14 jul 2015

Soñé con Aristegui

Soñé con Carmen Aristegui. Soñé que estábamos en una oficina muy pequeña que era el salón de maestros pero en realidad era como una oficina de policías. Estaban C. Aristegui, Denise Dresser, Angela Merkel, dos o tres hombres, uno gordo y otro de pinta muy masculino-hardcore, muy jefe, muy pinta de acá mis chicharrones truenan. Ese hombre, que traía barba y una corbata y pinta de nada-me-importa, le dijo a Aristegui que su investigación sobre la red de prostitución en el DF (pero no era la investigación sobre Gutiérrez Barrios del PRI, en mi sueño era otra investigación que se había hecho con base en redes de Twitter) era falsa en realidad, que lo habían investigado y que nada de eso existía. Se lo dijo muy brevemente. Carmen estaba sentada en un escritorio pequeñito con una lámpara que iluminaba medianamente. Había otro escritorio grande, apachurrado al fondo, pero nadie estaba sentado en él. El lugar era muy pequeño y muy básico (como oficina de policías). Entre el escritorio grande y el chico estaba Merkel. Luego estaba Aristegui sentada. Luego estada Denise Dresser parada, enfrente del escritorio grande. Los otros hombres estaban más hacia la salida, se movían por el espacio apretado de la oficina. En la pared de enfrente del escritorio grande había un sofá. Yo estaba acostada en el sofá, con los pies arriba. Cuando el hombre le dijo eso a Carmen, Carmen se volteó en su silla giratoria y lo escuchó sentada. El hombre estaba de pie. Entre el hombre y Carmen estaba la Dresser. Todo estaba oscuro. Al fondo estaba Merkel.

Yo primero volteé a ver al techo y me imaginé que le habían tendido una trampa a Aristegui. Que le habían dado pistas falsas que parecían verdaderas y que habían logrado que hiciera una investigación sobre lo que no era. Después, antes de que el hombre terminara de hablar, le jalé una arruga del pantalón a la altura de la rodilla a Aristegui para que volteara a verme y le dije: no le creas, tienes que asegurarte de lo que te dicen. Y entonces Aristegui me guiñó un ojo —el derecho— y me dijo: Ya sé. Y luego me dijo: Lo tenemos todo listo, la investigación saldrá el sábado. Y después se volteó a su mesita de luz a seguir trabajando. Era la única luz que había en el cuarto.

Aristegui tenía escondido un pastel de cumpleaños debajo del escritorio grande. Nunca vi el pastel, primero ella misma me dijo que había un pastel de cumpleaños escondido, luego me lo dijo Dresser y después me lo dijo Merkel. Ya sé, le dije a Merkel. Mi interpretación es que —para mí, por supuesto— Aristegui tiene escondidos los motivos de su felicidad.

Después me senté en el sillón y estuve dando explicaciones de por qué estaba ahí, como si estuviera explicándole a los maestros cosas que ellos ya saben pero que quieren saber si yo lo sé y si lo sé bien, y al final acabé hablando algo de filosofía, cosas muy básicas tipo que uno no debe dar por sentado cosas que no sabe, pero no recuerdo exactamente qué, y Merkel estaba sentada a mi derecha y asentía con la cabeza y los ojos cerrados.

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