1 sept 2015

Veo que otros siguen trabajando en sus cosas. Que no cambian su trabajo para adaptarlo a lo que está sucediendo en México, sino que siguen con la misma onda laboral que proyectaron antes de que se viniera todo esto.

Los veo hablar de obras de arte y de negocios. Como dije (antes, en otro post), no es que hablar de una cosa implique necesariamente que no se hable de lo que sucede en México. Se puede hablar de obras de arte y economía, y hablar de lo que ocurre en México. Pero el hecho empírico es que no es así.

Cuando los veo cómo avanzan en sus proyectos y hablan de ellos en redes sociales mientras paralelamente y sin que ustedes lo mencionen están desapareciendo gente, sacando a la gente de sus casas y territorios, haciendo fracking, mientras la gente está armada defendiéndose, y ustedes hablando de mónadas de luz que les iluminan únicamente a ustedes porque tampoco es que vayan a pasar a la historia, es decir, les iluminan a la luz de "el éxito social"; a mí, cuando veo estas cosas, con el trabajo que me cuesta sacar mi propio proyecto, con la "distracción" que significa para mí lo que está ocurriendo, con la impotencia de hacer algo al respecto de lo que ocurre, y con este sentimiento de sentirme entre dos paredes, entre una crítica que para mí no toca lo que hay que tocar y entre una sociedad que no habla de lo que ocurre, a mí me dan ganas de abandonar mi propio proyecto, de tirarlo a la basura.

Me pregunto para qué.

Pienso en todas las maneras que se puede distorsionar y olvidar.

Está Van Gogh por ejemplo. Justo tuiteé que hace falta abandonar un poco el rumbo personal e individual que cada quién traía y enfocarse en lo que está sucediendo,




y me subí a la recámara a ordenar el librero. Tengo la casa hecha un desastre. Es de brujas arreglar la casa cuando todo va mal. Rento un departamento amueblado, absolutamente amueblado: con discos, libros, ropa del dueño de la casa y hasta una pasta de aceitunas y media botella de vodka había cuando llegamos. Los libros, que no son míos, estaban un poco inclinados desde hacía tiempo y yo sé perfectamente que yo no trataría así a mis libros. Así que subí a arreglarlos, era algo que tenía pendiente desde hacía varias semanas. Me encontré las cartas a Theo.

Y recordé entonces lo de abandonar los proyectos personales. Por supuesto que me arrepentí. Pero por algo lo dije. Qué hubiera pasado si toda esta gente hubiera abandonado sus proyectos, tengo el librero lleno de proyectos personales. ¿Qué acaso mientras él pintaba no ocurrían desastres sociales en los que había que participar? Van Gogh vivió de 1853 a 1890. En 1871 ocurrió la comuna de París, donde tanta gente fue asesinada (para terminar con la comuna) a manos de gendarmes.

Sí pero, ¿cuántos Van Goghs africanos tenemos? ¿Cuántas pintoras tenemos que no sean europeas o gringas? ¿Cuántos de nuestros intelectuales cuya obra valoramos no pertenecen a las clases privilegiadas, céntricas, dominantes?

Pienso en toda la obra que se ha perdido. Pienso en cuántas mujeres en el mundo en la historia han trabajado en proyectos, en obras, que otros han destruido luego. Y que no sabemos, justamente porque las destruyeron.

Pienso en África, en todo lo que no es el centro.

Me pregunto qué es capaz de valorar mi sociedad.

Y por supuesto veo mi obra, mi mierdita de obra, que ni siquiera es capaz de hablar con seriedad o de moverse dentro de la trama de conceptos filosóficos apropiados para la filosofía, sino que es una obra muy pop, muy desechable. Muy cotidiana. Onda difusión del conocimiento.

Y me pregunto si es necesario.

Cada pequeña cosa que cada quien tiene que aportar es interesante... en una sociedad que la valore.

¿Qué clase de valores son los de una sociedad que, mientras desaparecen gente y otros se levantan en armas para defenderse, no levanta la vista de su milimétrico estudio?

Entonces yo veo cómo vivimos en una sociedad en donde no avanzamos parejo, sino que, es lo que yo veo, como que unos se enciman sobre otros y los que sobresalen son los que tienen éxito. Los que tienen éxito son los que tienen dinero para continuar con su proyecto y otros se quedan abajo y no tienen dinero para continuar con su proyecto, y tienen que hacer otras cosas para vivir y ocupar su tiempo en otras cosas. El trabajo cotidiano en una oficina te cambia la cabeza, no puedes esperar comerte toda esa mierda y seguir al 100% para trabajar en tu proyecto de libertad, tu proyecto neceasriamente se va adaptando a esas reglas capitalistas y acaba quizá funcionando para él. Para acceder a ese pequeño espacio en donde tienes dinero y tiempo para trabajar en tus cosas, tienes que destacar. Tienes que cumplir ciertas reglas, sacar buenas calificaciones, escribir cosas que agraden a los que deciden, mantener cierta imagen pública... Y veo que la gente se dedica a eso, mientras en la otra mano hay gente muriendo. Literalmente. Y a mí me dan ganas de renunciar.

Y, Y, Y.

De dejarles en la mesa mi proyecto en un folder. Y además tengo la sensación de que van a decir ¿Qué mierda es esto?, y la van a tirar. De que para que la cosa no sea una mierda uno tiene que defenderla ante las mismas personas cuyo criterio es no decir nada sobre lo que está ocurriendo. Entonces muchas ganas no me dan.

Sucede que tampoco puedo sentarme a trabajar en mi proyecto. Tengo la necesidad de estar al pendiente de las noticias, que son infernales por la cantidad de ellas y la poca calidad que tienen. Tengo la necesidad de registrarlas.

Siento que no puedo hacer otra cosa. Me paso el día mirando el TL de Twitter y acechando las notas de violencia política.

El Twitter es una línea vertical y conforme van entrando tuits, los tuits van bajando. Algunos tuits tienen links. Algunos son notas de agencias de noticias, otras son denuncias ciudadanas, otras son imágenes, otras son ideas. Algunas ideas son perturbadoras.

Todo eso está funcionando en la sociedad. Un comentario, una imagen, una denuncia, activa algo así como un encadenamiento de ideas. Luego el tuit se olvida, el comentario concreto se olvida, pero queda la idea. Y sigue funcionando. Y se crea todo un imaginario. La gente crea monstruos e ideas y luego como se pierde lo que verdaderamente se dijo, no hay manera de confrontar esa especulación y de eliminar los monstruos que no nos sirven. Por eso creo que tengo que registrarlo. Para poder analizar después qué fue lo que ocurrió. Cómo se dijo.

Como además tengo miedo, duermo en la tarde.

Cuando me levanto voy directamente a mirar qué fue lo que ocurrió mientras dormía. No quiero ni mirar pero no puedo hacer otra cosa.

Me angustia todo lo que no estoy sabiendo que ocurre.

Así como antes me iba a dormir esperando que los conceptos se acomodaran, ahora me voy a dormir esperando que se aclare mi mente para saber cómo ordenar mejor las noticias, qué noticias poner y cuáles no, cómo diseñar el código para que sea más legible.

Mientras hago esto se me ocurren explicaciones didácticas de qué es lo que ocurre, pero son fragmentarias y muchísimas y se me desbordan. No puedo juntarlas en un texto. Escribo un montón de notas y ni siquiera tomo nota de todo lo que debo tomar nota. Tengo notas por todas partes. Inconexas.

Siento la necesidad de estar acechando las noticias. No despego los ojos del Twitter. Abro 4 ventanas en el explorador y todas las lleno de pestañas sobre lo que ocurre en todas partes del mundo.

