22 sept 2015

Sobre si estoy loca o no

Soy una mujer muy libre. Soy una mujer muy libre que tengo además una madre psicóloga (y un padre matemático). De un lado tengo una familia que, como muchas muchas familias mexicanas, tiene un problema, digamos, de confianza, de prejuicio y de apertura para hablar, no que todos en la familia seamos problemáticos pero algunos en la familia, y es una situación muy grave a nivel general en las familias mexicanas que arrastramos una colonización irresuelta, nos han heredado una situación compleja a todos; y de otro lado tengo una familia exiliada, con todo lo que eso conlleva que normalmente no se entiende para nada. Soy una mujer muy libre que además me he interesado por la psicología y el comportamiento humano.

A mí me gusta la idea de Lacan: existen 3 posicionamientos subjetivos respecto al mundo: el neurótico, el psicótico y el perverso. Desde el punto de vista de Lacan no hay nadie que esté “sano” psicológicamente hablando porque todos trabajamos de una manera o de otra con una falta fundamental.

Esta falta fundamental es la que ha dado un giro en la historia (de la filosofía, de las ideas, de los humanos) y por lo que de un tiempo para acá se ha empezado a nombrar al sujeto donde antes se nombraba una sustancia. Todos esos ensayos académicos que hablan del sujeto, de lo subjetivo… se refieren a esa falta fundamental, al hecho importante de que todo punto de vista es fragmentario y está incompleto.

Desde que era muy niña me enseñaron que “la locura” no existe. Que lo que existe son, digamos, «enfermedades» específicas, aunque tampoco son enfermedades porque no es un virus que te da, sino posturas que uno toma o que es forzado a tomar. Entonces no existe la locura, existe la paranoia, la esquizofrenia, los complejos, las fobias, las parálisis, las personas que hablan demasiado, las personas que no hablan casi nada, las personas que recuerdan mucho cosas muy raras, las personas que no recuerdan muchas partes de su vida, etc. etc. La locura, así en crudo, no existe. Me lo dijeron desde muy pequeña: llamarle a aquello que le está pasando a una persona en términos muy vagos “locura” es tener pocas ganas de ayudar a esa persona y más bien algo de voluntad por hacer pasar prejuicios sociales por determinaciones serias.

A mí la expresión «esa mujer está loca» siempre me ha parecido una estupidez. No es únicamente porque ahora me ande defendiendo a mí misma.

Además (yo no sé cómo la gente puede ignorarlo) a las mujeres se les llama locas sólo por desprestigiar lo que dicen y hacen, cuando molestan al “orden establecido”.

Pero preguntémonos realmente si estoy loca.

Soy demasiado libre. Demasiado, les digo.

Me permito asociar una idea con otra aunque la relación parezca rara o ilegítima. Como creo que la humildad nos está pudriendo a todos los mexicanos, soy propositivamente arrogante y hablo de mi belleza e inteligencia para ver cómo reaccionan otros. Estoy convencida de que no basta con imaginar o suponer lo que va a pasar, sino que hay que vivirlo, sentirlo. Es un poco una filosofía del cuerpo donde se arrodilla para creer. (Pascal). (Yo soy atea, creo). Creo que hay que ser irreverente y desestabilizar un poco un par de ideas tontas como esas ideas lineales donde toda la existencia y el discurso humano tiene que encajar perfectamente como si se tratara de una observación científica. Pero hay que serlo de verdad, no sólo decir que está chido ser irreverente y luego andar por ahí diciendo que ésa u otra señora están locas. Me dejo sentir: dejo sentir la confusión, el miedo, la angustia y todas esas cosas oscuras que comúnmente se recomienda no sentir. Y me dejo hablar y decir cosas públicamente, porque creo que el discurso público es importantísimo en la construcción de sociedades igualitarias y libres que buscan la verdad. Me equivoco muchas veces. Sé que no me equivoco más que la mayoría de las personas, pero también sé que yo lo digo y otros no y que se nota más. Creo que hay que conservar los errores en vez de eliminarlos como si nunca hubieran existido, porque, contrario a esa sociedad del 2015, no creo en la construcción de subjetividades perfectamente exitosas, es una contradicción en los términos. Soy paranoica, sí; en un sentido profundo todos somos paranoicos. Lacan por ejemplo hablaba de que el conocimiento humano es paranoico. Existe una paranoia neurótica y una paranoia psicótica. Por sobre todas estas determinaciones psicoanalíticas y filosóficas, tenemos además un Estado que espía, persigue, amenaza y desaparece, así que que me vengan con rollos de paranoia sin distinguir tipos de paranoia en pleno 2015 llevando a lo individual lo que es una crisis política, me rompe un chingo las bolas. Pero sí, lo admito: soy re paranoica. Y prefiero no andar por ahí haciendo como que no siento lo que siento ni pienso lo que pienso.

