas que se guardan. Si todavía sirven.
1 comentario:
-- Oye pero dijiste que no te deja vivir y que se puede vivir, ¿cómo es eso?
-- Deal with it.
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