No desdeño las notas repetidas. Las agencias de noticias se repiten entre ellas. Guardo todas las repeticiones y escuadriño las diferencias, los tonos. Trato de entender qué pasa.

A veces paso el día ordenando los links que guardo en mi computadora.

A veces me entra una angustia incontrolable de que le pase algo a mi computadora.

Los backups que hago están todos desordenados. Y además cada uno de ellos puede eliminarse. Así sucede con l información digital. Compré una carpeta con anillos, un paquete de 500 hojas y una perforadora. Eso después de haber comprado 5 libretas y de llenarlas con toda clase de datos y mapas.

Y mientras hago todo eso, veo que me quedo atrás en la competencia de los cangrejos que se suben uno arriba del otro. Y no logro encontrar la conexión entre esos trabajos y las violaciones de derechos humanos que se están cometiendo.

Así que tengo un proyecto, que más o menos voy trabajando, pero es muy difícil concentrarme, y me pregunto si tiene posibilidades de ser leído y además sé que no es importante. Y me dan ganas de abandonarlo. Y es muy triste porque aunque es pequeñito es todo lo que tengo. Me pregunto si voy a trabajar en un call center toda mi vida, después de que se arruine mi computadora, alguien borre mi blog y se pierda todo el registro de noticias que por supuesto no recuerdo porque tengo una memoria de chorlito.

Y ya con todo esto que está ocurriendo, cuando termine, sea como sea que termine, igual no quiero saber nada de nadie. Va a ser difícil en 20 años mantener las relaciones personales sabiendo que en este tiempo nunca te oí decir nada respecto a lo que sucede.

Un disgusto por la vida y la sociedad en general.

No sé, en una de ésas un día me fumo un porro y termino esa tesis. Lo he dicho desde hace 5 años, lo mismo. Pero será un capricho personal. Como una de esas bolsas de aire con un saco de arena en el piso que rebotan cuando les pegas. Como si me hubiera tardado años en pegarle a ese maldito bop bag sin atinarle, dando puñetazos al aire. Un día le atino finalmente, le meto un patadón y me voy. O quizá nunca lo haga.

No puedo desprenderme del seguimiento y registro de noticias. Al punto en que veo que el resto de mi vida desaparece y empiezo a admitir que esto es como lo último para hacer. No entiendo muy bien cómo va a seguir mi vida después, cuando ya no sea necesario seguir y registrar las noticias. Y sin embargo no puedo despegarme.

Lo hago, me despego, no enciendo la computadora, salgo a dar una vuelta.

Y mientras estoy afuera hablando de banalidades no dejo de pensar que lo importante es otra cosa.

Quisiera hablar de lo que sucede con la gente, de lo que pasa en Siria, en Palestina. No se profundiza mucho sobre el tema. Si está en las noticias, se habla lo que se dice en los medios, se repiten frases. Es tan dramático el tema que no se permite cuestionarlo mucho. Se tiene miedo al engaño y se prefiere no escuchar otros rumbos del pensamiento. Y cuando no está en las noticias, no se habla. Hay que ser alegres, hablar de otras cosas.

No me concentro mucho. No me alegra evitar el tema.

Vivo una muerte pequeñita mientras temo que algo grave me ocurra por hacer lo que hago.

Me pregunto si tiene sentido hacer lo que hago. Sé que lo tiene, pero no tiene caso si otros no reconocen el sentido y el blog pueden borrarlo antes de que otros reconozcan el sentido que tiene. O pienso que a lo mejor me equivoco.

Entonces no sé. Y si abandono esta cosa de perseguir noticias, ¿qué hago? Ya es muy tarde para otras cosas. Y el mundo en que vivimos es muy extremo con sus posibilidades laborales.

No tendría ningún problema en irme a vivir al bosque. A cultivar mis perejiles y a leer todo lo que quiero leer. Supongo que eso estoy esperando. No sé cómo porque hay que tener un terreno para hacer eso, pero cosas impensables ocurren.

1 comentario:

Fernanda Martínez dijo...
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