Me fui a dormir hoy en la tarde, Fernanda se quedó abajo. Cuando desperté Fer me dijo que me oyó hablar dormida.
«Tú no estás desaparecido, yo te conozco, yo sé tu nombre, yo sé tu nombre».
No recuerdo nada. Recuerdo otros sueños. En uno estaba L., la ex esposa de mi tío, exiliada argentina. En mi sueño era la mamá de Fernanda. Yo me peleaba con Fer y le quitaba su guitarra, pero regresaba a devolvérsela y L. me regañaba.
En otro un tren estaba a punto de explotar y yo tenía que quedarme a un lado porque trabajaba en esa casa. El tren estaba estacionado al lado de una casa. Era de noche. A veces empezaba a prenderse el tren por abajo, como una fogata que revive. Varias veces. Nunca explotó. Pero había una alberca con agua muy sucia y estaba dispuesta a meterme en ella si explotaba el tren. Era una casa normal, bonita, ni muy rica ni muy pobre, con jardín, el pasto bien cortado, un solo piso y terraza de baldosas de barro con luz afuera.
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