Además soy rara. No me gusta hablar de muchas cosas. Permanezco en silencio en fiestas y antros, y no bailo casi nunca y cuando lo hago, lo hago muy mal. No me molesta que otros hablen de otras cosas que a mí no me interesan (a veces las personas me dicen que seguramente yo estoy pensando que ellas están diciendo puras pendejadas, pero no es así, no me la paso pensando que los demás están diciendo pendejadas y ni siquiera creo que eso es una pendejada, creo que tienen la especulación muy al aire, eso es todo), pero no voy a hablar por hablar tampoco. Y soy muy intensa discutiendo, cosa que no le está permitido a las mujeres de mi época. Muchas veces me han acusado de ser grosera y agresiva sólo por decir lo que verdaderamente pienso y decirlo de manera firme. Tipo: estás mintiendo. O tipo: lo que dices no tiene ninguna lógica. O me dicen que no grite cuando, desde mi punto de vista, simplemente estoy hablando fuerte. Y me caga que me interrumpan, cuando me interrumpen y me contestan además cualquier cosa que no tiene que ver con el hilo lógico argumentativo, la cosa empieza a pudrirse. Fíjense que es muy fácil llamarme loca en esos momentos. Aunque yo juro que son todos los demás los que deben estar locos.

No escucho otras voces en mi cabeza que no sea mi propio pensamiento o mi angustia, aunque me pregunto algunas cosas que parecen de ciencia ficción como si sería posible implantar un chip que te haga escuchar voces. Tampoco me masturbo en público ni le hablo a gente que otros no ven, ni acelero el coche a mitad de Periférico pensando que alguien me persigue. Rompo vasos cuando me enojo, sí. Y me pongo muy agresiva, pero nunca le he hecho daño a nadie. Ni soy sádica con los animales. Ni siquiera me gusta terminar mal las conversaciones ni soy de esas personas que se va dando un portazo después de proferir algunos gritos o de las que cuelgan el teléfono para reprimir el derecho de réplica del otro.

Lo que pasa es que soy muy intensa siguiendo los recorridos últimos del hilo de la conversación, si quieren llamarlo así. Yo simplemente digo que quiero aclarar el tema y hablar libremente.

Respecto a quienes escuchan voces y se masturban en público, me preocupa que en este mundo de mierda no estén hallando la contención que necesitan. La gente responde de manera distinta a las presiones de este mundo. Hay gente que escucha voces, hay gente que tiene síndrome de down, hay gente que carga consigo las reminiscencias de los abusos sexuales o económicos; supérenlo. La inteligencia, el respeto y el amor poco tienen que ver con eso. Hablarle a una persona que otros no ven no es una falta de respeto. Masturbarse en público no es una falta de respeto, sino un volcán en erupción de las placas tectónicas morales de este mundo.

Lo que todo mundo se merece son las mejores condiciones para poder ser amable y respetuoso. Si una persona vive sometida a la violencia social, le estamos acortando el espacio donde podría mostrar una mejor cara de sí misma.

Muchas veces me he preguntado si soy psicótica funcional. Los psicólogos con los que he ido opinan que no, pero todos sabemos que pueden haberse equivocado.

Por lo demás: a veces me entra un hambre atroz en la madrugada y a veces no tengo hambre o no puedo dormir o hablo dormida.

Yo no creo que esté loca, honestamente. La sola palabra “loca” me hace ruido: nadie lo está. Los locos, digamos, tienen muchas razones para decir lo que dicen. Además no me convence tanto que haya tipos de locura, creo que hasta los locos se hacen a sí mismos encajar en tipos de locura para ceder en algo con la sociedad. Habría tantas locuras como humanos en este mundo. Por lo menos en potencia.

Es con la violencia ejercida hacia otros, sea psicótica, neurótica o perversa, con la que tengo problema.

Pero por supuesto que estoy loca. Si estar loca es tener una línea de pensamiento que sale disparada fuera de la órbita de la inercia del pensamiento común, yo estoy loca muchas veces. Aunque admito que otros me ganan en eso.

Lo que pasa es que la gente le tiene miedo a quienes sostienen fuerzas que están siendo reprimidas. Y pasa que son unos ignorantes del psicoanálisis lacaniano, además.

Creo que es todo. Aunque quizás tenga algo más que decir al respecto que se me haya olvidado.

No hay comentarios.: